La pobreza vuelve a encender las alarmas y una medición alternativa revela un escenario aún más crítico

Mientras las estadísticas oficiales ubican la pobreza en el 32,3%, un estudio privado estima que podría alcanzar al 45,4% de la población.

ECONOMÍA

11/7/20264 min read

La diferencia expone las dificultades para medir el verdadero deterioro social, en un contexto de pérdida del poder adquisitivo, encarecimiento de los alimentos y empleo cada vez más precario.

La situación social de la Argentina vuelve a mostrar señales de preocupación. Los últimos indicadores económicos reflejan que la reducción de la pobreza perdió impulso y que una parte importante de la población continúa enfrentando serias dificultades para sostener sus condiciones de vida. Incluso, cuando se incorporan metodologías alternativas para calcular el costo de las necesidades básicas y mejorar la estimación de los ingresos familiares, el panorama resulta considerablemente más complejo que el que muestran las estadísticas oficiales.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la pobreza alcanzó al 32,3% de la población durante el primer semestre de 2026. Sin embargo, un informe de la consultora privada Equilibra advierte que, al actualizar los criterios utilizados para calcular la canasta básica y contemplar posibles diferencias en la declaración de ingresos de los hogares, el indicador podría elevarse hasta el 45,4%.

La distancia entre ambas estimaciones representa una diferencia de aproximadamente seis millones de personas. Mientras que la estadística oficial contabiliza alrededor de 15 millones de argentinos en situación de pobreza, la medición alternativa proyecta que la cifra superaría los 21 millones. Se trata de una brecha significativa que vuelve a poner en discusión los instrumentos utilizados para interpretar la realidad económica y social del país.

Una de las principales diferencias metodológicas está relacionada con los ponderadores de consumo. El estudio privado utiliza como referencia la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares correspondiente a 2017-2018, que contempla una estructura de gastos diferente de la empleada actualmente en las mediciones oficiales. En ese esquema, los servicios públicos y otros gastos del hogar adquieren mayor participación dentro del presupuesto familiar, mientras que los alimentos tienen una ponderación relativa menor.

La consecuencia es un costo de vida más elevado para los hogares. Según los cálculos de Equilibra, la canasta básica total utilizada como referencia para establecer la línea de pobreza resultaría un 47% más cara. A modo de ejemplo, un valor estimado en 475.000 pesos pasaría a ubicarse en torno de los 700.000 pesos. Esta diferencia modifica sustancialmente el ingreso mínimo que necesita una familia para no ser considerada pobre.

Otro aspecto determinante es la forma en que se registran los ingresos de la población. El análisis privado identifica diferencias entre los montos declarados por los hogares en la Encuesta Permanente de Hogares y los registros administrativos de organismos como ARCA y ANSES, además de información correspondiente a los salarios del sector público.

De acuerdo con esta evaluación, durante 2023 se habría producido una importante subdeclaración de ingresos en las encuestas, una situación que posteriormente mostró una recuperación. Este comportamiento introduce dificultades para comparar los indicadores de distintos períodos, ya que las variaciones estadísticas no necesariamente reflejan en su totalidad cambios reales en los ingresos de las familias.

El problema, por lo tanto, no se limita a determinar cuánto cuesta una canasta de bienes y servicios. También resulta fundamental conocer con mayor precisión cuánto dinero perciben efectivamente los hogares y qué capacidad tienen para sostener sus gastos cotidianos.

En cuanto a la evolución histórica, la estimación alternativa ubica la pobreza 5,1 puntos porcentuales por encima del registro correspondiente al primer semestre de 2019 y 3,2 puntos por encima del período comprendido entre abril y septiembre de ese mismo año. Estas comparaciones muestran que el deterioro social continúa siendo un problema estructural, más allá de los cambios metodológicos que puedan modificar la magnitud de las cifras.

A este escenario se suma que la mejora en la captación de ingresos observada durante 2025 habría perdido continuidad en 2026. Al mismo tiempo, el costo de la canasta básica volvió a ejercer presión sobre los presupuestos familiares, impulsado por el comportamiento de los precios de los alimentos y otros componentes esenciales. Cuando estos gastos aumentan a un ritmo superior al de los ingresos, la capacidad de compra se reduce y más hogares quedan expuestos a situaciones de vulnerabilidad.

Las estimaciones de la Universidad Torcuato Di Tella también reflejan esta tendencia. Su modelo de seguimiento de la pobreza, conocido como nowcast, proyectó una tasa del 32,6% para el período comprendido entre abril y septiembre de 2026, utilizando los ponderadores oficiales del INDEC. En comparación con el mismo semestre del año anterior, esto representaría un incremento de 3,2 puntos porcentuales.

Aunque las mediciones presentan diferencias, tanto las estadísticas oficiales como los estudios privados coinciden en señalar que la pobreza dejó atrás la etapa de descenso y volvió a mostrar una tendencia ascendente. La discusión metodológica puede modificar el porcentaje final, pero no elimina las dificultades que atraviesan numerosos hogares.

El mercado laboral constituye otra pieza central de este escenario. La generación de nuevos puestos de trabajo no siempre se traduce en una mejora de las condiciones de vida, especialmente cuando el crecimiento se concentra en actividades informales, con menores ingresos, inestabilidad y escasa protección social. Tener una ocupación ya no garantiza necesariamente que una familia pueda cubrir sus necesidades básicas.

A esto se agrega que la recuperación salarial continúa siendo desigual y que muchos trabajadores todavía encuentran dificultades para recomponer el poder adquisitivo perdido. Los ingresos pueden registrar incrementos nominales, pero si no logran superar el aumento de los alimentos, los servicios, el transporte y los alquileres, la mejora resulta insuficiente.

Las perspectivas para los próximos meses tampoco permiten anticipar una recuperación social contundente. La evolución de los ingresos, el comportamiento de las canastas básicas y la capacidad de los salarios para acompañar los precios serán determinantes para establecer si la pobreza consigue estabilizarse o continúa avanzando.

La discusión sobre las cifras es importante porque permite dimensionar el problema y orientar las políticas públicas. Sin embargo, detrás de cada porcentaje existen familias que deben reorganizar sus gastos, resignar consumos esenciales, postergar necesidades y buscar nuevas alternativas para llegar a fin de mes.

El desafío económico de la Argentina no consiste solamente en estabilizar las variables macroeconómicas o mejorar determinados indicadores de actividad. También exige que esa recuperación se traduzca en empleo de calidad, ingresos suficientes y mejores condiciones de vida. Mientras el crecimiento no llegue de manera concreta a los hogares, cualquier mejora estadística tendrá un impacto limitado sobre la realidad cotidiana de millones de personas.