San Rafael, Mendoza lunes 08 de junio de 2026

De pie o acostado: Dogma de bodega, verdad de oficio – Por:. Nicolas Solano

Durante años, una de las máximas más repetidas en el mundo del vino sostuvo que las botellas debían guardarse acostadas para preservar la humedad del corcho y garantizar así una correcta conservación. Una verdad aceptada, enseñada y transmitida de generación en generación por especialistas, sommeliers y bodegueros.

Sin embargo, la experiencia y la observación continúan demostrando que incluso las certezas más arraigadas pueden ser revisadas.

«Veinte años diciéndole a la gente que las botellas se guardan acostadas», comienza la reflexión de quien reconoce haber aprendido esa premisa en los libros, haberla repetido en innumerables catas y haberla explicado con la convicción propia de quien nunca tuvo motivos para cuestionarla. El argumento parecía sólido: el corcho necesitaba mantenerse húmedo y el contacto permanente con el vino garantizaba esa condición.

Pero la realidad ofrece, a veces, otras respuestas.

La mirada se traslada entonces a San Rafael, donde el paisaje parece enseñar una lección diferente. Los álamos que resisten el viento Zonda, los viñedos que hunden sus raíces en terrenos pedregosos y elevan sus ramas hacia el cielo, y la Cordillera de los Andes, inmóvil y majestuosa, comparten una característica común:

Lo vertical aquí no es una postura, es una estrategia. 

En este escenario surge una nueva observación. Estudios y evidencias recientes indican que el corcho no necesariamente requiere el contacto directo con el vino para conservar su humedad. La pequeña cámara de aire que queda entre el líquido y el cierre genera condiciones de humedad cercanas al cien por ciento. Es el vapor, y no el vino, el que mantiene íntegro el corcho, evitando además que la acidez, los taninos y el paso del tiempo deterioren el cierre desde el interior de la botella.

Más allá de la cuestión técnica, la reflexión avanza hacia un terreno más profundo. La experiencia invita a preguntarse cuántas otras convicciones se sostienen simplemente porque siempre fueron aceptadas de esa manera, sin volver a examinar si la pregunta inicial estaba correctamente planteada.

El vino conservado durante años en posición horizontal probablemente se encuentre en perfectas condiciones. Sin embargo, queda abierta una inquietud tan simple como reveladora: ¿se mantuvo bien gracias a esa práctica o a pesar de ella?

Una pregunta que trasciende al vino y que invita a revisar, con humildad, aquellas certezas que alguna vez parecieron inamovibles.

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