San Rafael, Mendoza miércoles 03 de junio de 2026

Memorias del informe Nunca más – Por:. Beatriz Genchi

Cuando Ricardo Gil Lavedra fue convocado para integrar la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Ciudad de Buenos Aires, apenas recuperada la democracia tras la dictadura más sangrienta, el Juicio a las Juntas aún no estaba en el horizonte. Y el recuerda: “En ese primer momento, la estrategia del Gobierno respecto de los crímenes de la dictadura era que los juzgaran los militares y que esas decisiones pudieran ser revisadas por un tribunal civil. Pero eso después lo cambió el Congreso e introdujo la posibilidad de que el tribunal civil le sacara el expediente al Consejo Supremo (de las Fuerzas Armadas)”.

Lo que siguió fue histórico y formar parte de ese proceso de juzgamiento a las cúpulas militares (que alguna vez definió como “lo más importante que he hecho y que haré en mi vida”) le permitió dimensionar de cerca el peso fundamental de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), presidida por Ernesto Sabato. Para entonces, claro, ya conocía su obra como escritor: “Todos hemos leído Sobre héroes y tumbas”, el clásico literario que está cumpliendo 65 años.

Gil Lavedra va al Nunca más que tiene a mano en la nutrida biblioteca de su estudio de abogado para chequear un dato: cómo fue la designación de Sabato como presidente de la Conadep. “Acá está –lee en voz alta–: el 29 de diciembre de 1983, por unanimidad, fue elegido presidente. Lo eligieron sus propios miembros”. Una elección con la que concuerda, “por la trayectoria y la integridad moral” del escritor.

—Su conformación fue un hecho público, salió en los diarios. Fue un decreto del Poder Ejecutivo, que en realidad fue una respuesta de Alfonsín, en ese momento tan incipiente, a lo que era la conformación de una comisión bicameral del Congreso para averiguar qué había pasado con los desaparecidos. En cambio, Alfonsín saca un decreto creando una comisión dentro del ámbito del Poder Ejecutivo.

—La Conadep fue la primera comisión de la verdad del mundo. Este modelo de una comisión integrada por gente de gran integridad moral, de mucho prestigio, sin funciones judiciales pero encargada de averiguar los hechos que habían pasado, se replicó luego en distintas partes del mundo. La comisión de Chile, el Nunca más de Brasil, en Guatemala, El Salvador, Sudáfrica, Europa del Este. Ese modelo luego se fue replicando en todo el mundo. La Conadep hizo un trabajo extraordinario, porque en un lapso brevísimo –entregó el dictamen en septiembre de 1984; fueron nueve meses de actuación– recogió gran cantidad de testimonios y relevó gran cantidad de información. Y es la primera que descubre la trama, la verdad de la trama: el carácter sistemático que había tenido la represión ilegal en todo el país, por las tres Fuerzas Armadas.

—Mientras la Conadep trabajó no tuvimos relación directa y personal. Luego declararon en el juicio, por ejemplo, Eduardo Rabossi, Magdalena Ruiz Guiñazú, Graciela Fernández Meijide. De ella viene el tratar de agrupar la información por centros clandestinos. Eso da una comunidad de prueba extraordinaria. Con Sabato tuve contactos, pero no intensos: dos o tres veces. Sabato es quien redacta de puño y letra y trabaja en el famoso prólogo de la Conadep, y entrega a Alfonsín el informe. Hay un video, circula, en el que están todos los miembros, y Sabato entrega los biblioratos a Alfonsín. El régimen de trabajo que tenía la Conadep era notable: crearon cinco secretarías que recibían las denuncias y las clasificaban. Hubo mucho trabajo capilar, de base.

—La película está enfocada en la fiscalía. Lo cual está bien: para hacer una película sobre un juicio se elige al defensor o al fiscal. Pero no destaca la enorme relevancia que tuvo el trabajo de la Conadep para la fiscalía. Cuando hubo que elegir un grupo de casos representativos de lo que había sido la represión, lo que hizo el fiscal lo hizo sobre la base de los legajos de la Conadep. El aporte que hizo a la tarea de la fiscalía fue inmenso. No cabe duda de que el aporte fue extraordinario.

—Siempre tenía reflexiones muy profundas, con una personalidad a la vez afable, pero con cierta tosquedad en el trato. Tenía antecedentes también como científico; era un hombre sumamente interesante. Después he seguido vinculado a través de sus hijos, Jorge y Mario. En la casa de Sabato en Santos Lugares se hizo como un museo y se conformó una comisión de la casa, que integré junto a Magdalena y Graciela. Era la casa donde escribía.

—Prácticamente han culminado y creo que habría que terminar cuanto antes. Me parece que la demora que han tenido es brutal, excesiva. Pasaron 20 años desde que la Corte reabrió los juicios. Si uno compara esos 20 años con los 14 meses que llevó el Juicio a las Juntas, no tiene sentido. Me da la sensación de que lo que ocurrió está claro. Nadie discute lo que pasó. Es una cuestión que está incorporada a la memoria colectiva. De esto no se vuelve, no hay retroceso.

Como plasmó Sabato en su célebre prólogo: “Después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje”.

Resumen de la nota realizada por Luciana Rosende y publicada por la Revista Caras y Caretas – marzo 2026.

Gentileza:

Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.
bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut.

 

 

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail