San Rafael, Mendoza viernes 19 de junio de 2026

El terremoto de 2011 movió Japón 6 milímetros hacia el este por un mecanismo desconocido hasta ahora

En la imagen, la ciudad de Natori a punto de ser engullida por las aguas.AP PHOTO / KYODO NEWS

En la superficie, la gran ola llegó a las costas de Japón varios minutos después del terremoto del 11 de marzo de 2011.

Los científicos descubren que el rebote de las ondas sísmicas contra el núcleo terrestre desplazó todo el archipiélago

A las 14:46 del viernes 11 de marzo de 2011, hora local, se produjo un terremoto en el océano Pacífico. Su epicentro estuvo a unos 130 kilómetros al este de Honshu, la principal isla de Japón.

Con una magnitud de 9,1, fue descomunal, acabando con la vida de más de 15.000 personas. Minutos más tarde, un tsunami con olas de hasta 40 metros llegó a tierra provocando, entre otros daños, la fusión de tres de los reactores de la central nuclear de Fukushima. También se produjeron varias réplicas de gran intensidad. Entre tanto ruido, un grupo de investigadores detectó un fenómeno nunca documentado hasta ahora: las ondas sísmicas que generó viajaron por el interior del planeta hasta rebotar con el núcleo terrestre. Según detallan en Science, este rebote provocó que Japón se moviera hacia el este.

“Quince minutos más tarde de que sucediera el terremoto principal, la onda S [interna] bajó hasta la interfaz entre el núcleo y el manto terrestre”, cuenta el sismólogo de la Universidad de Estrasburgo (Francia) y coautor del estudio, Luís Rivera. “Allí, por las propiedades físicas de esos dos medios, la onda se reflejó completamente, volviendo a la superficie”, añade el científico. Hay dos grandes tipos de ondas sísmicas, con sus subtipos: Las superficiales, que viajan horizontalmente por la corteza, y las internas, que lo hacen por el interior del planeta. “A diferencia de las ondas internas de compresión [llamadas P], las S no pueden desplazarse en un fluido”, recuerda Rivera. Esto hizo que la generada tras el terremoto de 2011 rebotara al llegar a la parte líquida del núcleo, volviendo hacia la superficie.

La dinámica sísmica interna, continúa Rivera, es doble: “La onda P, que bajó antes porque va más rápido, no tiene problema; parte de ella sigue hacia el núcleo interno y parte se devuelve, porque hay un cambio de densidad”. En cambio, la onda S se tiene que volver por completo. El científico de origen colombiano lleva tiempo estudiando este tipo de ondas verticales. “Esa onda es especial porque baja al núcleo terrestre, rebota y sube a la superficie de la Tierra, pero entonces le vuelve a pasar lo mismo con la atmósfera, que no es un sólido, por lo que no se propaga por ella y tiene que volver a bajar”, explica. Si el terremoto que la originó fue lo suficientemente intenso, “puede quedar así atrapada, hasta que al final se atenúa”, completa Rivera.

Estos viajes de ida y vuelta al núcleo los conocen los sismólogos desde hace un siglo o así. Pero lo que no se había registrado hasta ahora es lo que pasó aquel 11 de marzo de 2011: la onda S posterior al terremoto fue tan intensa que en su primera vuelta la superficie desplazó Japón hacia el este. Apoyados en una densa red de 1.200 receptores GNSS (instrumental básico de los sistemas de posicionamiento y navegación por satélite), han podido determinar que el país del sol naciente se movió entre cinco y seis milímetros. Rivera enseguida recuerda que el propio terremoto trastocó la isla de Honshu hasta 2,4 metros (inclinó incluso el eje de la Tierra), pero estos pocos milímetros importan.

“La importancia de esos 5–6 milímetros radica en cómo y dónde se produjeron», sostiene la geofísica de la Universidad de Chicago (Estados Unidos) y primera autora del estudio, Sunyoung Park. “El desplazamiento de 2,4 metros asociado al terremoto de Tohoku [la región donde más castigó] fue enorme, pero estaba localizado: las estaciones cercanas a la zona de ruptura se movieron mucho, mientras que en el sur de Japón el movimiento fue mucho menor”, añade Park en un correo. “En cambio, este desplazamiento escalonado de 5–6 milímetros es prácticamente uniforme en todo Japón, desde Hokkaido [la isla más al norte] hasta Kyushu [la más sureña]“, destaca la investigadora. Para los investigadores, esto indicaría que el deslizamiento debió de estar distribuido a lo largo de una región muy extensa: “Unos 3.000 kilómetros, la mayor extensión lateral documentada hasta ahora para un evento sísmico, implicando múltiples límites de placas tectónicas”, completa.

Japón se movió por el rebote de una onda sísmica en el núcleo terrestre, pero también porque está donde está. Como sucede con otras zonas de altísima actividad sísmica, como Turquía o México, el archipiélago nipón no está sobre el complicado juego de dos placas tectónicas, sino sobre el de varias. En su caso, una doble zona de subducción: no chocan dos placas, sino cuatro; las del Pacífico y la de Filipinas, que se están metiendo debajo de la euroasiática y la de Ojotsk.

Para los autores, en un escenario tectónico como este, muchas de las fallas solo necesitaban el empujoncito que les llegó de rebote para mover todo Japón. Y lo que pasó entonces tiene una consecuencia relevante. Lo resume Park: “No podemos usar este resultado para predecir terremotos específicos, pero demuestra un tipo de peligro hasta ahora desconocido: las ondas que se propagan a gran profundidad y se reflejan en el núcleo pueden desencadenar deslizamientos adicionales muchos minutos después del sismo principal, cuando la gente cree que el temblor intenso ha terminado”.

“Esta es la primera observación de desplazamientos del terreno debidos a este tipo de ondas”, destaca Jordi Díaz, investigador de Geociencias Barcelona (GEO3BCN – CSIC). “Implica que el efecto en superficie de estas ondas es relevante y debería tenerse en cuenta al elaborar modelos de riesgo sísmico”, añade Díaz, que no ha participado en el estudio. También recuerda que lo que pasó fue extraordinario: “Esta observación se ha realizado después de uno de los terremotos más grandes registrados instrumentalmente y es, por tanto, excepcional. Queda por ver si un efecto similar puede darse en terremotos de magnitudes 7-8, que se dan de manera más habitual en el planeta”.

Fuente:https://elpais.com/ciencia/2026-06-18/el-terremoto-de-2011-movio-japon-6-milimetros-hacia-el-este-por-un-mecanismo-desconocido-hasta-ahora.html

 

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