Los salarios no alcanzan: crece el endeudamiento y cada vez más familias llegan sin dinero a fin de mes
La desaceleración de la inflación todavía no se refleja en una mejora suficiente de la economía cotidiana de millones de argentinos. Los ingresos pierden capacidad de compra, el ahorro queda fuera del alcance de numerosos hogares y el crédito se convierte en una herramienta para afrontar gastos esenciales
ECONOMÍA
10/19/20269 min read


Distintos estudios de opinión coinciden en que la recuperación salarial y la generación de empleo ganan terreno frente a la estabilidad de precios como principales demandas sociales.
La economía argentina enfrenta una contradicción que se hace cada vez más visible: aunque el ritmo de aumento de los precios se haya moderado, una parte importante de la población continúa teniendo dificultades para cubrir sus necesidades básicas. El problema ya no pasa solamente por cuánto cuestan los productos y servicios, sino también por cuánto duran los ingresos y qué recursos quedan disponibles para llegar al siguiente cobro.
Los resultados de diferentes encuestas realizadas durante los últimos meses reflejan un escenario de preocupación. La pérdida de poder adquisitivo, las dificultades laborales y el endeudamiento aparecen entre los principales problemas de los hogares, mientras crecen las dudas sobre el rumbo económico del Gobierno nacional.
Un informe del Monitor de Opinión Pública (MOP), elaborado por Zentrix Consultora y correspondiente a septiembre, expone la magnitud de estas dificultades. El relevamiento indica que el 72% de los menores de 40 años se queda sin dinero, como máximo, el día 20 de cada mes. Además, el 60,9% de las personas de ese grupo etario contrajo deudas durante los seis meses anteriores.
En el conjunto de la población, el 56,2% manifestó haberse endeudado en ese período, mientras que el 81,8% considera que sus ingresos no logran superar la inflación.
Las conclusiones de otros estudios van en la misma dirección. Una encuesta de Hugo Haime y Asociados señala que el 76% de los consultados prefiere que la administración de Javier Milei concentre sus esfuerzos en mejorar los ingresos antes que en sostener la política antiinflacionaria. Por su parte, un trabajo de Analogías muestra que el 65,6% se inclina por un programa económico que priorice los salarios y el empleo, frente al 27,1% que considera más importante mantener la estabilidad de precios.
Cada vez menos margen para llegar a fin de mes
Los datos de Zentrix permiten dimensionar las dificultades que enfrentan las familias al analizar en qué momento del mes se quedan sin dinero.
Casi cuatro de cada diez encuestados no consiguen superar la primera quincena con sus ingresos, mientras que apenas el 34% logra cubrir sus gastos hasta el último día del mes. La posibilidad de ahorrar también resulta limitada: solamente el 9,8% de la población afirma que puede reservar una parte de su dinero.
La situación se agrava entre los jóvenes y adultos menores de 40 años. En ese segmento, el 72% se queda sin recursos disponibles antes de finalizar la tercera semana del mes y apenas el 3% consigue ahorrar.
La falta de reservas económicas deja a estos hogares en una posición vulnerable frente a cualquier imprevisto. Un gasto médico, una reparación o un aumento en las facturas de los servicios puede obligarlos a recurrir a préstamos, tarjetas de crédito u otras formas de financiamiento para cubrir necesidades que deberían solventarse con sus ingresos habituales.
Las diferencias también son marcadas según el nivel socioeconómico. Entre los sectores de menores recursos, el 59,6% se queda sin dinero antes del día 15 y el 83,3% no consigue llegar al día 20. En ese grupo, apenas el 0,9% tiene capacidad de ahorro.
En la clase media, el 51,4% declara quedarse sin dinero antes de terminar el mes. En cambio, entre los sectores de mayores ingresos, esa proporción baja al 20%, mientras que el 61,9% consigue ahorrar.
Estas cifras muestran que la crisis del poder adquisitivo no impacta de la misma manera en toda la sociedad. Las familias con menores ingresos disponen de menos herramientas para enfrentar los aumentos y tienen escasas posibilidades de compensar una caída salarial. La clase media, por su parte, también experimenta dificultades para sostener su nivel de vida y afrontar los gastos corrientes.
El relevamiento agrega otro dato significativo: el 81,8% de los consultados considera que su salario pierde frente a la inflación. Esa percepción se mantuvo por encima del 81% desde marzo y llegó al 87,4% en julio.
Aunque se trata de una evaluación subjetiva de los encuestados y no de una medición directa de la evolución del salario real, la persistencia de estos resultados refleja el peso que tiene la pérdida de capacidad de compra en la vida cotidiana.
