La tormenta de Reyes dejó miles de hectáreas dañadas en el Sur provincial. Desde el Gobierno plantean la necesidad de comenzar a trabajar con otros cultivos.
Cultivos en zonas de alto riesgo
El ministro de Producción, Rodolfo Vargas Arizu, afirmó que “hay productores que están en zonas donde el riesgo es altísimo, y tienen que cambiar”. El funcionario recordó que existe una normativa que fija límites a las actividades agrícolas en áreas castigadas de manera sistemática.
Necesidad de un cambio en la producción
Vargas Arizu sostuvo que el contexto productivo es otro. El agua es más escasa, los costos suben y la demanda ya no asegura márgenes como en otros tiempos. Por eso, insistir con uva u otros cultivos sensibles en zonas de caída recurrente solo termina perjudicando tanto al productor como al Estado.
En ese marco, la reasignación de recursos estatales podría orientarse hacia alternativas productivas más sostenibles y adaptadas a la demanda, abriendo un eje de discusión que trasciende lo coyuntural y se planta sobre una nueva estructura de negocio para la provincia.
“Hay gente que se adhiere al seguro y subsiste con el seguro. Eso no puede ser el negocio. Tienen que cambiar”, remarcó.
El ministro enumeró alternativas viables para las zonas críticas del sur mendocino, donde se concentran más de 900 explotaciones catalogadas como de riesgo permanente. “Son zonas ganaderas. Hoy se usa agua escasa para regar cultivos que no llegan a cosecha. Con pasturas tenés cinco o siete cortes al año; si te cae granizo, perdés uno, pero no los siete”, explicó.
El Ministerio ya trabaja en una propuesta integral para ayudar a mejorar las perspectivas: “Después de la cosecha vamos a presentar un programa de reconversión varietal y de cambio productivo: papa semilla, pasturas, ganadería. Queremos incentivar esos cambios”, adelantó.
Alternativas en las zonas con granizo frecuente
Aunque hay productores que sostienen que “así es con la producción ”, otros, cansados de perder un año de trabajo en pocas horas, analizan la necesidad de hacer cambios.
“Hay que destacar es que en las fincas con tela antigranizo fue mínimo el daño. En eso hay que trabajar mucho”, evaluó el prosecretario de la Cámara de Comercio de General Alvear, Nicolás Alonso.
Por eso, considera que lo fundamental es que más productores accedan a créditos para colocación de malla. Pero también reconoció que hay mucha reconversión de cultivos: tomate en algunos casos y almendros en otros. Y cuando se cansan de los daños, optan por las pasturas.
Agustín Fernández, presidente del Clúster Ganadero de Mendoza, comentó que los productores que tienen pocas hectáreas de tierras bajo riego, y no pueden invertir en tela antigranizo y un sistema contra heladas, están dejando los cultivos tradicionales para plantar alfalfa y tener terneros o vacas alimentados por esas pasturas.
Explicó que, con esto, minimizan un poco el riesgo de las tormentas, porque se puede perder un corte, pero no se deja de producir. “Quizás es un modelo con menos rentabilidad, comparado con una buena cosecha de ciruela, pero es más seguro”, indicó.
Protección con malla antigranizo
Arturo Morozumi, quien es un productor grande de ciruela y otros frutales, decidió realizar una fuerte inversión en malla antigranizo después de la tormenta del año pasado. “Nos ha salvado”, lanzó y agregó que habían terminado con la tarea de colocación unos días antes del granizo. De todos modos, indicó que han logrado cubrir el 20% de la superficie, cuando lo ideal es alcanzar el 70 a 75%.
Contó que en 2025 el granizo les afectó el 100% de las fincas, mientras que este año, el 70% de las propiedades. Manifestó que ellos, que tienen una estructura integrada, con un volumen de producción importante y galpón, están teniendo problemas para sostenerse, por lo que manifestó que no sabe cómo harán los más pequeños.
Detalló que las plantas florecieron mal esta temporada (por el granizo de la pasada y el viento zonda). Con los daños más recientes, estima lograrán sacar un 30% de una cosecha promedio.
El productor añadió que el problema de fondo es la baja rentabilidad de la agricultura, que dificulta que se pueda hacer frente a las inclemencias, invertir en malla y en sistemas de lucha contra las heladas, y que hace que los jóvenes no quieran sostener la actividad de sus padres y abuelos. “Hay que salir del círculo vicioso y pasar a uno virtuoso”, planteó.




