Una canción escrita e interpretada por Miguel Bosé, lanzada en 1986 como parte del álbum homónimo.
La letra, compuesta por Bosé junto a Paolo Ameli, está inspirada en la vida de la cantante de ópera del siglo XIX, Wilhelmine Schröder-Devrient, y sus escandalosas memorias. Bosé a dicho en diferentes ocasiones que la letra nos cuenta la historia de una cantante de ópera antigua, que para conservar la belleza de su voz, bebía semen de hombre.
Ella vivió a mediados del siglo XIX y en su época fue considerada una grande de la ópera.
Wilhelmine Schröder-Devrient fue una cantante alemana de ópera con voz de soprano, célebre en vida en toda Europa y admirada por Richard Wagner, de ella se ha dicho que como cantante combinaba una insólita calidad tímbrica con una dramática intensidad de expresión, apreciable tanto en los escenarios como en las salas de conciertos.
Actuó en gira por varias ciudades de Italia, así como en París, Londres, y Viena. En 1822, con solo 17 años, su interpretación en la capital austríaca de la Leonora del Fidelio de Beethoven, en presencia del autor, acabó de lanzar su carrera en toda Europa como una de las principales cantantes femeninas del momento, al tiempo que consolidaba a Fidelio en el repertorio operístico, en el que hasta entonces sus sucesivas versiones no habían logrado hacerse un hueco.
Richard Wagner afirmó haber quedado impresionado al oír a la Schröder cantando Fidelio en Leipzig en abril de 1829 (cuando él tenía solo 16 años), pero este recuerdo podría parecer enteramente una fantasía, aunque la oiría efectivamente años después. En su autobiografía; Mi vida, Wagner escribe estas encendidas palabras sobre la cantante:
“Una muchacha muy joven encarnó a Leonora; pero a pesar de su juventud esta cantante parecía estar ya desposada con el genio de Beethoven. ¡Con qué ardor, con qué poesía, cuán profundamente conmovedor era su retrato de esta mujer extraordinaria! Se llamaba Wilhelmine Schröder. Suyo es el enorme mérito de haber revelado esta obra de Beethoven al público alemán […] A mí, por mi parte, se me abrió el cielo, estaba transfigurado y veneré al genio que me había conducido -igual que a Florestán- de la noche y las cadenas a la luz y la libertad”.
Cierta o no la anécdota biográfica, en cualquier caso, el compositor alemán admiraba a Schröder-Devrient, a quien confió otros estrenos en los papeles protagónicos
En 1823 Wilhelmine se casó con el actor teatral Karl August Devrient, cuyo apellido añadió al suyo, conservándolo aun después de que el matrimonio se divorciara en 1828 y ella perdiera la custodia de sus cuatro hijos. En agosto de 1847 Schröder-Devrient se casó por segunda vez, con el funcionario sajón David Oskar von Döring, viéndose obligada a dejar los escenarios por la condición oficial de su marido. Döring resultó ser un estafador y el matrimonio se divorció en 1848, después de quedar arruinados en la crisis financiera de aquel año. Y en 1850 contrajo su tercer matrimonio con el rico terrateniente Heinrich von Bock, que tenía sus posesiones en Livonia, adonde le siguió su esposa, lo que originó una nueva retirada temporal de la escena, hasta que este matrimonio se rompió también en 1852.
Wilhelmine Schröder-Devrient volvió a los escenarios en 1856, pero ya solo como cantante de concierto, interpretando canciones de Beethoven, Schubert y Felix Mendelssohn. Se retiró definitivamente en 1859. Permaneciendo en Coburgo donde falleció al año siguiente y sus restos reposan en el Cementerio de la Trinidad de Dresde.
Tras la muerte de Schröder-Devrient apareció, en dos entregas publicadas en Hamburgo-Altona en 1868 y 1875, una obra anónima en dos volúmenes titulada Aus den Memoiren einer Sängerin (De las memorias de una cantante, publicada en español como Memorias de una cantante alemana) y le fueron atribuidas.
Unos años después, el erudito en literatura pornográfica que firmaba como Pisanus Fraxi afirmó en su Index librorum prohibitorum que la obra era la autobiografía erótica de la famosa cantante, que su sobrino habría encontrado entre sus papeles póstumos, pero no proporcionaba ninguna prueba de esta atribución. Desde entonces el carácter auténtico o apócrifo de este clásico de la literatura erótica ha sido muy discutido. Guillaume Apollinaire, que estudió seriamente el asunto para la introducción que hizo a la edición francesa de 1913, no consiguió llegar a una conclusión tajante, y aventura que la obra puede estar basada parcialmente en episodios reales escritos o relatados a otro por Schröder-Devrient. El consenso actual es que esto puede afirmarse en todo caso del primer volumen, pero no del segundo, de contenido pornográfico mucho más abierto y extremista.
Y aunque no fue así, hoy parece que la fama más rotunda no se debió precisamente a sus interpretaciones en la ópera alemana, sino por ser la presunta autora del libro «Memorias de Una Cantante», el libro más apreciado de la literatura erótica alemana.
“Según creo esta es la única “autobiografía” femenina que puede compararse a las “Confesiones”” de Jean-Jacques Rousseau o a las célebres “Memorias de Casanova» escribe Guillaume Apollinaire en el prólogo de este libro a la edición francesa de 1913. Lo que convierte estas Memorias en un texto digno del comentario de Apollinaire —y no es una simple narración de experiencias eróticas— es su categoría de meditación sobre las relaciones sexuales, sus represiones, sus conflictos, sus obligadas astucias, así como de reflexión sobre las costumbres sexuales en los distintos países que recorre a lo largo de estas confesiones. El libro sigue siendo el libro más apreciado de la literatura erótica germana.
La investigación apasionada de múltiples eruditos, a través de los años, ha demostrado la identidad del estilo de la célebre cantante con el de las Memorias. Estas fueron concebidas en forma de cartas dirigidas a un médico de renombre en su época, único hombre que, según señala la autora, no pretendió jamás a sus encantos.
“En el reino de la salamandra
Se murmura de un tal ruiseñor
Que devora semilla de hombre…”
El “reino de la salamandra” puede interpretarse como un mundo pasional, en cuanto al ruiseñor, es un ave vinculada a la poesía, el canto y la belleza; tres cualidades de Wilhelmine. Respecto a lo que devora semilla de hombre…
Un Bosé…siempre provocador con licencia poética???
Gentileza:
Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora cultural
bgenchi50@gmail.com
Puerto Madryn – Chubut

