San Rafael, ciudad universitaria: una oportunidad de Desarrollo - Por: Federico Zamarbide

Ser una ciudad universitaria no consiste solamente en reunir carreras. Significa ofrecer condiciones para que los jóvenes puedan estudiar, vivir, trabajar y desarrollar sus proyectos.

SOCIEDAD

10/14/20263 min read

San Rafael puede fortalecer su posición como polo universitario y convertir la educación superior en un motor de desarrollo. No partimos de cero: contamos con instituciones, docentes y capacidades construidas durante décadas. El desafío es articularla en un proyecto compartido, con objetivos concretos y continuidad en el tiempo.

Ser una ciudad universitaria no consiste solamente en reunir carreras. Significa ofrecer condiciones para que los jóvenes puedan estudiar, vivir, trabajar y desarrollar sus proyectos. También implica vincular la formación con las necesidades de las empresas y del territorio. La educación puede formar parte de una estrategia económica, además de cumplir su función académica.

Villa María, Córdoba, ofrece una experiencia para observar. Su proyecto de ciudad universitaria anunció la meta de superar los 30.000 estudiantes en 2030. El convenio entre el municipio y la Universidad Siglo 21 para construir un campus en el Parque Industrial y Tecnológico muestra una herramienta concreta: coordinar educación, gobierno local y desarrollo productivo. No se trata de copiar una cifra, sino de aprender de esa articulación.

San Rafael podría organizar una mesa permanente entre universidades, institutos superiores, municipio y sector privado, que no se reúna sólo para coordinar las ofertas educativas. Su primera tarea debería ser construir un diagnóstico común: cuántos estudiantes tenemos, de dónde vienen, qué dificultades encuentran y qué capacidades necesitan nuestras actividades productivas. Hace unos años realicé, desde la Cámara de Comercio, un trabajo que puede servir como antecedente. Luego, acordar una agenda de carreras, prácticas profesionales e investigación aplicada a nuestra economía local.

Esa coordinación permitiría trabajar sobre la industria del conocimiento. En lugar de pensar la educación y la producción como ámbitos separados, podríamos impulsar proyectos vinculados con la agroindustria, el turismo, la gestión del agua y los servicios tecnológicos. La prioridad debería surgir del diagnóstico, no de una lista de actividades de moda.

En ese camino, también es importante reimpulsar el Polo Tecnológico de San Rafael y avanzar en la creación de un Parque Tecnológico que vincule la formación académica con la innovación y la actividad productiva. Para lograrlo, necesitamos que el Estado, las universidades y las empresas trabajen juntos, porque el desarrollo surge cuando el conocimiento, las decisiones públicas y la iniciativa privada logran complementarse. No alcanza con formar profesionales si después no encuentran en nuestra región oportunidades para desarrollar sus capacidades, impulsar emprendimientos o crear empresas. El desafío es construir las condiciones para que esas capacidades se transformen en innovación, empleo y nuevas oportunidades de desarrollo para San Rafael.

Hay, además, una dimensión inmediata que merece planificación: la vivienda. Si buscamos atraer estudiantes, necesitamos prever dónde vivirán. Una estrategia posible es incentivar departamentos de dos dormitorios y edificios de baja altura, en sectores con infraestructura y transporte. Son unidades que pueden alojar estudiantes y también responder a las necesidades de familias. El programa debería ampliar la oferta residencial, no limitarse a un único público.

Reducir tasas municipales puede ayudar, es sólo algo simbólico. Hace falta estudiar convenios con entidades financieras para pequeños propietarios que quieran construir una unidad destinada al alquiler. Podrían combinarse créditos por etapas, asistencia técnica y planos orientativos. También evaluar garantías parciales o bonificaciones de intereses, con límites presupuestarios y criterios públicos. Esto tendría un impacto inmediato en la construcción, con la consecuente generación de empleo y derrame económico en el corto plazo.

La propuesta debe complementarse con un esquema voluntario de descuentos para estudiantes que residan en el departamento, mediante acuerdos con comercios, transporte, gimnasios y actividades culturales y deportivas. Los beneficios deberían tener condiciones claras de acreditación y financiamiento, sin trasladar obligaciones indefinidas a los participantes.

El municipio no necesita conducir las universidades ni sustituir a los bancos. Puede convocar, ordenar información, facilitar trámites y coordinar esfuerzos. El desafío es construir una agenda compartida que permita aprovechar las capacidades educativas que San Rafael ya tiene y transformarlas en más oportunidades de formación, empleo, inversión y vivienda.

Pensar a San Rafael como ciudad universitaria es, en definitiva, pensar cómo queremos que se desarrolle nuestra región en los próximos años. Para avanzar, necesitamos instituciones dispuestas a trabajar en conjunto, objetivos verificables y una planificación que trascienda las iniciativas aisladas.

Gentileza: 

Federico Zamarbide - Mg. en Gestión y Planificación  de Ciudades - UBA

sanrafaelinosporelfuturo - sanrafaelinosxelfuturo@gmail.com