Las lluvias golpean el bolsillo de los mendocinos: fuertes aumentos en frutas y verduras

La papa, la cebolla, la calabaza y el pimiento rojo registraron importantes subas. Los problemas de cosecha, la menor disponibilidad de mercadería y las dificultades logísticas generan incertidumbre sobre la evolución de los precios.

SOCIEDAD

10/27/20265 min read

Las consecuencias de las lluvias y las inundaciones ya se reflejan en los precios de las frutas y verduras que se comercializan en Mendoza. Entre los productos que registraron los incrementos más pronunciados se encuentran la papa, la cebolla, la calabaza y el pimiento rojo, aunque las subas también alcanzaron al tomate, los zapallitos, las berenjenas y otras hortalizas.

La papa es uno de los casos más significativos. La bolsa, que anteriormente costaba entre $9.000 y $10.000, pasó a venderse por valores de entre $20.000 y $30.000, según la variedad. Este encarecimiento repercute en toda la cadena comercial y se traslada al consumidor, con precios minoristas que alcanzan los $3.000 por kilo.

La calabaza también experimentó una fuerte variación. Su bolsa llegó a los $60.000 durante la última semana, cuando habitualmente no superaba los $20.000. En las verdulerías, el kilo puede alcanzar los $6.000, lo que representa un incremento considerable para un producto de consumo cotidiano.

En el caso de la cebolla, el precio minorista llegó a los $3.000 por kilo. La diferencia resulta significativa si se compara con semanas anteriores, cuando era posible comprar dos kilos por aproximadamente ese mismo importe.

El pimiento rojo, en tanto, mostró una marcada volatilidad. En un período de apenas dos semanas, el cajón pasó de comercializarse entre $35.000 y $40.000 a alcanzar los $115.000. En otra referencia del mercado mayorista, su valor subió de $80.000 a $100.000 en un corto lapso.

El tomate también registró aumentos acelerados. El cajón pasó de $25.000 a $35.000 en apenas un día, en un contexto de complicaciones climáticas en las zonas productoras del Litoral. En las verdulerías mendocinas, el kilo de tomate perita ronda los $3.500.

Estas variaciones reflejan la sensibilidad del mercado de productos frescos frente a las alteraciones de la producción y el abastecimiento. Cuando disminuye la cantidad de mercadería disponible, los precios pueden subir rápidamente, especialmente en aquellos alimentos cuya conservación y transporte dependen de condiciones adecuadas.

Menor oferta y dificultades para llevar la producción al mercado

El impacto de las precipitaciones no se limita a los valores de venta. La acumulación de humedad, las inundaciones y las dificultades para ingresar a los campos pueden retrasar las cosechas, deteriorar los cultivos y complicar el traslado de la mercadería hacia los centros de distribución.

En el caso de los alimentos perecederos, estos inconvenientes pueden traducirse en pérdidas de calidad, mayores desperdicios y una reducción de la cantidad de productos aptos para la comercialización. La combinación de una oferta más limitada y dificultades logísticas genera presión sobre los precios tanto en los mercados mayoristas como en los comercios minoristas.

A este escenario se suma el cierre de los ciclos productivos locales, que obliga a Mendoza a depender en mayor medida de la mercadería proveniente de otras provincias. Sin embargo, las regiones proveedoras también pueden verse afectadas por las lluvias, lo que reduce las posibilidades de compensar rápidamente la menor producción local.

La disponibilidad de frutas de carozo presenta dificultades adicionales. Las heladas tardías, combinadas con las precipitaciones intensas, comprometen los volúmenes de producción y pueden provocar que llegue menos mercadería de la habitual al mercado. Esta situación también puede sostener los precios elevados durante un período prolongado.

Qué puede pasar con los precios en las próximas semanas

La evolución de los valores dependerá de la duración de las lluvias, de los daños ocasionados en las zonas productoras y de la rapidez con la que puedan normalizarse las tareas de cosecha y distribución.

Si las condiciones meteorológicas mejoran, algunos productos podrían recuperar gradualmente su nivel de abastecimiento y moderar sus precios. Sin embargo, el retorno a la normalidad no está garantizado de manera inmediata: los cultivos dañados, las pérdidas de producción y los problemas de transporte pueden mantener las dificultades incluso después de que cesen las precipitaciones.

Entre las verduras que también experimentaron aumentos se encuentran los zapallitos italianos, las berenjenas, los choclos y los pimientos verdes. No obstante, el comportamiento de los precios no es uniforme y algunos productos pueden registrar bajas cuando mejora su disponibilidad.

Los cítricos, por ejemplo, mantienen una mayor estabilidad relativa, mientras que la banana presenta valores más favorables después de los incrementos observados semanas atrás. Estas diferencias muestran que el impacto climático depende de las características de cada cultivo, su procedencia y las condiciones de abastecimiento.

Otro factor que incide en el mercado es el comportamiento de los productores frente a la incertidumbre. Cuando los costos y los riesgos superan las expectativas de rentabilidad, algunos agricultores pueden reducir la superficie sembrada o directamente dejar de producir determinados alimentos.

En el caso de la papa, una eventual disminución de la siembra podría repercutir sobre la oferta futura. La recuperación de los precios dependerá entonces no solo de la mejora del clima, sino también de las decisiones productivas que se tomen durante los próximos ciclos agrícolas.

El encarecimiento de los alimentos modifica el consumo

El aumento de las frutas y verduras también tiene consecuencias directas sobre los hábitos de compra. Frente a la pérdida de poder adquisitivo, las familias pueden reducir las cantidades que llevan, espaciar las compras o reemplazar los productos más caros por alternativas más accesibles.

Esta modificación del consumo se produce en un contexto en el que los alimentos frescos forman parte de la canasta cotidiana. Por eso, las subas pronunciadas de productos básicos como la papa y la cebolla tienen un efecto particular sobre el presupuesto familiar.

Al mismo tiempo, los comerciantes deben afrontar una situación compleja: comprar mercadería a precios más altos, asumir el riesgo de pérdidas por deterioro y tratar de mantener valores que sus clientes puedan pagar. La combinación de costos crecientes y una demanda condicionada por los ingresos dificulta la actividad comercial.

Las carnes también podrían recibir el impacto climático

Las consecuencias de las sequías y las inundaciones pueden extenderse a la producción de carne vacuna, pollo y cerdo, aunque los mecanismos que determinan sus costos son diferentes de los que afectan a las frutas y verduras.

En la ganadería vacuna, la falta de lluvias puede reducir la disponibilidad de pasturas y obligar a incrementar el gasto en alimentación. Por otro lado, las inundaciones pueden afectar los campos, dificultar el traslado de los animales y generar costos adicionales de logística.

En la producción avícola y porcina, uno de los principales componentes del costo es la alimentación balanceada, elaborada en gran medida con maíz y soja. Si los fenómenos climáticos afectan las cosechas o complican el transporte de estas materias primas, pueden aumentar los gastos de producción.

Sin embargo, el eventual traslado de esos incrementos a los precios finales depende también de otros factores, como la demanda, los costos de comercialización y la dinámica propia de cada sector.

Por el momento, el mercado de frutas y verduras de Mendoza ya evidencia las consecuencias de las dificultades productivas y logísticas. La continuidad de las lluvias, la disponibilidad de mercadería y la capacidad de recuperación de las zonas agrícolas serán determinantes para establecer si los aumentos se moderan o si la presión sobre los precios continúa durante las próximas semanas.