El crédito se utiliza para cubrir necesidades básicas
El endeudamiento se convirtió en una de las respuestas más frecuentes frente a la insuficiencia de los ingresos. Sin embargo, los motivos por los que las familias recurren al crédito revelan una situación especialmente preocupante.
Según el informe de Zentrix, el 56,2% de los argentinos contrajo deudas durante los seis meses previos al relevamiento. Entre quienes lo hicieron, el 55,1% destinó el dinero a gastos esenciales, como alimentos y salud, mientras que el 21,3% lo utilizó para pagar tarifas y servicios.
En tanto, apenas el 11,8% recurrió al financiamiento para comprar bienes durables.
La composición del endeudamiento permite advertir una diferencia importante entre utilizar el crédito para adquirir un producto y hacerlo para cubrir necesidades básicas. Cuando una familia debe financiar alimentos, medicamentos o facturas de servicios, el préstamo deja de ser una herramienta para anticipar un consumo y pasa a funcionar como un recurso para compensar ingresos que no alcanzan.
La situación vuelve a mostrar fuertes diferencias sociales. En los sectores de menores recursos, el 68,1% se endeudó durante los seis meses analizados. Entre quienes tomaron deuda, el 65,5% utilizó el dinero para afrontar gastos básicos.
En los sectores de mayores ingresos, en cambio, el 36,5% manifestó haberse endeudado. Dentro de ese grupo, el 63,4% destinó el financiamiento a la compra de bienes durables.
La clase media presenta un panorama intermedio: el 47,1% contrajo deudas y el 45,6% de quienes lo hicieron recurrió al crédito para cubrir gastos esenciales. Además, el 29% lo utilizó para pagar tarifas y servicios, una proporción superior a la registrada entre los otros dos estratos sociales.
El problema no se limita, por lo tanto, al nivel de ingresos, sino también a la capacidad de afrontar los compromisos mensuales sin depender de nuevas deudas.
La recuperación salarial gana terreno frente a la lucha contra la inflación
La preocupación por los ingresos también aparece en las preferencias que los ciudadanos expresan sobre las prioridades de la política económica.
Un relevamiento de Hugo Haime y Asociados encontró que el 76% de los consultados considera que el Gobierno debería dar prioridad a la recuperación de los ingresos, por encima de mantener su estrategia de combate a la inflación. Solo el 22% eligió esta última alternativa.
Los bajos salarios aparecen entre las principales preocupaciones personales y también figuran entre los problemas económicos más importantes del país. La inflación continúa presente, pero comparte protagonismo con las dificultades para cubrir los gastos y la incertidumbre sobre el empleo.
El estudio refleja, además, que la percepción sobre los precios no necesariamente se traduce en una mejora de las condiciones de vida. El 53% de los encuestados considera que el Gobierno no logra controlar la inflación y que, al mismo tiempo, el dinero no alcanza. Otro 33% sostiene que los precios están controlados, pero igualmente afirma que sus ingresos son insuficientes.
La diferencia resulta significativa: incluso entre quienes reconocen una posible desaceleración inflacionaria, persiste la sensación de que el salario no permite sostener los gastos habituales.
Esto ocurre porque una reducción en el ritmo de los aumentos no significa que los precios bajen. Los productos y servicios pueden continuar encareciéndose, aunque a una velocidad menor, mientras los ingresos siguen rezagados o resultan insuficientes para cubrir las necesidades familiares.
Las expectativas económicas tampoco ofrecen señales alentadoras. El 52% de los consultados considera que su situación personal será peor dentro de un año, mientras que el 34% espera una mejora.
En cuanto a la gestión de Javier Milei, la encuesta registró un 34% de aprobación y un 63% de desaprobación. Entre quienes votaron al actual presidente en el balotaje de 2023, el 29,7% manifestó sentirse decepcionado y consideró que el esfuerzo asociado al ajuste no está dando los resultados esperados. Entre los votantes de La Libertad Avanza en las elecciones legislativas de 2025, esa respuesta alcanzó el 22,8%.
Salarios y empleo, las prioridades que plantea la sociedad
Otro relevamiento de alcance nacional, realizado por Analogías entre el 5 y el 8 de septiembre sobre 2.932 casos en las 24 provincias, confirmó la importancia que adquirieron los ingresos y el mercado laboral en las demandas sociales.
Ante la posibilidad de elegir entre un programa económico enfocado en recuperar salarios y empleo o uno orientado principalmente a garantizar la estabilidad de precios, el 65,6% se inclinó por la primera opción. La defensa de la estabilidad reunió el 27,1%, mientras que el 7,3% no respondió o manifestó no tener una posición definida.
