La repostería política - Por:. Beatriz Genchi

¡Argentina en Épocas turbulentas! Es el único país que llama a sus pasteles, galletas… "facturas", pues el gremio de pasteleros usó la palabra como forma ingeniosa de llamar la atención sobre el valor de su trabajo.

CULTURA

9/21/20264 min read

Estas dos cosas están mucho más conectadas de lo que parece. En la historia, la cocina y los dulces han funcionado como símbolos de estatus, herramientas de protesta, e incluso como armas ideológicas.

quí vamos…

¡Argentina en Épocas turbulentas! Es el único país que llama a sus pasteles, galletas… "facturas", pues el gremio de pasteleros usó la palabra como forma ingeniosa de llamar la atención sobre el valor de su trabajo. 

Tras declarar su independencia de España en 1816 la escena política de Argentina estaba convulsionada: había una guerra civil entre unitarios y federales y las amenazas de invasiones extranjeras eran frecuentes.

En 1853, tras 37 largos años de desorden, el país adoptó su primera constitución. Eso trajo una relativa paz que permitió que Buenos Aires creciera exponencialmente, convirtiéndose en un centro mundial de negocios.

Sin embargo, entre las clases bajas y medias crecía el resentimiento hacia el gobierno. La nueva constitución no había logrado prevenir el fraude electoral y muchos ciudadanos consideraban a sus líderes corruptos. Además, la inflación era una seria amenaza para la economía y la vida de los trabajadores... Dijimos 1853?

A lo largo del siglo XIX Buenos Aires recibió enormes cantidades de inmigrantes europeos, predominantemente de España e Italia, que buscaban una nuevas oportunidades. Ellos traían consigo el ideal de una sociedad libre de la autoridad soberana, militar o religiosa, donde todos fueran tratados por igual.

Uno de estos anarquistas era un italiano llamado Errico Malatesta que luego de que sus actividades revolucionarias le valieran una sentencia a prisión huyó de Europa escondido en un contenedor.

Llegó a Buenos Aires en 1885 y rápidamente se asoció con otros anarquistas europeos, incluyendo a su connacional Ettore Mattei quien acababa de organizar un sindicato para los pasteleros de la ciudad, ya que ¿qué rol podía ser más importante en una sociedad que el de las personas que proveen el pan diario?

Como parte de esos movimientos los miembros del gremio renombraron sus pasteles con apodos que injuriaban al gobierno, a los militares y a la Iglesia, las instituciones que según los anarquistas coartaban la libertad individual.

Hoy en panaderías de todo el país aún hay "suspiros de monja" rellenos de dulce de leche al lado de "vigilantes" (pasteles que se asemejan al bastón de un policía). Cañoncitos: Bautizados así en burla al ejército y las fuerzas represivas.

Podes llamarlos de otras maneras, pero la mayoría de los argentinos sigue usando los nombres más irreverentes. Habrá que pensar ante cada factura que estamos honrando una lucha por la igualdad.

Y más lejos…

El mito de María Antonieta y el estallido social

Uno de los mitos políticos más famosos de la historia involucra un postre. Durante la Revolución Francesa, se popularizó la frase: "Si no tienen pan, que coman pasteles" (o brioche), atribuida a la reina María Antonieta. Aunque históricamente nunca dijo esto, el pastel se convirtió en el símbolo definitivo de una élite política desconectada de la realidad y de las necesidades básicas del pueblo, sirviendo como catalizador de la furia revolucionaria.

La torta comunista o soviética.

Un pastel de chocolate oscuro, húmedo y muy denso. Su origen y estilo están fuertemente marcados por la historia:

En la década de 1930, el Estado soviético decidió industrializar la pastelería. El azúcar y el cacao, que antes eran caprichos burgueses, se convirtieron en un refuerzo estratégico de alta energía para la población.

Para lograr esto, crearon el sistema GOST, un estándar oficial que dictaba exactamente cómo debían prepararse los postres en todo el territorio de la Unión Soviética. La normativa era tan estricta que una porción de este pastel de chocolate tenía que saber, pesar y verse exactamente igual tanto en Moscú como en cualquier lugar recóndito del país. Suele ser de un color marrón casi negro y, en ocasiones, se decora de color rojo y con motivos alusivos a la hoz y el martillo o la estrella roja.

Las medialunas.

Cuenta una leyenda que, a comienzos del siglo XVI, durante el ataque otomano a Viena, los austríacos crearon un pastel de hojaldre con forma de media luna, similar a un croissant, en referencia a la media luna y la estrella que son un conocido símbolo del islam.

Según esta leyenda los austríacos comían estas medias lunas frente a los soldados turcos como forma de blasfemar a sus invasores. Siglos más tarde estos pasteles llegaron a Sudamérica.

Pasteles electorales.

Los pasteles o tartas electorales son una tradición dulce en Estados Unidos que celebra la democracia y la participación cívica. Originados en el siglo XVIII, estos son decorados con colores patrióticos y mensajes como “Vote” y van desde cupcakes hasta galletas temáticas. Aunque su popularidad ha disminuido, algunos panaderos están trabajando para recuperar esta costumbre, destacando su simbolismo en tiempos de polarización política como un medio para fomentar el diálogo y la participación ciudadana. Se cree que el Election Cake se inició en el Estado de Connecticut y se popularizó en la época de las primeras elecciones estadounidenses, época en la que la repostería era laboriosa y el hecho de hornear un pastel grande y compartirlo, se consideraba una muestra de apoyo y unidad dentro de la comunidad.

También hay diplomacia gastronómica. En las relaciones internacionales modernas, la repostería y la gastronomía son utilizadas como parte del "poder blando" de un país (la capacidad de un estado para influir culturalmente sin recurrir a la fuerza). Embajadas y líderes mundiales suelen utilizar postres y banquetes típicos en cumbres internacionales para proyectar una imagen positiva, generar diplomacia empática y limar asperezas políticas

Gentileza;

Beatriz Genchi

Museóloga – Gestora cultural.

bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut