La inflación sigue por debajo del 2%, pero el alivio en los precios todavía está lejos de sentirse en los hogares

Las primeras estimaciones privadas indican que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) habría registrado en octubre una suba de entre el 1,8% y el 1,9%, en línea con el comportamiento de septiembre.

ECONOMÍA

11/3/20265 min read

Aunque el dato podría confirmar una relativa estabilidad de la inflación, detrás de ese porcentaje persisten aumentos significativos en productos esenciales y servicios que afectan directamente el presupuesto familiar. La desaceleración, además, estaría vinculada en buena medida a la menor presión de las tarifas y no necesariamente a una reducción generalizada del costo de vida.

La inflación parece haber encontrado un nuevo nivel de referencia por debajo del 2% mensual. Sin embargo, esta relativa estabilidad estadística todavía no alcanza para hablar de una recuperación del poder adquisitivo ni de una mejora sustancial en las condiciones económicas de la población. El problema es que los precios continúan aumentando y, aunque lo hagan a un ritmo menor, cada incremento se acumula sobre valores que ya deterioraron considerablemente la capacidad de compra de los ingresos.

Los relevamientos de distintas consultoras económicas muestran que octubre habría cerrado con una variación mensual cercana al 1,9%. La firma C&T estimó ese mismo porcentaje para el Gran Buenos Aires, mientras que Equilibra y Libertad y Progreso proyectaron un 1,8% para el promedio nacional. Analytica, en cambio, calculó una suba del 2%, lo que refleja que todavía existen diferencias entre las mediciones privadas.

Si las estimaciones más bajas se confirman en el informe oficial del INDEC, la inflación interanual se ubicaría en torno al 32,8%, el registro más reducido desde abril. No obstante, conviene distinguir entre la desaceleración de los precios y una verdadera estabilización económica: que la inflación disminuya no significa que los productos sean más baratos, sino que continúan encareciéndose a una velocidad menor.

Uno de los aspectos más relevantes del comportamiento de octubre fue la incidencia de los precios estacionales. Las verduras encabezaron los aumentos, con incrementos que llegaron al 7% según C&T, mientras que las frutas registraron una suba del 4%. Equilibra también identificó una fuerte presión en este segmento, con un avance del 5,4% en verduras y una variación del 2,7% para el conjunto de los productos estacionales.

Estos movimientos tienen una importancia particular porque se producen sobre bienes de consumo cotidiano. Los alimentos representan una parte central del presupuesto de los hogares, especialmente entre los sectores de menores ingresos, que destinan una proporción mayor de sus recursos a cubrir necesidades básicas. Por esa razón, incluso cuando el índice general muestra una desaceleración, los aumentos concentrados en productos esenciales pueden generar una percepción de inflación mucho más elevada que la que refleja el promedio estadístico.

En contrapartida, la inflación núcleo —que excluye los precios estacionales y regulados para identificar con mayor claridad la tendencia subyacente— habría mostrado una moderación. C&T la ubicó en el 1,8%, mientras que Equilibra calculó un 1,6%, en ambos casos con una leve reducción respecto del mes anterior. Sin embargo, la inflación subyacente medida por Equilibra, que utiliza otro criterio para aislar los componentes más volátiles, alcanzó el 1,9%, frente al 1,8% de septiembre.

La diferencia entre estos indicadores no es menor. La inflación núcleo permite observar qué sucede con una parte importante de los precios que se modifican bajo dinámicas más persistentes, mientras que otras mediciones buscan identificar tendencias subyacentes mediante criterios metodológicos diferentes. Por eso, no corresponde interpretar una baja puntual de la inflación núcleo como una señal definitiva de que las presiones inflacionarias hayan desaparecido.

Otro factor que incidió en el resultado de octubre fue el comportamiento de los precios regulados. Equilibra estimó un incremento del 1,8% en esta categoría, aunque el transporte público mostró una evolución más acelerada, con una suba del 3,3%.

El transporte también apareció entre los rubros que más presionaron el índice según Libertad y Progreso. Su variación pasó del 1,5% en septiembre al 2,7% en octubre, con una incidencia de aproximadamente 0,3 puntos porcentuales sobre el resultado general. Una parte de ese movimiento estuvo relacionada con los aumentos de combustibles aplicados hacia fines de septiembre, cuyo impacto se trasladó a los precios durante los primeros días del mes siguiente.

La medicina también contribuyó a sostener la inflación. Este rubro pasó de un incremento del 2,4% al 3%, mientras que el mantenimiento del hogar aceleró su variación del 1,6% al 2,5%. Ambos comportamientos muestran que la estabilidad del índice general convive con incrementos importantes en servicios y gastos que difícilmente pueden postergarse.

Desde Libertad y Progreso señalaron que la menor inflación de octubre estaría explicada, en buena medida, por la ausencia de los fuertes ajustes tarifarios que habían incidido durante septiembre. Esta observación introduce un elemento central para evaluar la sostenibilidad de la desaceleración: cuando el resultado depende de que determinados precios regulados permanezcan relativamente contenidos, el alivio puede ser transitorio y no necesariamente reflejar una corrección profunda de los desequilibrios económicos.

En alimentos y bebidas no alcohólicas, uno de los componentes de mayor peso dentro de la canasta de consumo, todavía no se observa una reducción contundente de la variación mensual. Aunque la evolución semanal permitiría suponer que el momento de mayor presión ya habría quedado atrás, cualquier repunte en este segmento tiene capacidad para repercutir de manera significativa sobre el índice general.

Las perspectivas para noviembre también presentan algunas señales de alerta. Uno de los rubros que podría volver a presionar sobre el IPC es vivienda, que registró aumentos del 1,4% y del 1,8% durante las dos últimas semanas de octubre. Si esa tendencia se mantiene, los gastos vinculados al alquiler, los servicios y el mantenimiento habitacional podrían convertirse en uno de los principales factores de impulso inflacionario.

El escenario, por lo tanto, muestra una economía en la que la inflación mensual parece haber reducido su velocidad, pero todavía conserva focos de presión relevantes. La evolución de los combustibles, el transporte, los alimentos y, especialmente, los gastos de vivienda será determinante para establecer si la desaceleración puede sostenerse durante los próximos meses.

El principal desafío es evitar que una cifra inferior al 2% se convierta en una lectura excesivamente optimista de la situación económica. La inflación más baja constituye un dato favorable desde el punto de vista macroeconómico, pero no alcanza por sí sola para recomponer salarios, recuperar el consumo ni mejorar las condiciones de vida. Mientras los ingresos continúen corriendo detrás de los precios y los gastos esenciales absorban una proporción cada vez mayor del presupuesto familiar, la estabilidad estadística seguirá teniendo una traducción limitada en la economía cotidiana.

La verdadera prueba del programa económico no será solamente mantener la inflación por debajo de determinado porcentaje, sino conseguir que esa desaceleración se transforme en una mejora concreta y sostenida del poder adquisitivo de la población.