Tres hermanos. El estudio ha permitido reconstruir el árbol familiar y el origen de centenares de personas. En la imagen, tres hermanos, desenterrados en Ergoldsbach, Baviera, una ciudad de principios de la Edad Media.Kreisarchäologie Landshut/ Richter
Centenares de enterrados en la frontera norte de Roma cuestionan la idea de las invasiones bárbaras: llevaban siglos ya dentro
“Antes de la caída del Imperio Romano de Occidente, existían distintos grupos sociales que habitaban el territorio romano”, cuenta el profesor Joachim Burger, genetista de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Alemania) y autor senior del estudio, que se apoya en el análisis del genoma de centenares de enterrados a lo largo de la frontera germana. “Por primera vez, hemos caracterizado genéticamente ambos: un grupo tenía ancestros del norte de Europa y probablemente vivía como una minoría endogámica en zonas rurales, trabajando como jornaleros agrícolas, posiblemente con tierras asignadas por la administración romana”, explica. El segundo grupo habitaba las ciudades romanas, villas y asentamientos militares. “Representaban casi toda la diversidad genética de la frontera romana, desde Britania hasta los Balcanes”, detalla.
Combinando el análisis genético con el de sus huesos, el del ajuar de cada tumba, el análisis de distintos isótopos en los restos y otra información de los diversos yacimientos arqueológicos, pudieron marcar la clara diferencia entre el antes y el después del Imperio romano. Tras el colapso de las estructuras estatales romanas alrededor del año 470 d. C., el grupo romano perdió su base institucional. “Muchos tuvieron que buscar nuevos hogares y emigraron por todo el territorio, donde se encontraron con los campesinos de ascendencia norteña. Desde el principio, comenzaron a mezclarse”, destaca Burger.
En el cementerio de Altheim, en el actual distrito de Landshut, en Baja Baviera, recuperaron cuerpos del mismo año de la caída del imperio y hasta el 620. Observan cómo la mezcolanza va creciendo con el tiempo. Al final, más de 3/4 de los allí enterrados tenían ancestría del norte de Europa (un 34%), pero también porcentajes significativos de pedigrí procedente del centro de Italia (16%), el sudeste del territorio romano, en especial de los Balcanes (20%) e incluso del norte de Britania (un 9%).
Todo indica que el colapso imperial reventó desde dentro la estructura social y no las invasiones bárbaras. Nada más desintegrarse el poder de Roma, los francos ocuparon el vacío en el sur de Germania, donde se centra el estudio. Pero sus autores no han encontrado rastro genético de su dominio. Es más, sus resultados desmontan la imagen de las oleadas de invasores bárbaros que acabaron con derrumbar la muralla romana.
“Las personas de las regiones del norte ya se habían desplazado hacia el sur en pequeños grupos mucho antes del fin del Imperio Romano de Occidente y habían adoptado gradualmente las costumbres romanas”, dice Jens Blöcher, genetista de poblaciones también de la Universidad Johannes Gutenberg y uno de los dos primeros autores del estudio, en una nota. Los norteños parecen haber vivido separados del resto de la población, probablemente como trabajadores agrícolas, y tendían a casarse dentro de sus propios grupos, manteniendo así las huellas genéticas de sus ancestros.
El otro primer autor del estudio, Leonardo Vallini, de la misma universidad, añade que las prácticas administrativas romanas pudieron haber contribuido a esta separación. “A menudo se asignaban tierras a los grupos recién llegados bajo condiciones específicas, incluyendo restricciones al matrimonio, para gestionar la integración y mantener el control”, dice. Tras el 476, ese entramado legal y social reventó.
Esperanza de vida de 40 años
El estudio también ha permitido conocer muchos datos demográficos del principio de la Edad Media. La tasa de mortalidad infantil era alta, pero inferior a la que existiría en siglos siguientes. Morían más los niños que las niñas: unos 10 frente a ocho antes de cumplir los siete años. Pero en los adultos la ratio se invierte, probablemente por el riesgo en el parto, apuntan los autores. De media, los hombres tenían una esperanza de vida de 43,3 años, frente al 39,8% de las mujeres. En la actualidad, es al contrario.
Apoyados en la genética, los investigadores pudieron reconstruir las relaciones familiares. Según Burger, la rápida formación de familias en ambos grupos sugiere un marco cultural compartido. Mucho antes del fin político del Imperio romano, ambos grupos ya estaban conectados culturalmente a través de la vida dentro del sistema imperial. En esta comunidad de ideas pudo intervenir la llegada del cristianismo. Lo explica Burger, el autor sénior: “La estructura familiar que encontramos en el sur de la Alemania alto medieval refleja fielmente la de la Antigüedad tardía romana. Dado que era una época plenamente cristiana, este patrón es esencialmente cristiano”.
Fuente;https://elpais.com/ciencia/2026-04-29/la-genetica-revela-que-la-caida-del-imperio-romano-moldeo-a-la-poblacion-europea-desde-el-principio-comenzaron-a-mezclarse.html

