San Rafael, Mendoza lunes 18 de mayo de 2026

Las exportaciones de soja y maíz llenan de humo y ruido las localidades vecinas de los puertos argentinos

Camiones transitan por un puente que cruza el río Carcarañá.Sebastián López Brach

Los meses en que las cosechas se mueven en camión desde los campos hasta las grandes terminales portuarias, ubicadas a la vera del río Paraná, se convierten en un trastorno vital para sus habitantes

No se ve, pero se escucha y —sobre todo— se respira. La huella ambiental que deja el tránsito diario de miles de camiones graneleros que transportan las decenas de millones de toneladas de soja y de maíz que cada otoño austral cosecha Argentina hasta los grandes puertos fluviales del Paraná está invisibilizada, pero existe. El humo de los escapes, el polvo que levantan de rutas y el ruido que genera su paso por zonas muy pobladas tienen consecuencias sobre la salud de la población de la zona. Sin embargo, casi no hay estudios de calidad del aire, ni monitoreos extendidos en el tiempo sobre la contaminación auditiva, o relevamientos médicos que tomen en cuenta esto como factor de calidad socioambiental.

Incluso para muchas de las más de 100 mil personas que viven en las localidades ribereñas que concentran 15 enormes puertos exportadores (una franja costera de 10 kilómetros que empieza unos 30 kilómetros al norte de Rosario), los camiones son una parte más del paisaje. “En abril y mayo nos volvemos locos porque es imposible circular por rutas y calles, quedamos presos de las filas de camiones”, cuenta Miriam Lázaro, de 64 años, que trabaja como cocinera en la escuela Abanderado Grandoli de Villa la Ribera, localidad atravesada por una de las rutas que lleva a los puertos. Para Lázaro, la congestión vial es el problema principal. “Hay ruido y polvo y humo, es cierto, pero quien se crió acá ya está acostumbrado, no nos damos ni cuenta. Siempre fue así”, razona.

Miriam Lázaro en la escuela Abanderado Grandoli, de Villa la Ribera.Sebastián López Brach

Lázaro no es la única de la zona que lo siente. Cerca de allí, en un barrio rural aledaño a la ciudad de San Lorenzo, Luisa Torales y Florencia Giacomino relatan lo mismo. Las dos viven sobre una calle que termina en un gigantesco estacionamiento para camiones. Torales tiene 77 años, atiende un pequeño negocio de venta de alimentos y vive allí desde hace más de medio siglo, cuando la zona era verde y estaba llena de quintas donde se cultivaban verduras y hortalizas. Un paisaje que cambió hace 30 años, cuando se construyeron los puertos y los accesos viales. “Pasan muchos camiones por acá, levantan tierra, demasiada. Tengo tierra hasta adentro del placard”, dice, agregando que, para ella, el ruido no es un problema. “Ya me acostumbré y no los escucho. La tierra sí me molesta, ensucia todo”. Giacomino tiene 30 años y se mudó allí hace un año y medio. Va de la mano de su pequeña hija, preparada para ir a la escuela, y asegura que los camiones “estuvieron siempre”. Al preguntarle sobre el potencial daño a la salud que supone esto, comenta que sabe que el humo puede ser malo, pero que nunca se detuvo a pensarlo demasiado. “Estoy acostumbrada al polvillo y al humo porque fue así toda la vida; es lo que nos toca a quienes somos de acá”.

Un problema invisible

El sector agroexportador es uno de los más dinámicos de la economía argentina. Las exportaciones de granos y productos derivados (aceites, harinas) de soja y de maíz del último ciclo agrícola representaron un ingreso de más de 30 mil millones de dólares al país, según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Ese ‘oro verde’ que cada año producen las fértiles llanuras centrales argentinas se mueve mayoritariamente en camión. Durante el último ciclo agrícola completo (2024/2025) Argentina produjo 136 millones de toneladas de granos, de los que 93 millones salieron por los puertos del nodo Gran Rosario. De esa cantidad, el 76,6% fue transportado en camión, contra un 16,3% por ferrocarril y apenas un 7,1% por barcazas. Durante los meses de salida de “la gruesa” (como se denomina a los cultivos del verano como la soja y el maíz), la cantidad de vehículos diarios que ingresa y egresa de los puertos se cuenta de a miles: desde 3 mil camiones en un día regular hasta 10 mil en un día muy cargado. Así todos los días, durante meses. Al final de la temporada pasada, calcula también la BCR, la cantidad total de ingresos y egresos de camiones de carga que atravesaron las localidades portuarias ascendió a 1,7 millones de viajes. El transporte es el segundo subsector que más contribuye al cambio climático a nivel país según la última actualización del Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero (GEI) con un 14% del total de los gases, después de la ganadería (22%)

