¿Cómo cae un país en manos de un tirano?
Para ayudarnos a comprender nuestros dilemas contemporáneos más urgentes, William Shakespeare no tiene igual. El dramaturgo puso de manifiesto los mecanismos psicológicos que llevan a una nación a abandonar sus ideales y sus propios intereses. El historiador Stephen Greenblatt los analiza en su último libro “Tirano: Shakespeare sobre la política”.
Greenblatt es profesor universitario de Humanidades en la Universidad de Harvard y se especializa, como era de esperar, en el estudio de la obra de William Shakespeare, entre otras obras de la literatura y la crítica modernas. Su libro de 2011, “El giro: de cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno”, ganó el Premio Pulitzer de No Ficción.
Muchas obras de Shakespeare hablan de política. De la ambición política y de cómo todo un país puede caer en manos de un tirano. Le interesaban las causas sociales, las raíces psicológicas y los retorcidos efectos de la tiranía allí donde triunfaba. Como la censura de la época isabelina prohibía cualquier alusión política a la actualidad inglesa en las obras de teatro, Shakespeare eligió personajes históricos e inventados para explorar el ansia del poder absoluto y las catástrofes que provoca. Según Greenblatt, Ricardo III, Macbeth, El Rey Lear o Coriolano no son más que espejos con los que burlaba la censura para retratar indirectamente las pasiones políticas de su época, con tanto genio que su retrato es capaz de reflejar con sobrecogedora nitidez nuestra convulsa vida política.
En Enrique VI podemos ver a rivales políticos defendiendo que su verdad es tan evidente que sólo desde la pura maldad puede ponerse en duda. Lo cual lleva a la gente a tomar partido por uno o por otro, a opinar metidos en trincheras y a convertir a los adversarios en enemigos. Shakespeare habla del odio como desestabilizador social. De la búsqueda del poder como la canalización de una ira popular. Y de cómo la ira se vuelve violencia en una espiral imparable que desemboca en la tiranía y en el reino del miedo.
Para Shakespeare, político es sinónimo de hipócrita. De persona que miente por ambición, que miente para medrar. Y, sobre todo, para minar la imagen del adversario, convertido en enemigo. Describe la política como una guerra en la que es más efectivo destruir la reputación del enemigo que ganarse adeptos. Qué más da que te quieran, lo importante es lograr que el enemigo sea odiado con tal intensidad que tú te conviertas con naturalidad en su alternativa.
Mentiras, indiferencia por los hechos, invención de problemas que no existen para hostigar a minorías, fe en un puñado de ideas fijas que se repiten una y otra vez, resentimiento hacia una difusa élite intelectual a la que se culpa de haber traicionado a las clases populares, ataques a la educación y a la cultura.
En este ensayo magnifico, Greenblatt desmenuza la anatomía del tirano de forma que resulta inevitable no pensar en tiranos más contemporáneos. En las obras de Shakespeare hay una crítica mordaz, a veces seria, a veces paródica, de la ambición política y cuyos dardos viajan sin esfuerzo cuatros largos siglos para acertar de lleno en la forma de pensar y de actuar de la mayoría de los políticos actuales.
Mientras Isabel I, cada vez más envejecida y obstinada, se aferraba al poder con uñas y dientes, un brillante dramaturgo exploraba las causas sociales, las raíces psicológicas y los retorcidos efectos de la tiranía. Al analizar la psique (y las psicosis) de personajes de catadura y de las sociedades sobre las que gobernaban, Stephen Greenblatt desvela las formas en las que Shakespeare ahonda en el ansia de poder absoluto y las catastróficas consecuencias que su ejercicio conlleva.
Instituciones de fuerte arraigo parecen frágiles, la política y sus representantes sucumben al caos, la miseria económica alimenta la cólera populista, la población acepta que le mientan, el rencor partidista se impone, la indecencia más desvergonzada impera: aspectos como estos de una sociedad en crisis fascinaban a Shakespeare y están presentes en algunas de sus obras más memorables.
Con asombrosa perspicacia, supo mostrar la psicología infantil y los apetitos insaciablemente narcisistas de los demagogos —así́ como el cinismo y el oportunismo de los diversos cómplices y parásitos que los rodeaban—, e imaginó la manera de frenarlos. Por eso y por otras muchas razones, la obra de Shakespeare, como pone magistralmente de manifiesto Stephen Greenblatt en este libro, sigue teniendo una importancia esencial hoy en día.
Es un brillante ensayo, organizado de una forma admirable y sumamente agradable de leer, acerca de los tiranos de Shakespeare y de sus tiranías, Greenblatt explica veladamente nuestro desesperado “duelo general” (por utilizar las palabras de Shakespeare).
El libro ilustra nuestra situación política contemporánea al analizar los rasgos de los tiranos de Shakespeare y el populacho que les sigue. Hábil y fascinante, no hay nadie actual que sea mencionado de forma explícita en “El tirano…”, pero las comparaciones son evidentes. Y tal vez hasta revelador.
Gentileza;
Beatriz Genchi.
Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.
bgenchi50@gmail.com
Puerto Madryn – Chubut.
