La tensión global convive con el optimismo del mercado por el frente externo argentino, que proyecta una fuerte entrada de dólares en 2026. Sin embargo, la cautela persiste: dudas sobre el rumbo político, el rol del BCRA, las tasas y el deterioro del crédito mantienen abierto el interrogante central sobre la sostenibilidad del escenario.
El devenir de los eventos en Medio Oriente continúa dominando la escena mundial y los expertos consideran que, tras la tregua, la situación actual denota que se complicaron las conversaciones entre EEUU e Irán. Nadie arriesga aún un escenario posible de resolución. Lo cual complica todo tipo de proyecciones macro a nivel global y, por ende, también local. Sin embargo, entre gente del mercado no se oculta la agradable sorpresa de las estimaciones del sector externo argentino para el 2026. En un importante banco privado no dudaban en señalarle a sus principales clientes corporativos que vienen meses de buenas noticias.
¿De qué hablan?, fundamentalmente, del tenor del superávit comercial de este año, que duplicaría el del 2025. Ya se venía percibiendo en los encuentros y conversaciones entre gurúes, operadores e inversores que el mercado espera una lluvia de dólares en los próximos meses. “Y eso que los precios de los granos están bajos sino lo que sería”, señalaba un conocido economista en una de esas reuniones. Las estimaciones rondan entre los 15.000 y 20.000 millones de dólares, lo que, sumado a otros, digamos, 10.000 a 15.000 millones de dólares de ingreso de capitales, la oferta de divisas está más que asegurada en los próximos meses, siempre y cuando, no descarrile la situación geopolítica mundial, sino seguramente se resentirá el ingreso de fondos del exterior. Pero, así y todo, la avalancha de divisas que se esperan del canal comercial brindan un importante margen de maniobra al mercado de cambios. De todos modos, aún, persisten algunos interrogantes. No todo lo que reluce es oro.
Ventana de oportunidad perdida
Esta ventana de oportunidad perdida en enero pasado fue tema recurrente en todo encuentro entre mesadineristas. El consenso indica que el no retorno del país a los mercados de capitales internacionales hace ahora que todo quede en manos de las cuentas externas, ya que el flujo de fondos del exterior es un interrogante, más con la actual situación geopolítica. Según comentaban en una mesa de una entidad estadounidense, los inversores extranjeros están contentos con lo que está haciendo Milei, celebran todo, el tema fiscal, el alineamiento extremo con EEUU, la política económica aperturista, etc., cada vez los seduce más, pero reconocen que el mayor riesgo argentino es un cambio político el próximo año. De ahí su cautela a la hora de reposicionarse o rearmar la cartera de bonos soberanos argentinos. Ven con agrado la mejora del Gobierno en materia de negociación con el Congreso, donde los gobernadores juegan un rol determinante.
Sin embargo, saben que en la medida que se aproxime el año electoral las predisposiciones a ayudar, o sea, a sacar las leyes que mande el Ejecutivo, pueden cambiar. De acuerdo a sus consultores locales, creen que todavía el Gobierno tiene una ventana para negociar y avanzar con las reformas hasta julio-agosto-setiembre. Según sostuvo uno de los jefes de la mesa, con lazos con el oficialismo, en el seno de la mesa chica de la Rosada no hay tanta preocupación con las encuestas porque consideran que Milei aún tiene un porcentaje importante y tiene herramientas como para mejorar el clima social, sobre todo, frente a una oposición fragmentada. Y los desencantados de Milei no tienen a dónde ir.
La pregunta es, profundizó el mesero, qué va a demandar la gente después de Milei. Desde el mercado les han hecho saber que el Presidente debe reordenar la interna libertaria, es la única forma de poder proyectar gestión. Pero también, piden saber cómo va a ser la transición de un modelo económico a otro. Nadie se explica cómo sigue en pie el “apenas” Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, cómo no ha renunciado, basta con imaginar, por ejemplo, cómo estarían las encuestas si todavía estuviera José Espert, explicaba este economista financiero con varias décadas de mercado sobre el lomo.
Se viene una ola de compras
En un cónclave financiero en Puerto Madero monitoreaban el importante flujo de cobertura de posiciones cortas en Wall Street tras el alto el fuego en Medio Oriente, sellando la mejor jornada para los fondos de cobertura (“hedge funds”) en 4 años, siguiendo de cerca al equipo Delta-One de Goldman Sachs. Según datos del mercado, los fondos globales de inversión en posiciones largas y cortas registraron un alza de casi 3% el miércoles pasado, su mejor jornada desde mediados de marzo del 2022. Pero también pescaron otro dato a tener en cuenta la próxima semana: al parecer los “CTAs” (Commodity Trading Advisor) se preparan para una ola de compras por unos 45.000 millones de dólares en Wall Street. Veremos.
