Mendoza se prepara para una temporada hídrica con más agua tras un año de sequía

El pronóstico representa un cambio significativo respecto del escenario registrado durante el período anterior.

SOCIEDAD

10/2/20265 min read

La nueva proyección del Departamento General de Irrigación anticipa un ciclo hídrico 2026-2027 con aportes superiores a los registros históricos. Sin embargo, el escaso volumen almacenado en el dique Potrerillos plantea un desafío para garantizar una adecuada administración del recurso.

La cuenca del río Mendoza se prepara para una temporada hídrica con perspectivas favorables. De acuerdo con las estimaciones del Departamento General de Irrigación (DGI), el ciclo 2026-2027 podría alcanzar un derrame de 1.780 hectómetros cúbicos (hm³), una cifra que supera en aproximadamente un 29% el promedio histórico de 1.378 hm³.

El pronóstico representa un cambio significativo respecto del escenario registrado durante el período anterior. No obstante, la mayor disponibilidad de agua prevista para los próximos meses contrasta con la situación del embalse Potrerillos, cuyas reservas se encuentran en niveles extremadamente bajos.

Según los indicadores difundidos por Irrigación, el almacenamiento del dique presenta un índice de -2,36, lo que refleja las dificultades con las que comienza la nueva temporada. En este contexto, el desafío no será solamente contar con mayores aportes, sino también aprovecharlos para recuperar las reservas y sostener el abastecimiento a lo largo del año.

Un panorama diferente al de la temporada anterior

Los datos oficiales permiten observar la magnitud del cambio esperado. Para el ciclo 2025-2026, la previsión inicial de derrame de la cuenca del río Mendoza había sido de 845 hm³. Sin embargo, el volumen finalmente registrado alcanzó los 797 hm³, un resultado que ubicó a la cuenca dentro de una situación de sequía hidrológica severa.

Las perspectivas para el nuevo período son diferentes. Con una estimación de 1.780 hm³, los aportes alcanzarían el 129% de la media histórica, por lo que el organismo proyecta un año hidrológico húmedo, con características similares a las temporadas de 2023 y 2024.

El cambio en las condiciones previstas abre un escenario más favorable para la disponibilidad del recurso, especialmente después de un ciclo marcado por la escasez. Sin embargo, las autoridades advierten que el aumento de los caudales no elimina la necesidad de planificar cuidadosamente la distribución del agua.

La demanda de los distintos sectores, la evolución de los aportes cordilleranos y la capacidad de los embalses para almacenar el recurso serán factores determinantes para establecer cuánto volumen podrá destinarse efectivamente a los diferentes usos.

En relación con las perspectivas para este año, el director de Gestión Hídrica de Irrigación, Rubén Villodas, explicó: “Ha nevado más de la media de los valores históricos. Se espera una temporada húmeda en la mayoría de las cuencas, va a ser un buen año en cantidad de agua, a pesar de que venimos de un año muy malo”.

El desafío de administrar un recurso variable

Desde Irrigación también remarcan la importancia de considerar los volúmenes disponibles en función de las necesidades de cada sector y de las condiciones particulares de cada temporada.

El titular del organismo, Sergio Marinelli, hizo referencia a lo ocurrido durante el ciclo anterior y a la distribución del agua entre el consumo humano y las actividades agrícolas.

“A los 800 del año pasado le tenemos que restar los casi 300 del uso potable, quedan unos 500 para el agro con los cuales se regó bien y no hubo quejas. Pero cuando hay 1.000, quieren 1.000. Nosotros no vamos a mezquinar, pero lo importante es saber que esto no va a ser siempre así”, sostuvo.

Sus declaraciones ponen de relieve la necesidad de sostener una planificación que contemple tanto los años de abundancia como los períodos de escasez. En una provincia como Mendoza, donde el agua resulta fundamental para el consumo de la población y el desarrollo de la producción agrícola, la administración del recurso adquiere especial importancia.

Por eso, aunque las previsiones para 2026-2027 anticipan una mejora considerable, la disponibilidad efectiva dependerá de cómo se comporten los caudales y de la posibilidad de recuperar las reservas durante los meses de mayores aportes.

Diciembre, enero y febrero concentrarían los mayores aportes

El pronóstico hídrico también permite anticipar en qué momento del año se produciría el mayor ingreso de agua a la cuenca del río Mendoza.

Las estimaciones del DGI señalan que los principales aportes se concentrarían durante el verano, especialmente entre diciembre de 2026 y febrero de 2027, período asociado al deshielo cordillerano.

Para diciembre se proyecta un derrame de 300 hm³, mientras que en enero el volumen estimado ascendería a 320 hm³. En febrero, por su parte, se esperan otros 250 hm³.

Estos valores permitirán seguir de cerca la evolución de la temporada y evaluar si los aportes se ajustan a las previsiones realizadas por el organismo provincial.

Además, el monitoreo de las nevadas y de la acumulación de nieve en la cordillera constituye una herramienta central para anticipar el comportamiento de los ríos y ajustar la planificación del sistema de riego.

Potrerillos, el punto de atención

Pese a las perspectivas favorables para la cuenca, la situación del embalse Potrerillos representa uno de los principales aspectos a seguir durante los próximos meses.

Los relevamientos registran índices de nieve moderadamente abundantes en las estaciones Horcones y Toscas. Sin embargo, las reservas del dique fueron clasificadas como extremadamente bajas, una condición que refleja la diferencia entre los aportes que se esperan recibir y el volumen de agua que actualmente se encuentra almacenado.

Esta situación obliga a prestar especial atención al comportamiento del deshielo y a la capacidad de recuperación del embalse durante la temporada.

En consecuencia, el pronóstico de un año hidrológico húmedo constituye una perspectiva alentadora para Mendoza, pero no garantiza por sí solo que las reservas alcancen rápidamente niveles adecuados.

La evolución de los caudales, la recuperación de Potrerillos y las decisiones vinculadas con la distribución del agua serán determinantes para conocer el impacto real de la mejora hídrica sobre el consumo humano, el riego agrícola y las demás actividades que dependen de este recurso esencial para la provincia.