El empleo formal no encuentra piso: se perdieron 155.000 puestos en un año y el salario mínimo cayó a niveles de 2003

La crisis del mercado laboral argentino se profundiza: el trabajo registrado privado acumula 14 meses consecutivos de retroceso y perdió 266.000 puestos desde noviembre de 2023

ECONOMÍA

10/27/20268 min read

Al mismo tiempo, el salario mínimo sufrió una caída real del 40,8% y se ubica en su nivel más bajo en más de dos décadas. Mendoza figura entre las provincias más afectadas por la pérdida mensual de empleo.

El mercado laboral argentino continúa mostrando signos de deterioro, con una reducción sostenida del empleo registrado y una fuerte pérdida del poder adquisitivo del salario mínimo. Las cifras correspondientes a julio y septiembre de 2026, según el indicador analizado, reflejan un escenario en el que la generación de puestos de trabajo formales no logra recuperarse y los ingresos mínimos quedan cada vez más rezagados frente al costo de vida.

El diagnóstico surge de un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), perteneciente a la Universidad de Buenos Aires (UBA) y al Conicet, que analiza la evolución del empleo registrado, las remuneraciones y las diferencias entre los sectores de la economía.

De acuerdo con el estudio, el empleo asalariado formal total registró en julio una caída interanual del 1,5%, equivalente a aproximadamente 155.000 puestos menos que un año atrás. Si la comparación se realiza con noviembre de 2023, la disminución alcanza el 3,6%, lo que representa una pérdida acumulada de alrededor de 370.000 empleos.

La tendencia también se manifestó en la comparación mensual: durante julio se contabilizaron algo más de 9.000 trabajadores registrados menos que en junio, una contracción del 0,1%. De esta manera, el universo de asalariados comprendidos en los distintos segmentos relevados quedó en torno a los 9,93 millones de personas.

El sector privado acumula 14 meses consecutivos de retroceso

La mayor parte de la contracción mensual se concentró en las empresas privadas. Durante julio, este segmento perdió aproximadamente 12.700 puestos de trabajo, una reducción del 0,2%, y quedó con alrededor de 6,1 millones de asalariados registrados.

El dato adquiere mayor relevancia al observar la evolución de los últimos meses: el empleo privado formal acumula 14 períodos consecutivos de caída. Desde noviembre de 2023, la reducción llegó a unos 266.000 puestos, equivalente al 4,2%.

Según el informe, la cantidad de trabajadores registrados en empresas privadas retrocedió hasta niveles comparables con los de mayo de 2014. La persistencia de esta tendencia plantea interrogantes sobre la capacidad de la economía para transformar una eventual recuperación de la actividad en nuevas oportunidades laborales estables.

Uno de los aspectos más relevantes del análisis es la diferencia entre el comportamiento de la actividad económica y la evolución del empleo. Entre noviembre de 2023 y julio de 2026, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) mostró un crecimiento acumulado del 2,2%, mientras que el empleo asalariado privado cayó más del 4%.

Sin embargo, el panorama no es homogéneo: el propio indicador de actividad acumulaba una baja del 4,1% en lo que iba de 2026, según el período considerado por el estudio. En conjunto, estos datos muestran que la evolución de la producción y la del empleo registrado no avanzan necesariamente al mismo ritmo.

La diferencia es importante porque una mejora de la actividad económica no garantiza, por sí sola, una recuperación inmediata del trabajo formal. Las empresas pueden aumentar su producción sin ampliar sus plantillas o pueden necesitar un período prolongado antes de volver a contratar personal.

Comercio e industria, entre los sectores más golpeados

La pérdida de empleo alcanzó a ocho de las trece ramas de la actividad privada relevadas durante julio. Las mayores caídas porcentuales se registraron en construcción, con un retroceso del 0,6%; intermediación financiera, con el 0,4%; y transporte, comercio, hoteles y restaurantes e industria manufacturera, con disminuciones del 0,3% en cada caso.

En términos absolutos, el comercio encabezó las bajas, con unos 3.800 puestos menos, seguido por la industria, que perdió aproximadamente 2.800 empleos.

La situación industrial merece especial atención. El sector acumula variaciones mensuales negativas en 33 de los últimos 35 meses y registra una pérdida cercana a los 95.000 puestos desde septiembre de 2023. La continuidad de esta tendencia evidencia las dificultades que atraviesan numerosas actividades manufactureras para sostener sus niveles de ocupación.

La construcción también continúa mostrando un escenario complejo. En julio, el empleo del sector se ubicó en torno a los 377.000 trabajadores, una cifra cercana a sus mínimos históricos, de acuerdo con el informe.

La evolución de estas ramas resulta especialmente significativa por su capacidad para generar empleo en distintas regiones del país y por los efectos que sus dificultades pueden trasladar a proveedores, comercios y otras actividades vinculadas.

Mendoza, entre las provincias con mayores caídas mensuales

El retroceso del empleo formal privado también tuvo una marcada distribución territorial. Durante julio, la cantidad de trabajadores registrados disminuyó en 17 provincias, aumentó en seis y permaneció sin cambios en una jurisdicción.

Entre las caídas porcentuales más pronunciadas se ubicaron Santa Cruz, con una baja del 0,9%; Corrientes, con el 0,7%; y Mendoza, también con una contracción del 0,7%.

El dato coloca a la provincia entre los distritos con mayores retrocesos relativos durante ese mes y suma un elemento de preocupación para el mercado laboral mendocino, especialmente por las consecuencias que la pérdida de puestos formales puede tener sobre los ingresos familiares y el consumo.

Por volumen de empleo, la provincia de Buenos Aires explicó alrededor del 66% de la reducción total mensual, con aproximadamente 8.000 puestos menos.

En sentido contrario, Neuquén y Río Negro se destacaron por mantener niveles de empleo privado formal superiores a los registrados en noviembre de 2023. Según el estudio, ambas provincias presentaron incrementos acumulados del 8,9% y del 3,5%, respectivamente, un comportamiento asociado al dinamismo de la actividad hidrocarburífera.

La diferencia entre estas jurisdicciones y el resto del país refleja el peso que pueden tener determinadas actividades productivas sobre la creación de empleo y la distribución territorial de las oportunidades laborales.

Las empresas grandes también reducen personal

La caída del empleo no se limitó a una única categoría de empresas. En agosto, las firmas de mayor tamaño registraron una disminución del 0,1% en sus plantillas, mientras que las pequeñas mostraron una mejora del 0,1% y las medianas permanecieron estables.

Aunque las variaciones mensuales fueron acotadas, los resultados reflejan un escenario de escaso dinamismo en la contratación. La leve mejora observada en las pequeñas empresas no alcanza, por sí sola, para compensar la tendencia general de pérdida de empleo formal.

Por otra parte, el sector público incorporó alrededor de 4.700 trabajadores durante julio, lo que representó un aumento mensual del 0,1% y llevó su dotación a unos 3,4 millones de personas.

No obstante, la comparación con noviembre de 2023 continúa mostrando una reducción acumulada del 2,4%, equivalente a aproximadamente 83.000 empleos menos.

El personal registrado en casas particulares también experimentó una disminución durante julio. El segmento perdió unos 1.100 puestos, un retroceso del 0,2%, y quedó con alrededor de 442.400 trabajadoras.

Desde noviembre de 2023, la caída acumulada alcanza el 4,7%. Si se toma como referencia el máximo histórico de octubre de 2019, la reducción llega al 11,6%, equivalente a cerca de 58.000 puestos.

El salario mínimo perdió más del 40% de su poder adquisitivo

La evolución del empleo tiene como contracara un deterioro significativo de los ingresos más bajos. El informe del IIEP advierte que el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) atraviesa uno de los períodos de mayor pérdida de poder adquisitivo de las últimas décadas.

