San Rafael, Mendoza viernes 04 de septiembre de 2026

El vino argentino llega a más países

El complejo uva alcanzó 113 destinos durante el primer semestre del año y superó a los principales productos exportadores del país. La diversificación internacional del vino se explica por su valor agregado, la variedad de etiquetas y una estrategia sostenida de posicionamiento global.

Cuando se analiza el comercio exterior argentino, la soja, el maíz y la carne suelen ocupar los primeros lugares por el volumen de divisas que generan. Sin embargo, existe otro indicador que permite medir la presencia de un producto en el mundo: la cantidad de países a los que llega.

En ese aspecto, el vino argentino se destaca por encima del resto. De acuerdo con datos del Indec correspondientes al primer semestre de 2026, el complejo uva alcanzó 113 destinos internacionales, la cifra más alta entre todos los sectores exportadores del país.

El complejo maicero llegó a 105 países, el de carne y cuero bovinos a 103, el farmacéutico a 101 y el sojero a 97.

La diferencia se vuelve todavía más significativa cuando se observan los montos exportados. Mientras el complejo uva generó US$419 millones FOB durante los primeros seis meses del año, la soja alcanzó US$9.082 millones y el maíz US$4.241 millones.

El denominado “complejo uva” incluye, además del vino, productos como mosto, pasas de uva y otros derivados. Sin embargo, el vino representa la mayor parte de su actividad exportadora y es el principal responsable de la amplia presencia internacional de la producción vitivinícola argentina.

La diferencia está en el valor agregado

¿Por qué un producto que genera muchas menos divisas que la soja, el maíz o la carne consigue llegar a más países?

Para Magdalena Pesce, CEO de Wines of Argentina, una de las claves está en que el vino no se comercializa como un commodity.

“Si bien el vino proviene de las economías regionales, es un producto que para comercializarse requiere una etiqueta, un nombre y una estrategia”, explicó.

La construcción de esa estrategia se sostiene desde hace años mediante el trabajo de bodegas, referentes del sector y organizaciones que buscan fortalecer la presencia argentina en los mercados internacionales.

Pesce destacó que el vino posee un importante valor agregado porque se comercializa embotellado y bajo una marca, lo que permite diferenciarlo y posicionarlo frente a los consumidores.

En la misma línea se expresó Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina, quien sostuvo que la gran cantidad de destinos alcanzados por el vino responde precisamente a su condición de producto diferenciado.

A diferencia de otros sectores que buscan estandarizar la producción para reducir costos, el vino basa buena parte de su fortaleza en la diversidad de estilos, regiones y etiquetas.

Esa característica también tiene una explicación histórica. Según Villanueva, la inmigración aportó a la vitivinicultura argentina conocimientos técnicos, estilos productivos y tradiciones provenientes de diferentes regiones del mundo.

La diversidad continúa creciendo y actualmente cerca de 20 provincias argentinas producen vino, ampliando la variedad y las posibilidades de diferenciación del sector.

Una estrategia que ayudó a construir la marca Argentina

Otro de los factores señalados por los especialistas es la decisión de la industria vitivinícola de trabajar de manera conjunta para ganar mercados.

Pesce remarcó que el sector mantuvo durante años una mirada común hacia el exterior, con el objetivo de promocionar el vino argentino, consolidar una marca país y desarrollar la categoría.

Esa presencia internacional también tiene un impacto que va más allá de las ventas. Cada botella argentina que llega a un nuevo mercado funciona como una carta de presentación del país.

La estrategia permitió asociar a la Argentina con productos de calidad y, especialmente, con el Malbec, convertido en uno de los principales emblemas de la vitivinicultura nacional.

Otro de los atributos reconocidos internacionalmente es la relación entre precio y calidad que ofrecen los vinos argentinos, un factor que contribuyó a fortalecer su posicionamiento.

Un mercado mundial donde todavía hay espacio para crecer

A pesar de estar presente en 113 países, la Argentina todavía tiene una participación relativamente pequeña en el comercio mundial del vino.

Villanueva estimó que el país representa aproximadamente entre el 2,5% y el 3% del comercio internacional, por lo que considera que existe un amplio margen para seguir creciendo.

Ese crecimiento, sin embargo, dependerá también de factores vinculados con la inserción internacional de la Argentina, los acuerdos comerciales y las condiciones geopolíticas.

El sector, además, tiene un impacto importante en la economía interna. Villanueva destacó que la vitivinicultura es una de las actividades que mayor valor agregado y rentabilidad distribuye a lo largo de su cadena, con una generación estimada de entre 300.000 y 400.000 puestos de trabajo.

Brasil, Asia y nuevos mercados en la mira

Con 113 destinos alcanzados, el desafío ahora pasa por ampliar y consolidar esa presencia internacional.

Entre los mercados con potencial aparecen distintos países de Asia y África. Algunos de ellos cuentan con consumidores que comienzan a incorporar el vino, aunque la distancia, los costos y el desconocimiento sobre la oferta argentina representan obstáculos para una expansión inmediata.

China también continúa siendo un mercado observado con atención. Aunque el consumo de vino atravesó una etapa de retroceso, el tamaño de ese mercado mantiene vigente su potencial para las bodegas argentinas.

India es otro de los destinos considerados estratégicos para el futuro.

Pero existe un mercado mucho más cercano que aparece como una oportunidad concreta: Brasil.

Pesce considera que el vecino país ofrece un enorme potencial y que no debería ser analizado como un único mercado, sino como un conjunto de regiones con características y posibilidades diferentes.

Villanueva también destacó el crecimiento de Brasil y de América Latina, favorecido por la cercanía cultural y geográfica.

Diferenciarse para seguir creciendo

La expansión internacional del vino argentino no parece depender solamente de vender más volumen. Para los referentes del sector, la principal fortaleza está justamente en aquello que lo diferencia de los commodities.

La diversidad productiva, las distintas regiones vitivinícolas, las variedades de uva y la identidad cultural permiten que Argentina compita en numerosos mercados sin necesidad de basar su estrategia exclusivamente en el precio.

Con presencia en 113 países, el vino se convirtió así en uno de los principales embajadores de la Argentina en el mundo, junto con símbolos culturales como el tango y el fútbol.

El desafío para los próximos años será mantener esa identidad, consolidar los mercados existentes y aprovechar las oportunidades que todavía ofrece el comercio internacional.

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