Los eclipses solares han estado desde hace muchísimos años presentes en la literatura universal, en especial en la narrativa, y han sido numerosos los autores que, con mayor o menor acierto los han utilizado en sus escritos.
Este es un fugar repaso de un tema de actualidad que por mérito de las redes está en pleno auge.
Todo empieza con el poeta griego Arquíloco de Paros, que describió un impresionante eclipse solar en uno de sus fragmentos conservados. Este fenómeno ocurrió el 6 de abril de 648 a. C. y constituye la referencia cronológica más antigua y segura de toda la literatura griega. Zeus convierte el mediodía en noche y el miedo se apodera de los hombres. La conclusión del poeta después de haber visto desaparecer el sol, es que cualquier cosa es posible en este poema se supone la ruptura completa del orden natural.
Dante Alighieri aborda el eclipse en el canto XXIX del Paraíso en La Divina Comedia, usándolo como una lección moral y la comedia adquiere la utilización de la luz para hablar de oscuridad, corrupción y perdida de la orientación, pero también de algo muy interesante ocultar l luz puede ser lo que nos permite descubrir una verdad que antes no veíamos.
Siglos después el célebre poeta inglés John Milton utilizó el eclipse como un poderoso símbolo literario del poder que cae, el presagio del mal y la oscuridad interior en obras cumbre como “El paraíso perdido”. Cuando describe a Satanás lo compara con un sol oscurecido por un eclipse, una luz que debería iluminar yque ahora provoca incertidumbre y miedo.
Después llega Mark Tehwyn y en “Un yanqui en la corte del Rey Arturo” donde un hombre del siglo XIX aparece transportado a la Inglaterra del Rey Arturo y como conoce de antemano que va producirse un eclipse, aprovecha esa información científica para hacer creer a esos habitantes medievales que posee poderes sobrenaturales. Y aquí el eclipse se convierte en un arma de poder.
El 29 de junio de 1927, la escritora británica Virginia Woolf viajó a Yorkshire al norte de Inglaterra para presenciar un eclipse solar total. Esta vivencia la plasmó con maestría en sus diarios y en su famoso ensayo “El sol y el pez” (1928), donde transformó el fenómeno celeste en una profunda experiencia sobre la fragilidad humana ante la naturaleza. ), describió la repentina oscuridad como una experiencia mística y sobrecogedora en la que evocó la imagen ancestral de los druidas y el misterio de Stonehenge.
Durante estos años la literatura ha cambiado completamente la explicación de los eclipses.
Las más reciente lo hizo Gabriel García Márquez en su cuento “La noche del Eclipse”, retrata este fenómeno natural como el escenario ideal y la coartada para la seducción. La trama utiliza el eclipse como una excusa para propiciar un encuentro íntimo entre la protagonista y un hombre, convirtiéndolo en un destino romántico e inevitable
En el famoso cuento corto «El eclipse» de Augusto Monterroso, un fraile español perdido en la selva de Guatemala intenta engañar a sus captores indígenas amenazándolos con oscurecer el sol, ignorando que la cultura maya ya conocía y calculaba los eclipses con precisión milimétrica. Interesante saber las consecuencias…
En cuanto a la literatura propiamente argentina, la figura del eclipse aparece más bien como metáfora política, ensayo o imagen poética de la ceguera y el ocultamiento, no existiendo un único «gran texto fundador» nacional sobre el fenómeno celeste, sino múltiples apropiaciones de la oscuridad y la sombra.
Cito a Borges que no escribió un relato centrado en un eclipse astronómico, pero definió su propia pérdida de la vista en 1955 como un «lento crepúsculo» y comparó la pérdida súbita de la visión en otras personas con una fulminación o un eclipse personal.
Un mensaje de los dioses, un fenómeno astronómico o perfectamente predecible, pero hay algo que no ha cambiado. Cuando el sol desaparece a mitad del día seguimos mirando arriba y sintiendo por unos instantes que el orden del mundo, tiene algo sobrenatural, aunque es un fenómeno perfectamente natural. Hemos dejado de necesitar explicación sobrenatural del eclipse, pero no hemos perdido la sensación de estar contemplando algo sobrenatural.
Gentileza:
Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora cultural.
Puerto Madryn – Chubut

