San Rafael, Mendoza martes 27 de enero de 2026

Lo Central de Milei en Davos 2026 – Por:. Rogelio López Guillemain

Luego de repasar el discurso de Javier Milei en Davos, considero que la sentencia “Maquiavelo ha muerto” es un eslogan simple que describe la necesidad de respetar los valores éticos por sobre el pragmatismo utilitarista; es un deseo político moral muy difícil de alcanzar; es un faro que debe orientar la dirección de nuestros actos.

Esta sentencia se explica como un copete en la siguiente frase: “Si queremos salir de nuestro oscuro presente, debemos volver a inspirarnos en la filosofía griega, abrazar el derecho romano y retornar a los valores judeocristianos, los cuales nos permitirán salvar a Occidente”.  Diagnóstico, tratamiento y resultado.

Hablar de “oscuro presente” hace referencia a la crisis de valores impuesta por los más variados actores: los organismos multilaterales, los gobiernos, la educación, los medios de comunicación, el cine y demás espacios culturales.  El wokismo con su relativismo se respira en todos lados, denigra al propio ser humano, lo aliena de la realidad y apesta en lo estético.  Salvar a Occidente implica recuperar los principios que destruyó el posmodernismo.

“Debemos volver a inspirarnos en la filosofía griega” no es menor, todos nuestros actos, hasta los más prácticos y mundanos, definen nuestra vida en sociedad y todos ellos, consciente o inconscientemente, responden a la filosofía.

No pensemos a la filosofía como algo abstracto y difícil porque no lo es, por más que a muchos autores les guste hablar complicado.  Toda la filosofía termina en una pregunta que indirectamente podemos asociar a Platón y Aristóteles: qué es más importante, ¿el hombre o la sociedad?

La respuesta casi automática es “depende”, pero ello no es válido puesto que lo que evaluamos no es utilitarismo sino principios y estos no son relativos.  Si decimos “depende” hay alguien o algunos que decidirán cuándo un acto es correcto o no según su criterio y conveniencia, lo que convierte la vida en sociedad en una ruleta rusa.

Quienes proponen que la sociedad es más importante siguen una línea de pensamiento suicida.  El tema es muy largo pero permíteme graficarlo con un ejemplo absurdo.  Si te preguntasen: ¿es correcto sacrificar la vida de una persona si con ello puedo salvar la de otras cuatro?, es el ejemplo que se da en este dibujo.

 

 A pesar de lo horrible de tener que asumir semejante elección, lo más frecuente es que se elija sacrificar a uno que a varios, y parece lo más razonable.  Pero, ¿Qué pasa si el uno es el hijo o la madre del que elige y los otros son desconocidos o incluso asesinos y violadores?, ¿seguirías eligiendo igual?

Ahora pongamos el mismo dilema, pero en otro ámbito.  Si el uno es un asesino violador y los cuatro son las mejores personas del mundo, pero necesitan trasplantes para sobrevivir: ¿es correcto sacrificar al malvado para salvar a los cuatro fantásticos?  No existe diferencia entre el ejemplo del tren y este en cuanto al principio que debe guiar nuestros actos y claramente la disyuntiva es muy compleja, pero si suavizamos el ejemplo y decimos que hay que redistribuir la riqueza sacándole a uno para darle a otros, no nos parece tan malo e incluso hasta podemos pensar que es justo y equitativo, pero tengamos en claro que seguimos siendo el que elige qué hacer con el tren.

Es en este punto donde entra la parte del discurso: “gran parte de los conflictos humanos surgen de una fallida interrelación entre el derecho natural y el derecho positivo.  Así, el derecho natural es la ley que debe regir al ser humano porque se adecua a su naturaleza, y, por lo tanto, es justo en sentido universal. Es una ley común para todos los hombres porque es intrínseca a su esencia y, por lo tanto, inmodificable e inmutable”.

“Por otra parte, el derecho positivo es el que redactan los hombres para seguir a su conveniencia. De este modo, cuando la ley positiva está en consonancia con la ley natural habrá justicia. En su defecto, será legal, pero no será legítima”. 

La explicación es clara y concreta, y hay poco por agregar.  Solo diré que la ley positiva debe respetar el derecho natural para ser legítima: el derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad privada y a la búsqueda de la propia felicidad.  Estos cuatro principios son los que definen la soberanía individual, son los únicos que respetan a la minoría más pequeña que existe y que es común a toda la humanidad, más allá de la raza, el sexo o el credo: el individuo.

El “retornar a los valores judeocristianos” no debe entenderse desde un aspecto místico religioso sino cultural.  Estos valores se expresan en las virtudes teologales: fe en la razón, esperanza en la humanidad y caridad entendida como filantropía y no limosna.  Y las virtudes cardinales descritas por Platón y sistematizadas por Santo Tomás de Aquino: templanza para contener nuestra animalidad, fortaleza para enfrentar las vicisitudes y superarnos, prudencia para sopesar nuestras decisiones y justicia en nuestros actos para con los otros y para con nosotros mismos.

Para finalizar, una apostilla necesaria.  Cardinal quiere decir “gozne o bisagra”: un punto fijo que sirve para limitar y guiar el movimiento de una puerta, una ventana o la acción humana.  Cuando Javier Milei llama a retornar a los valores judeocristianos o de Occidente, está invitándonos a rechazar el relativismo ético y moral, el pragmatismo utilitarista y la decadencia cultural promovida por el wokismo, responsable de nuestro oscuro presente.

Gentileza; Rogelio López Guillemain -fidias1967@gmail.com

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail