Historia de una frase que Borges escribió en 1972, reformuló en una ficción, llevó a sus conversaciones y terminó cantada por el rock argentino.
Algunas frases viven más que su fuente. Viajan, cambian de ropa, pierden fecha, ganan música, se vuelven consigna. “El lujo es vulgaridad” pertenece a esa familia de sentencias que salieron de la literatura y entraron en la conversación popular.
Conocer su historia le devuelve una precisión que la vuelve más rica. Borges escribió esa idea, la llevó a un cuento, la conversó en entrevistas y la retomó con leves variaciones durante años.
La formulación más precisa surge en 1972. Aquí una recopilación leída de Esteban Pinotti profesor internacional y gran divulgador apasionado de la obra de Borges.
“Borges escribe una presentación para un libro colectivo titulado “El niño y el joven, motores del desarrollo”, de R. Esguerra Barry y otros.
Borges escribe al servicio de un libro dedicado a la infancia, la juventud y el desarrollo. Abre su presentación con una pregunta de T. S. Eliot: “¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento? ¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?”. Desde esa cita inicial, Borges piensa una tensión central de la enseñanza moderna: cómo convertir información en conocimiento y conocimiento en sabiduría en una época dominada por la noticia inmediata. Medio siglo después, la pregunta no envejeció.
La reflexión sobre el lujo nace dentro de una mirada ética sobre los males modernos. Borges viene pensando la publicidad que confunde la noticia con el hecho, la omnipotencia del Estado, los fervores nacionales, la estadística cuando reemplaza el juicio moral y lo desigual en la distribución de los bienes.
En 1972 habló de lujo. En 1975 escribió “Riqueza”. “Aquello que durante siglos fue aspiración queda reducido a una incomodidad vulgar. El dinero conserva valor cuando abre experiencia. Al exigir reverencia, pierde dignidad” escribe Pinotti.
Una conversación con Antonio Carrizo le da a la idea otro color. En una de sus entrevistas de 1981, Borges considera el lujo “una guarangada”. La palabra pertenece a otro registro. Tal vez llega con más cuerpo. Hay menos biblioteca y más calle en su voz. Trae una aspereza criolla que “vulgaridad” conservaba bajo una forma más conceptual.
Por otro lado, figura en el imprescindible “Los diálogos”, de Borges y Osvaldo Ferrari, que reproduce las charlas del periodista con el escritor en Radio Municipal en 1984, en el capítulo “El estoicismo”. “Siempre pensé que sus hábitos de vida, Borges, que son austeros, se relacionan no con el ascetismo místico sino con el estoicismo filosófico”, introduce Ferrari. “Sí, desde luego; además, a diferencia de Manuel Mujica Lainez, por ejemplo, el lujo me parece algo horrible a mí. No sé, habrá algo… bueno, quizá mi ascendencia metodista. El hecho es que yo siento el lujo como una forma de guarangada, ¿no?, me parece vulgar”, reflexiona Borges.
Ese mismo año, Mario Vargas Llosa entrevista a Borges en Buenos Aires. El escritor peruano parece asombrado por el contraste entre la figura inmensa de Borges y la austeridad de su casa. Ante esa observación, Borges dice con una sequedad memorable: “El lujo me parece una vulgaridad”. La casa y la voz participan de una misma economía. Decía el escritor peruano “Su casa es de una enorme austeridad, su dormitorio parece la celda de un trapense, realmente es de una sobriedad extraordinaria”. Borges luego describió con su humor particular a Vargas Llosa como “el peruano de la inmobiliaria”. Eso porque lo instaba a mudarse a un mejor lugar.
Desde acá se entiende mejor la línea popularizada por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en “Un poco de amor francés”: donde se versiona la frase de Jorge Luis Borges. En el libro de memorias “Recuerdos que mienten un poco”, a partir de conversaciones con su amigo, el escritor Marcelo Figueras, el Indio Solari, que falleció este viernes a los 77 años, revela que había escuchado la frase “el lujo es vulgaridad” de alguien que no recordaba.
La canción hizo otra operación. Tomó una convicción borgeana de largo recorrido y la volvió frase cantada. Su fuerza está en la concentración. Cinco palabras bastaron para que una zona de la biblioteca de Borges ingresara en la memoria popular. Antes de ser consigna, fue una inquietud ética, pasó por una ficción del porvenir y encontró en las conversaciones de Borges una austeridad que también alcanzaba al estilo.
Borges pensó el lujo durante años. Veía en la ostentación una pobreza espiritual que necesitaba hacer ruido. Esa mirada nacía de una vida sobria y de una prosa que desconfiaba de los adornos innecesarios. El lujo, para Borges, era pobreza espiritual con presupuesto alto.
Borges y el minimalismo extremo: Vivió en departamentos modestos, trabajó durante décadas en una humilde biblioteca de barrio y solía vestir de manera sobria y oscura. Una de sus anécdotas más célebres narra que, al ser invitado al lujoso restaurante Maxim’s, pidió simplemente arroz con manteca y queso.
Sostenía que era «vergonzoso que haya millonarios», equiparando la acumulación excesiva con el desequilibrio social. En síntesis, el sí, vivió de acuerdo a lo que pregonaba (por eso nunca figuro en Forbes) y es … ese contexto el que ilumina la frase.
Gentileza:
Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.
bgenchi50@gmail.com
Puerto Madryn – Chubut.