Camiones de carga en Argentina.Sebastián López Brach

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación del aire es el principal riesgo ambiental para la salud pública en las Américas. La exposición a altos niveles de contaminación puede causar varios efectos adversos sobre la salud humana: mayor riesgo de infecciones respiratorias, enfermedades cardíacas, derrames cerebrales y cáncer de pulmón son las más importantes y afectan, en mayor proporción, a franjas ya vulnerables como niños, ancianos y mujeres. Para el médico Leonardo Caruana, exsecretario de Salud de la ciudad de Rosario, el impacto de la contaminación que genera la marea de camiones hacia los puertos ha quedado por fuera de la agenda pública sanitaria de la región: “Muchas veces, las políticas sanitarias no prestan atención a los determinantes que generan las enfermedades. Hablamos de virus y bacterias, pero no de agua o de aire limpio. Es un gran problema que no se aborda, porque ni siquiera se estudia”, admite, para agregar que es urgente pasar a una mirada que incluya las condiciones socioambientales de la población como determinantes de enfermedades. “No hay percepción de riesgo ni siquiera por parte de la población, entonces no hay demanda. El sector salud se queda a la espera y solo da respuestas individuales”.

Ni datos, ni solución

Argentina carece de políticas públicas sólidas de monitoreo de calidad del aire, a diferencia de otros países de la región como Chile o México. Según explica Adriana Ilpiña, experta en física de la atmósfera y calidad del aire de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), para medir el impacto de la marea de camiones que cada año ingresa y sale de los puertos haría falta un monitoreo sistematizado. “Si no lo medimos, el problema no existe. En Argentina no tenemos una red de monitoreo, más allá de algunos esfuerzos aislados. Por eso no sabemos el impacto real de esto”, explica, y señala que los vehículos “no solo levantan polvo que queda suspendido en la atmósfera”, sino que generan un impacto por las propias emisiones del vehículo. “Tanto los gases como las partículas afectan a la salud, ya que el material particulado ingresa al organismo”. Hasta el momento, ninguno de los niveles estatales que tienen responsabilidad de gestión sobre el territorio ha abordado el tema desde una perspectiva de impacto socioambiental, ni ha puesto en marcha políticas específicas de prevención o remediación.

Adriana Ilpiña observa una nueva Estación Meteorológica Inalámbrica, ubicada en la terraza del instituto.Sebastián López Brach

La Universidad Nacional de Rosario, a través de su Observatorio Ambiental, hizo un trabajo de medición y evaluación de calidad del aire de la zona portuaria en el año 2022, que dejó algunas conclusiones que dan indicio de que existe un problema: el informe, que relevó y analizó la cantidad de material particulado sedimentable en el aire, encontró que el 27% de las muestras tenían valores de contaminación por encima de los umbrales permitidos por la OMS. Sin embargo, poco se avanzó desde ese momento hasta ahora y la postal de las localidades portuarias sigue siendo la misma: calles y rutas atestadas de camiones de gran porte que no solo hacen colapsar el tránsito durante semanas enteras, sino que además son portadores —muchas veces invisibles— de una mala calidad de vida para las personas que conviven con aire contaminado, polvo en sus casas y sonidos de motores cada mañana, al ritmo de la salida de la valiosa cosecha gruesa argentina.

Fuente;https://elpais.com/america-futura/2026-05-17/las-exportaciones-de-soja-y-maiz-llenan-de-humo-y-ruido-las-localidades-vecinas-de-los-puertos-argentinos.html

 

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