En septiembre de 2026, el salario mínimo se ubicó en $383.800 mensuales. Aunque no registró variaciones en términos reales respecto del mes anterior, su evolución acumulada muestra una fuerte pérdida frente a la inflación.

Entre noviembre de 2023 y septiembre de 2026, el valor real del salario mínimo cayó un 40,8%. De acuerdo con el estudio, su poder de compra descendió por debajo de los niveles registrados durante la crisis de 2001 y llegó a su punto más bajo desde junio de 2003.

La magnitud del retroceso también se observa al compararlo con su máximo histórico de septiembre de 2011: el salario mínimo real se encuentra un 67,1% por debajo de aquel nivel.

En términos concretos, esto significa que el monto establecido como piso legal para la remuneración laboral perdió una parte sustancial de su capacidad para cubrir los gastos cotidianos. La caída afecta especialmente a quienes perciben ingresos cercanos al mínimo y cuentan con escaso margen para absorber nuevos aumentos de precios.

La situación también tiene implicancias para la economía en su conjunto. Los hogares con menores ingresos suelen destinar una proporción elevada de sus recursos a alimentos, transporte, vivienda y servicios esenciales. Cuando esos ingresos pierden poder adquisitivo, se reduce la capacidad de consumo y se incrementa la presión sobre los presupuestos familiares.

Los salarios privados muestran una mejora parcial, pero siguen rezagados

El panorama de las remuneraciones presenta diferencias según el sector y el indicador utilizado. De acuerdo con el Índice de Salarios del INDEC citado en el informe, los salarios del sector privado registrado registraron en agosto una mejora real del 1,15% respecto de julio.

Pese a esa recuperación mensual, todavía se ubicaban un 2,3% por debajo del nivel de noviembre de 2023.

La remuneración promedio del sector privado también mostró una evolución positiva. La estimación para agosto indicó un incremento real mensual del 1,3%, con un ingreso nominal promedio de $2.303.686. Según ese cálculo, el valor real se encontraba un 0,8% por encima del registrado en noviembre de 2023.

En el sector público, los salarios aumentaron un 0,6% real durante agosto. Sin embargo, continuaban un 15,3% por debajo de los niveles de noviembre de 2023, lo que evidencia una recuperación todavía insuficiente para compensar la pérdida acumulada.

Estas diferencias muestran que no existe una trayectoria salarial uniforme. Mientras algunos indicadores reflejan mejoras mensuales o una recuperación parcial, otros continúan rezagados frente a la inflación y a los niveles de poder adquisitivo anteriores.

Un mercado laboral que todavía no logra recuperarse

La combinación de caída del empleo registrado, retroceso industrial, debilidad de la construcción y pérdida del poder adquisitivo del salario mínimo configura un escenario complejo para los trabajadores argentinos.

Los datos también exponen una diferencia fundamental entre tener empleo y contar con ingresos suficientes para sostener las necesidades básicas. La permanencia en el mercado laboral formal no garantiza, por sí sola, estabilidad económica cuando las remuneraciones pierden capacidad de compra.

A su vez, la contracción prolongada del empleo privado plantea un desafío para la recuperación económica: sin una expansión sostenida de la actividad que se traduzca en nuevas contrataciones y mejores ingresos, las mejoras parciales de algunos indicadores difícilmente alcancen para revertir el deterioro acumulado.

Para Mendoza, el retroceso mensual del empleo formal privado agrega una señal de alerta a un panorama nacional ya marcado por la fragilidad laboral. La evolución de los próximos meses será clave para determinar si la tendencia comienza a revertirse o si continúa profundizándose la pérdida de puestos de trabajo y de poder adquisitivo.

La principal advertencia que deja el informe es que la recuperación económica todavía no se traduce de manera consistente en más empleo registrado ni en una recomposición generalizada de los ingresos. Con miles de puestos perdidos y un salario mínimo en niveles reales históricamente bajos, el desafío no se limita a recuperar indicadores de actividad: también consiste en reconstruir la capacidad del trabajo para garantizar ingresos suficientes y condiciones de vida dignas.