¡Muchas obras literarias nacieron con una taza de café al lado!
La relación entre el café y los escritores es histórica y profunda, con la bebida actuando como fuente de energía, inspiración y un catalizador para la concentración y la creatividad, Para muchos escritores, el café forma parte de un ritual diario que les ayuda a concentrarse y a entrar en el proceso de escritura.
Los cafés se convirtieron en espacios de encuentro para intelectuales y artistas, donde se compartían ideas y se gestaban revoluciones y obras maestras. Ha sido mencionado en obras literarias, y las cafeterías han servido de telón de fondo para muchas historias. Cafés como el Tortoni en Buenos Aires, el Antico Caffè Greco en Roma y el Floridita en La Habana fueron frecuentados por escritores de renombre como Borges, Stendhal y Hemingway.
Citas de escritores sobre el café:
«Yo he medido mi vida en cucharitas del café», en referencia a T. S. Eliot.
«Claro que el café es un veneno lento; hace cuarenta años que lo bebo», según Voltaire. Varias de sus biografías resaltan que tomaba más de sesenta tazas al día. Eso sí, le gustaba mezclarlo con chocolate. Cómo sobrevivía a tales cantidades de café, no lo sabemos, aunque sospecho que, o mentía en las cantidades o el café de antes no era como el de ahora. Lo que sí sabemos es que, aunque vivió 83 años, su doctor le advirtió en numerosas ocasiones que su amado café terminaría por matarle.
“El café nos vuelve severos, serios y filosóficos.” — Jonathan Swift. Al autor de “Los Viajes de Gulliver” le gustaba mucho tomar café para escribir. No solo eso. Según cuenta Leo Darmrosch en su biografía del autor, cuando Swift enviaba cartas a su amada empleaba un código secreto con ella en el que la palabra “café” aparecía con mucha frecuencia para referirse a apetitos algo más subidos de tono de los que suele implicar compartir una taza de este oscuro brebaje. En su correspondencia con ella escribía frases como esta: “No he bebido café desde que te dejé y no tengo ninguna intención de hacerlo hasta que te encuentre de nuevo. No hay café que merezca la pena, sólo el tuyo”. Dadas estas comparativas, suponemos que el café debía ser un auténtico placer para él.
“Si no fuera por el café, uno no podría escribir, es decir, no podría vivir.” — Balzac. Si la ingesta de cafeína de Voltaire parece demencial, Balzac no se quedaba atrás en absoluto. Presumía de tomar unas 50 tazas de café al día para mantener sus maratonianas rutinas de trabajo de casi 15 horas diarias.
En su ensayo “Tratado de los excitantes modernos” revelaba que no solo bebía café en cantidades exageradas. También masticaba granos de café enteros en ayunas para desatar su creatividad. En este tratado dejó constancia de sus investigaciones sobre los efectos del café y de otros energizantes con los que experimentaba.
“A ti te debo todo mi vigor, pasión sin tasa, culto y locura.” — J.W. Goethe. El novelista alemán no solo fue entusiasta bebedor de café, también fue el impulsor del descubrimiento de la cafeína. Goethe siempre tuvo la ilusión de que se le valorase como científico, algo que nunca llegó a suceder a pesar de todos los años que dedicó a la investigación de la luz, los colores, la botánica o la mineralogía.
Fue él quien instó a su amigo, el científico Friedlieb Ferdinand Runge, a analizar la composición química del café. Runge logró identificar y aislar la cafeína en su laboratorio en 1820. Después de su descubrimiento, diferentes investigadores desarrollaron procesos para extraerla del café, pero hasta 1905 no se consiguió hacerlo logrando que no perdiera su sabor. Y así, queridos, es cómo nació el café descafeinado que alegra nuestros días sin alimentar la ansiedad.
Truman Capote (1924-1984) “Soy un autor completamente horizontal. No puedo pensar a menos que esté acostado, ya sea en la cama o estirado en un sofá y con un cigarrillo y un café a la mano. Tengo que inhalar y beber. A medida que avanza la tarde, paso del café al té de menta, al jerez y a los Martinis.” —Truman Capote (entrevista para Paris Review, 1957).
Tal y como sostenía en esta entrevista, el autor de “A Sangre Fría” tenía la costumbre de escribir acostado y con un café al lado. No podemos decir que sus hábitos fueran especialmente sanos, pero siempre es interesante conocer las rutinas de diferentes autores. Capote escribía sus primeros dos borradores a mano y el tercero a máquina, apoyándola sobre sus rodillas para seguir en su posición favorita: la horizontal.
Aunque suponemos que J.K. Rowling no bebe las cantidades indecentes de café que tomaban autores de antaño como Balzac o Voltaire, la creadora de “Harry Potter” también tiene una estrecha relación con el café y con las cafeterías. De hecho, dio forma a los dos primeros libros de su famosa saga en una cafetería de Edimburgo llamada The Elephant House.
Y así… hasta el infinito. Los escritores están entre los consumidores más notables de café. A lo largo de la historia, multitud de autores y autoras han escrito sobre su sabor, su aroma, sus efectos…
Gentileza;
Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.
bgenchi50@gmail.com
Puerto Madryn –