Sobre el plano local, con las proyecciones del sector externo argentino 2026 en mano, confluyeron dos interrogantes que incomodan a los inversores: por un lado, se preguntan si la tasa de interés en pesos tiene piso, y por otro, qué hará el Banco Central (BCRA) en el segundo semestre cuando disminuya la holgura cambiaria y haya menos vencimientos, ¿comprará dólares o no?, Será un verdadero test ver qué hace. Porque, julio es el mes más comprometido en términos de vencimientos, hay que pagar unos 4.200 millones de dólares a bonistas, después se despeja el panorama y solo hay vencimientos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en torno a 700 palos en mayo, agosto, noviembre y diciembre.
Hasta ahora ha podido Santiago Bausili, jefe del BCRA, comprar más de 4.000 millones de dólares sin impacto monetario porque el Tesoro fue contractivo al comprarle esos dólares para pagar vencimientos, además de lo que se llevan las personas para atesorar, los importadores, los turistas y otros demandantes de divisas. Pero una vez que ya el Tesoro no necesite dólares para pagar, el BCRA qué hará, comprará e inyectará liquidez a riesgo inflacionario. Todos quieren ver cómo actuará.
Sobre el nivel de las tasas de interés en pesos no ven mucho margen para seguir bajando, dada la tasa mensual de inflación y el elevado nivel de morosidad. Al respecto, uno de los gestores locales más activos opinó en el cónclave que la estabilidad cambiaria y los menores ajustes en precios regulados podrían llevar la inflación a la zona de 2% mensual, pero ello no implicaba una nueva reducción en las tasas cortas, estimado una caída acotada en la demanda de dinero.
Ahora bien, si las tasas siguen bajando, los instrumentos a tasa variable más “spread” rinden menos que proporcional a los instrumentos a descuento puros, explicó, pero a esta nominalidad, el “spread” compensa parte del riesgo a la baja. Por ende, ante una suba de tasas, aconsejó que los instrumentos a tasa variable serían más convenientes. Algunas pistas: en el corto plazo, mejor los instrumentos a tasa variable por encima de tasa fija como el “TTJ26” vs “T30J6”; pero más allá, el BONTAM agosto 2027 en zona de TAMAR + 5,5% resulta atractivo, aunque con liquidez limitada mientras que el BONTAM febrero 2027 se mantiene interesante en TAMAR + 2% con buen “spread” de cobertura.
Preocupa el alto nivel de morosidad
Un grupo de economistas ex BCRA se reunieron para celebrar la jubilación de uno de ellos y el tema de la morosidad no estuvo ausente. Algunos consideraron que, frente a los elevados niveles de morosidad, principalmente, en las líneas de créditos personales y en las tarjetas de crédito, el BCRA enfrentaba el dilema de esperar a que el mercado ajuste solo o bien, eran necesarias franquicias regulatorias que faciliten las refinanciaciones y el acceso al crédito bancario. Se generó un fuerte debate, no solo académico. Tenían en claro que las tasas de interés no bajaban precisamente por el nivel de morosidad. Ven que, en los productos más elásticos al ingreso disponible, la mayor aceleración de la mora se ve, precisamente, en créditos personales y tarjetas de crédito, o sea, lo primero que las familias revientan cuando los números se ajustan.
A nivel sistémico, el Top Ten de bancos privados acusa recibo del aumento de la mora empujada principalmente por la cartera de consumo, con un fuerte ajuste en las previsiones sobre la cartera irregular. Son los empleados en relación de dependencia quienes explican cerca de 2/3 de la mora total. Pero la causa de la creciente mora no la encuentran solo en la desaceleración de la inflación, que ya no licúa, en la fuerte contracción de la actividad económica, en la baja calidad del empleo formal y en el alto nivel de informalidad, sino también en lo que se llama “selección adversa”. En buen romance, con tasas de interés reales muy altas en medio de un contexto seudo-recesivo los que tomaron crédito fueron los que no tenían más remedio que seguir endeudándose.
Uno de los presentes que estuvo en la charla de Arriazu en Tucumán rescató que: la discusión sobre la economía argentina suele concentrarse en variables nominales (tipo de cambio, inflación, tasas de interés) pero la verdadera ancla y también el principal riesgo es la confianza, porque sin ella no hay crédito, no hay inversión y no hay crecimiento sostenido. Por eso, según Arriazu, Argentina enfrenta, fundamentalmente, un problema de credibilidad. Quizás por ello aún no ha podido volver a los mercados de capitales internacionales como pretendía el Gobierno que apostaba a los 200/300 puntos básicos para colocar deuda. El mercado parece no opinar igual.
Fuente:https://www.ambito.com/economia/lo-que-se-dice-las-mesas-las-dos-preguntas-claves-que-se-hacen-los-inversores-n6265070