La diferencia de 38,5 puntos porcentuales evidencia una marcada preferencia por las políticas destinadas a mejorar los ingresos y las oportunidades laborales.
La tendencia atraviesa diferentes grupos etarios y niveles educativos. Entre las personas de 30 a 44 años, el respaldo a un programa que priorice salarios y empleo llegó al 74%.
El estudio también encontró que el 60,9% considera que su situación económica personal y familiar empeoró respecto del año anterior. A esto se suma que el 51,4% prevé un aumento del desempleo durante los próximos meses y el 40,4% cree que la inflación será mayor.
La evaluación de la política económica nacional también mostró un saldo desfavorable: el 59,2% desaprobó la gestión del Gobierno en esta materia, frente al 29,4% que la aprobó. Además, el 47,7% anticipó que la situación general del país será peor dentro de los próximos dos años.
Los resultados plantean un desafío para la estrategia oficial. Mientras el Gobierno presenta la desaceleración inflacionaria como uno de sus principales objetivos cumplidos, una amplia mayoría de los consultados reclama que esa estabilización tenga un correlato concreto en los salarios y el empleo.
La falta de trabajo y los bajos ingresos encabezan las preocupaciones
La importancia del mercado laboral también quedó reflejada en la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP), elaborada por la Universidad de San Andrés.
El estudio, realizado entre el 5 y el 11 de agosto de 2026 sobre una muestra de 1.000 adultos de todo el país, ubicó a la falta de trabajo como la principal preocupación, con el 39% de las respuestas. En segundo lugar aparecieron los bajos salarios, mencionados por el 36% de los participantes.
El resultado refuerza una tendencia observada en los demás relevamientos: las preocupaciones económicas ya no están vinculadas exclusivamente con la evolución de los precios, sino también con la posibilidad de conseguir empleo, conservarlo y contar con ingresos suficientes para afrontar los gastos cotidianos.
Si bien los estudios emplean metodologías, muestras y períodos diferentes, sus conclusiones coinciden en un punto central. Para una parte importante de la sociedad, la estabilización de los precios todavía no alcanza para generar una percepción favorable sobre la economía doméstica.
La preocupación por el empleo, además, tiene consecuencias que van más allá del ingreso mensual. La incertidumbre laboral limita las decisiones de consumo, dificulta la planificación familiar y reduce las posibilidades de asumir compromisos económicos a mediano y largo plazo.
La desaceleración inflacionaria todavía no se siente en el bolsillo
Los resultados de las encuestas ponen de manifiesto una diferencia fundamental para comprender el escenario económico: no es lo mismo que los precios aumenten más lentamente a que los ingresos alcancen para vivir mejor.
Cuando la inflación se desacelera, los precios continúan subiendo, aunque a un ritmo menor. Para que exista una recuperación efectiva del poder adquisitivo, los salarios deben evolucionar favorablemente frente a esos aumentos y alcanzar un nivel que permita cubrir los gastos esenciales sin recurrir permanentemente al crédito.
Los datos de Zentrix muestran que esa mejora todavía no es percibida por una parte considerable de la población. Más de ocho de cada diez encuestados consideran que sus ingresos pierden frente a la inflación, mientras que numerosos hogares declaran quedarse sin dinero antes de finalizar el mes.
A su vez, los relevamientos de Haime y Analogías reflejan que la recuperación salarial y el empleo se consolidaron como prioridades para la ciudadanía. La encuesta de la Universidad de San Andrés suma otra señal: la falta de trabajo y los bajos ingresos ocupan los primeros lugares entre las preocupaciones.
En este contexto, el principal desafío económico consiste en transformar la estabilización de los precios en una mejora concreta de las condiciones de vida. La reducción de la inflación puede representar un avance, pero sus efectos resultan limitados para las familias que siguen sin poder cubrir sus necesidades básicas, ahorrar o afrontar un imprevisto sin endeudarse.
Las encuestas no permiten determinar por sí solas la evolución efectiva del salario real, el consumo o el nivel de actividad económica. Para establecerlo, es necesario complementar estos resultados con indicadores oficiales de salarios, empleo, precios y ventas.
Sin embargo, ofrecen una radiografía de las preocupaciones sociales y de las expectativas sobre el rumbo económico. El mensaje que surge de los distintos estudios es claro: para una amplia mayoría de los hogares, la prioridad ya no es solamente frenar los aumentos, sino recuperar ingresos, sostener el empleo y volver a llegar a fin de mes sin depender de las deudas.
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