Super Niño: Mendoza prepara a las escuelas para actuar ante inundaciones y crecidas repentinas

Defensa Civil explicó cómo deben protegerse los alumnos durante una emergencia hídrica, por qué no siempre es conveniente evacuar y qué medidas deben adoptar las instituciones para evitar situaciones de riesgo.

SOCIEDAD

10/29/20264 min read

El avance de los escenarios climáticos extremos obliga a Mendoza a reforzar sus estrategias de prevención. En ese contexto, las escuelas comenzaron a incorporar simulacros específicos para responder ante inundaciones, una amenaza que requiere procedimientos diferentes de los que se aplican frente a un movimiento sísmico.

La principal recomendación es clara: si una tormenta provoca anegamientos y pone en riesgo la circulación por las calles, la prioridad es resguardar a los estudiantes dentro del establecimiento y trasladarlos a un sector seguro, en lugar de ordenar una evacuación hacia el exterior sin evaluar las condiciones.

Así lo explicó Daniel Burrieza, director de Defensa Civil de Mendoza, durante un ejercicio preventivo realizado en la escuela P-100 Marcelino Champagnat, ubicada en Las Heras. La actividad contempló una tormenta de rápida evolución, capaz de acumular entre 40 y 50 centímetros de agua y generar una situación de emergencia para toda la comunidad educativa.

El funcionario advirtió que los espacios considerados seguros durante un terremoto no necesariamente ofrecen protección ante una inundación. Por eso, cada establecimiento debe contar con procedimientos adaptados a los distintos fenómenos naturales y preparar a docentes, alumnos y personal auxiliar para actuar correctamente.

Por qué salir de la escuela puede aumentar el peligro

Los protocolos de emergencia no son iguales para todas las amenazas. Ante un sismo, la evacuación ordenada hacia un espacio abierto permite alejar a las personas de edificios que podrían sufrir daños estructurales. Frente a una inundación, en cambio, abandonar el establecimiento puede exponerlas a calles cubiertas de agua, corrientes peligrosas y sectores donde resulta imposible circular con seguridad.

Por esa razón, cuando el agua comienza a ingresar o existe riesgo de anegamiento, las autoridades deben evaluar las condiciones del edificio y disponer el traslado de los estudiantes hacia sectores elevados.

En las escuelas que cuentan con una planta alta, ese espacio puede funcionar como área de resguardo. En aquellas que no tienen esa posibilidad, las medidas deben ajustarse a las características de la construcción y a las indicaciones establecidas en el plan de contingencia. Durante el simulacro se contemplaron alternativas como subir a los pupitres para alejarse del nivel del agua.

Otra acción fundamental es prevenir los accidentes eléctricos. Si el agua ingresa al establecimiento, debe interrumpirse el suministro eléctrico cuando sea seguro hacerlo y siguiendo las indicaciones del personal capacitado. También pueden resultar necesarios los cortes preventivos de gas y agua, de acuerdo con las características de la emergencia.

La prevención, además, comienza antes de que se produzca la inundación. Mantener medicamentos, alimentos, ropa y artefactos eléctricos en lugares elevados ayuda a reducir las pérdidas y evita que estos elementos entren en contacto con el agua.

Cómo se organizará la comunicación con las familias

Uno de los aspectos más delicados de una emergencia escolar es la llegada de los padres para retirar a sus hijos. Aunque la reacción inmediata de las familias suele ser acercarse al establecimiento, hacerlo en medio de calles inundadas puede incrementar los riesgos y dificultar el trabajo de los equipos de asistencia.

Por eso, el protocolo contempla activar un sistema de comunicación para informar a los responsables de los alumnos sobre la situación y las medidas adoptadas. La prioridad será confirmar que los chicos se encuentran protegidos y transmitir instrucciones claras sobre cuándo y cómo podrán ser retirados.

Las llamadas telefónicas tendrán un papel central, mientras que las redes sociales podrán complementar la difusión de información oficial.

La anticipación también será determinante. Cuando los pronósticos adviertan sobre lluvias intensas y existan dificultades de acceso a determinados establecimientos, las autoridades podrán evaluar la suspensión preventiva de las clases para evitar que alumnos y docentes deban desplazarse por zonas comprometidas.

Piedemonte y cauces aluvionales, entre los sectores más vulnerables

La prevención de inundaciones requiere identificar previamente los lugares donde el agua puede acumularse o avanzar con mayor velocidad. Según explicó Burrieza, Defensa Civil trabaja con mapas de riesgo que permiten reconocer áreas expuestas a lluvias intensas, crecidas y movimientos de suelo.

Entre los puntos que requieren especial atención se encuentran los terrenos bajos, los barrios próximos a cauces aluvionales y las zonas donde las características del suelo dificultan el drenaje natural.

El piedemonte mendocino representa uno de los espacios que demanda mayores cuidados. El crecimiento urbano sin una planificación adecuada y la impermeabilización del terreno pueden modificar el escurrimiento del agua, incrementar la velocidad de las corrientes y favorecer la acumulación en sectores poblados.

Frente a este panorama, las tareas de limpieza de cauces y la construcción de defensas forman parte de las acciones destinadas a disminuir la exposición de las comunidades ante las crecidas.

Los episodios recientes de calles anegadas y dificultades en la infraestructura vial, vinculados a las condiciones meteorológicas, volvieron a poner en evidencia la importancia de anticiparse a este tipo de fenómenos. En ese sentido, Burrieza sostuvo que la preparación debe permitir actuar antes de que la emergencia sorprenda a la población.

El impacto del Super Niño refuerza la necesidad de prevención

Las previsiones sobre el fenómeno conocido como Super Niño mantienen la atención de los organismos de emergencia por sus posibles efectos sobre las precipitaciones y la evolución de los cauces. Sin embargo, el impacto concreto dependerá de la intensidad, la distribución y la duración de las lluvias, además de las condiciones particulares de cada zona.

En Mendoza, donde las características del relieve pueden favorecer la formación de aluviones y crecidas repentinas, contar con protocolos actualizados resulta fundamental para reducir los riesgos.

Los simulacros escolares buscan precisamente convertir esas previsiones en acciones concretas. Saber dónde resguardarse, cómo interrumpir los servicios cuando corresponda, de qué manera comunicarse con las familias y cuándo evitar los desplazamientos puede marcar una diferencia durante una emergencia.

La principal enseñanza es que no existe una única respuesta válida para todos los fenómenos naturales. Así como ante un sismo puede ser necesario evacuar el edificio, frente a una inundación salir a la calle podría exponer a los estudiantes a un peligro mayor.

La capacitación, la planificación y la coordinación entre las escuelas, las familias y los organismos de emergencia serán claves para enfrentar las contingencias climáticas y proteger a la comunidad educativa mendocina.