El Niño anticipa meses de lluvias: cómo preparar el vehículo y conducir con seguridad sobre el asfalto mojado
Conducir bajo la lluvia presenta dos grandes desafíos: mantener la adherencia de los neumáticos al asfalto y garantizar una buena visibilidad. Ambos aspectos son determinantes para evitar siniestros viales, especialmente cuando las precipitaciones reducen la capacidad de reacción y aumentan las distancias de frenado.
SOCIEDAD
10/17/20264 min read


Los pronósticos de precipitaciones superiores a lo habitual para los próximos meses obligan a extremar las precauciones al volante. Revisar los neumáticos, controlar los frenos, mejorar la visibilidad y reducir la velocidad son algunas de las medidas fundamentales para prevenir accidentes en calles y rutas.
Las lluvias podrían convertirse en una presencia frecuente durante los próximos meses en gran parte de la Argentina, en un contexto de pronósticos asociados al fenómeno de El Niño. Frente a este escenario, los conductores deberán adaptar sus hábitos de manejo y preparar sus vehículos para circular con mayor seguridad sobre superficies mojadas.
Conducir bajo la lluvia presenta dos grandes desafíos: mantener la adherencia de los neumáticos al asfalto y garantizar una buena visibilidad. Ambos aspectos son determinantes para evitar siniestros viales, especialmente cuando las precipitaciones reducen la capacidad de reacción y aumentan las distancias de frenado.
Neumáticos y frenos: los controles que no pueden faltar
Antes de salir a la calle o emprender un viaje, es fundamental verificar el estado general del vehículo. Los neumáticos ocupan un lugar central, ya que sus ranuras permiten evacuar el agua acumulada sobre el pavimento y mantener el contacto con la superficie.
Una manera sencilla de comprobar su desgaste es observar los indicadores ubicados dentro de los canales de la banda de rodamiento. Cuando estos testigos quedan al mismo nivel que la superficie del neumático, significa que el desgaste alcanzó un límite que exige su reemplazo.
Circular con cubiertas desgastadas aumenta el riesgo de pérdida de adherencia y de sufrir aquaplaning, un fenómeno que ocurre cuando se forma una película de agua entre el neumático y el asfalto, haciendo que el vehículo pierda contacto efectivo con el suelo.
También es indispensable revisar el funcionamiento de los frenos y comprobar que respondan correctamente. En condiciones de lluvia, cualquier falla mecánica puede agravar una situación de riesgo.
Limpiaparabrisas y desempañamiento: claves para ver y ser vistos
La visibilidad es otro de los factores que requiere especial atención. Las escobillas del limpiaparabrisas deben encontrarse en buenas condiciones, sin grietas ni deformaciones que impidan retirar el agua del parabrisas.
La exposición prolongada al sol puede resecar la goma y reducir su eficacia. Si las escobillas dejan marcas, arrastran agua o no limpian correctamente el vidrio, es momento de reemplazarlas.
A esto se suma el empañamiento de los cristales, un problema habitual cuando llueve debido a la elevada humedad ambiental. Para evitarlo, se recomienda utilizar el aire acondicionado, que ayuda a reducir la humedad del aire dentro del habitáculo, y regular la temperatura a un nivel confortable.
También es importante permitir el ingreso de aire del exterior. Mantener activada la recirculación durante períodos prolongados puede favorecer la acumulación de humedad y acelerar el empañamiento de los vidrios.
Cómo conducir sobre el asfalto mojado
Aunque el vehículo se encuentre en buenas condiciones, manejar con lluvia exige modificar la forma de conducir. La menor adherencia hace que las maniobras sean más difíciles y que el automóvil necesite más espacio para detenerse.
Por eso, los especialistas en seguridad vial recomiendan:
Reducir la velocidad: circular más despacio permite contar con mayor tiempo para reaccionar ante un imprevisto.
Aumentar la distancia de seguridad: dejar más espacio con el vehículo que circula adelante ayuda a compensar la mayor distancia de frenado.
Evitar maniobras bruscas: los cambios repentinos de dirección, los frenazos y las aceleraciones fuertes pueden provocar pérdidas de control.
Señalizar con anticipación: advertir los movimientos permite que los demás conductores reaccionen a tiempo.
Encender las luces correspondientes: mejorar la visibilidad del vehículo es fundamental durante las precipitaciones, incluso cuando todavía hay claridad.
También es necesario comprender que no todos los conductores reaccionan de la misma manera frente a la lluvia. Algunos reducen considerablemente la velocidad o realizan maniobras inesperadas por temor a perder el control. Mantener una distancia prudencial y conducir de manera previsible ayuda a reducir los riesgos.
Precauciones adicionales para viajar por rutas
En caminos y rutas, las precauciones deben extremarse. A mayor velocidad, el tiempo y la distancia necesarios para detener el vehículo aumentan, mientras que la adherencia puede disminuir considerablemente sobre el pavimento mojado.
Uno de los peligros más frecuentes es la acumulación de agua en determinados sectores del camino. Si el vehículo pierde contacto con el asfalto, no se debe intentar corregir la trayectoria con movimientos bruscos del volante ni recurrir a frenadas repentinas.
La banquina también puede convertirse en una zona peligrosa, especialmente cuando la lluvia provoca barro. Su superficie puede resultar mucho más resbaladiza que el pavimento, por lo que una salida involuntaria del camino puede terminar en una pérdida de control.
Otro riesgo aparece al circular detrás de camiones y otros vehículos de gran porte, que levantan grandes cantidades de agua y reducen considerablemente la visibilidad. En esas circunstancias, es importante aumentar la distancia y evitar sobrepasos si no existen condiciones de seguridad suficientes.
Los adelantamientos deben realizarse únicamente cuando haya visibilidad adecuada, espacio suficiente y certeza de que no circulan vehículos en sentido contrario.
Las motos, entre los vehículos más vulnerables
Los motociclistas enfrentan riesgos adicionales durante las lluvias. Al contar con solo dos ruedas, tienen una menor superficie de apoyo y pueden perder estabilidad con mayor facilidad, especialmente sobre manchas de aceite, pintura vial, rejillas metálicas o sectores con agua acumulada.
Por ese motivo, se recomienda evitar frenadas y giros bruscos, reducir la velocidad y mantener una conducción suave y previsible.
Quienes manejan automóviles también deben prestar especial atención a las motocicletas que circulan alrededor, mantener una distancia prudencial y revisar los espejos retrovisores antes de cambiar de carril o realizar un giro.
La prevención, una responsabilidad compartida
Si las lluvias se vuelven más frecuentes durante los próximos meses, la seguridad vial dependerá tanto del estado de los vehículos como de la conducta de quienes circulan por calles y rutas.
Revisar los neumáticos, controlar los frenos, garantizar una buena visibilidad y adaptar la velocidad a las condiciones del camino son medidas básicas que pueden marcar la diferencia.
Con lluvia, llegar unos minutos más tarde es preferible a asumir riesgos innecesarios. La prudencia al volante y el mantenimiento preventivo del vehículo son herramientas esenciales para reducir los accidentes y proteger la vida de todos los usuarios de la vía pública.
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