Reivindicación para Camila - Por: Beatriz Genchi

Camila O’Gorman y el cura Uladislao Gutiérrez son un eterno recordatorio de las proezas impulsadas por el amor. Su corto romance se mantiene vigente a pesar del intento de esconderlo detrás de la vergüenza.

CULTURA

10/26/20264 min read

Hay ahora, un proyecto de su sobrina chozna, Pilar O’Gorman, que podría marcar un hito en la historia.

Camila O’Gorman fue una joven de la alta sociedad porteña que, en pleno siglo XIX, desafió las normas religiosas, sociales y políticas de su tiempo al fugarse con un sacerdote tucumano, Uladislao Gutiérrez.

Su historia de amor prohibido terminó en tragedia: ambos fueron fusilados por orden de Juan Manuel de Rosas en 1848.

Camila, la hija menor de Adolfo O’Gorman y Joaquina Ximénez Pinto, nació el 9 de julio de 1825. Creció en una familia distinguida y murió en 1848. Pero el misterio alrededor de sus restos todavía no está del todo claro.

El 3 de septiembre de 1852, cuatro años después de ser fusilada junto al sacerdote Uladislao Gutiérrez por orden de Juan Manuel de Rosas, los restos de Camila fueron depositados en la bóveda que pertenecía a su hermano Enrique, en el Cementerio de la Recoleta. Así lo confirma el historiador Héctor De Arriba, autor de cuatro libros sobre este hecho: “Entraron en la bóveda ‘Familias O’Gorman e Isla’. Eso figura en el libro de inhumaciones de ese año”.

Pero, desde 1987, la tumba quedó en abandono. El techo colapsó y las filtraciones estropearon el subsuelo. “Cuando abrimos la bóveda en 2024, había cajones, restos óseos. Hay al menos ocho personas” sin identificar, entre las que se encuentran los restos de Camila, cuenta Pilar O’Gorman.

Desde 2022, Pilar, descendiente de Enrique y fotógrafa de profesión, comenzó este proyecto de reivindicación y logró que las autoridades del Cementerio de la Recoleta restauraran la bóveda. Además, está redactando un proyecto con los asesores del Congreso que presentará para que se debata declararlo punto de interés turístico, y el año pasado presentó un proyecto de mecenazgo en la Legislatura porteña para financiar su mantenimiento.

Entre los detalles que se conservaron de la historia de Camila, se encuentran dos collares hechos con su cabello. Uno, hecho como una trenza y adornado con un dije de oro, está a resguardo en la reserva del Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, en Luján. El otro está en Corrientes.

Según Héctor De Arriba, el primer collar fue donado por Carlos Rodríguez Lubary en 1930 con una carta escrita donde detallaba que la joya fue un regalo para el capitán Tomás Lubary, quien transportó en su embarcación a la pareja desde Goya a Buenos Aires después de que fueron detenidos. El segundo collar, más grueso, pero también con detalles de oro, fue un regalo “a la familia Baibiene en agradecimiento”, ya que Camila y el cura tuvieron que permanecer en su casa antes de ser trasladados.

El joven Uladislao conocía a Eduardo, también cura y hermano de Camila. Y cuando la dama de familia distinguida vio al sacerdote tucumano en la parroquia Nuestra Señora del Socorro, se enamoraron.

Sin renunciar al sacerdocio, Uladislao dejó la Iglesia para escapar con Camila a Corrientes, sin casarse y, como si todo esto no fuese un hecho grave, se descubrió que el cura había retirado el dinero de las ofrendas para escapar.

Ambos se cambiaron el nombre y lograron vivir un año en una aparente tranquilidad en Goya, Corrientes, mientras trabajaban como maestros y hasta habían creado una escuelita en su casa. Pero Rosas les había ordenado a todos los gobernadores que los buscaran y mandó notificaciones con sus características físicas. Era un pedido de captura, y cuando el sacerdote Miguel Gannon reveló sus identidades, comenzó el fin.

Manuelita Rosas, hija del gobernador y amiga de Camila, intentó intervenir, pero su padre era implacable. El 18 de agosto de 1848, a las 10 de la mañana, Camila y Uladislao fueron ejecutados en el campamento militar de los Santos Lugares de Rosas, partido General de San Martín, Buenos Aires.

Según las memorias de Antonino Reyes, edecán de Rosas, los cuerpos fueron colocados en un solo cajón de rifles, separados por un tablón. Fueron sepultados sin identificación, cual reos, en la antigua iglesia de Jesús Amoroso, donde hoy se encuentra la Catedral de San Martín. Verónica González, guía de Turismo, profesora de Historia y miembro fundador de la Asociación Historiadores del Fondo de la Legua, explica que este tratamiento a los cuerpos también sirvió como escarmiento público.

Luego, el cuerpo de Camila fue retirado de esa iglesia, pero el cadáver del cura tuvo un destino incierto. De acuerdo con la investigación de Verónica González, los restos de Uladislao fueron trasladados al nuevo cementerio de General San Martín y enterrado, sin lápida ni identificación, en la Cruz Mayor en 1857.

Sin embargo, Pilar, su sobrina chozna, dice sentir que estaba “abandonando a alguien” cada vez que visitaba el panteón familiar, por lo que decidió trazarse esta meta tan importante para ella. “No solamente es una historia de amor. Yo siempre digo que el feminismo no es algo de ahora, sino que ella es una feminista de antes. Camila sabía lo que podía pasar si decidía hacer lo que hizo. Me parece que también es un ejemplo no solo de feminismo, sino también de libertad, de decidir ser feliz”, cierra.

Gentileza:

Beatriz Genchi

Museóloga – Gestora cultural.

bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut