San Rafael, Mendoza miércoles 13 de mayo de 2026

Fondos públicos, lección de honor – Por:. Beatriz Genchi

Charles de Gaull es recordado como la figura que restauró la grandeza y soberanía francesa durante el siglo XX. Lideró la resistencia francesa contra la ocupación nazi, después de la guerra aseguró que Francia sería tratada como poder importante, y como presidente transformó la estructura política francesa a través de la Quinta República.

De Gaulle introdujo una política económica dirigista, un modelo que sostiene que el estado debe intervenir activamente en la economía para orientar, regular y en muchos casos, dirigir directamente la actividad productiva. A diferencia del liberalismo económico clásico, que promueve la mínima intervención estatal y la autorregulación del mercado.

La consecuencia de esto fue treinta años de crecimiento económico sin precedentes en la historia francesa, por lo cual dicho periodo (1944-1974) fue denominado como los Treinta gloriosos.

Su legado es complejo: admirado por su determinación, su visión de una Francia fuerte e independiente, pero también criticado por su autoritarismo y sus decisiones controversiales. Su influencia en Francia moderna continúa siendo profunda.

Para conocer más sobre su persona, podemos imaginarnos al hombre más poderoso de todo un país viviendo en el palacio presidencial. ¿Qué es lo primero que vemos que se hace con el dinero público?

La mayoría de los líderes actuales aprovechan los lujos. Pero Charles de Gaulle hizo algo que hoy nos parece pura ciencia ficción.

Para él, el dinero del pueblo era absolutamente sagrado. Entonces al instalarse en el Palacio del Elíseo, dio una orden estricta e inquebrantable: el Estado no pagaría ni un solo centavo de sus gastos personales. Y no era una simple postura para las cámaras. Era una regla de hierro dentro de su propia casa. Su esposa, Yvonne, llevaba un cuaderno meticuloso. Día a día, anotaba rigurosamente cada gasto del hogar presidencial: la electricidad, la comida diaria, los productos de limpieza. Y cada fin de mes, abrían su propia cartera y le reembolsaban todo ese dinero directamente al Tesoro Público.

Un día, un contable del gobierno se le acercó y le dijo que eso no era necesario. Que, al fin y al cabo, él era el presidente. La respuesta fue lapidaria y debería estar esculpida en todas las escuelas del mundo: “Lo que no es público es privado, y lo privado debe ser pagado por nosotros”.

Su nivel de integridad rozaba lo increíble. Prohibió rotundamente que sus propios hijos utilizaran los coches oficiales del gobierno. Él mismo pagaba hasta el jabón que usaba para bañarse. Y como si fuera poco, se negó a tocar su salario como presidente. Prefirió vivir de forma austera, manteniéndose únicamente con su pensión como general del ejército.

Cuando llegó el día de su muerte, el mundo descubrió la verdad final. No dejó cuentas ocultas. No dejó mansiones millonarias. No dejó ninguna fortuna material. Solo dejó su casa en Colombey-les-Deux-Églises… y la reputación inquebrantable de ser un hombre de una integridad absoluta.

Cuando era teniente coronel De Gaulle compró esa propiedad en 1934. Para entonces, estaba casado y tenía tres hijos. Esta casa se ajustaba a sus ingresos y se encontraba geográficamente entre París y las guarniciones del Este, donde a menudo se destinaban militares.

Pero lo que más le atrajo fue el aislamiento y la tranquilidad del lugar, propicios para su reflexión militar y su actividad como escritor. Los De Gaulle pasaron primero sus vacaciones en La Boisserie. A partir de 1946, se convirtió en su residencia permanente. El estrecho vínculo entre Charles de Gaulle y Colombey-les-Deux-Églises se fortaleció en 1948 con la muerte de su hija Anne, enterrada en Colombey-les-Deux-Églises, junto a quien deseaba descansar.

Fue en la Boisserie donde, en septiembre de 1958, decidió invitar al canciller alemán Konrad Adenauer. Este evento, único en su género, subraya el profundo compromiso del general con la reconciliación franco-alemana y la construcción de Europa.

Tras el fracaso del referéndum de 1969, fue allí, en su despacho, donde escribió los primeros capítulos de sus “Memorias de la Esperanza”. La muerte le impidió terminar su obra. El 9 de noviembre de 1970, falleció en la biblioteca a causa de la rotura de un aneurisma. Tenía 79 años.

La vivienda sigue siendo propiedad de la familia de Gaulle, la Boisserie está abierta al público desde 1980. Por ello, los visitantes solo tienen acceso a una parte de la casa: el vestíbulo, el comedor, el salón y la biblioteca con vistas al despacho de Charles de Gaulle, en la famosa torre.

Durante su vida y sin proponérselo dio una lección de honor que los líderes de hoy parecen haber olvidado por completo.

Gentileza: 

Beatriz Genchi

Museóloga – Gestora cultural.
bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut.

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