El presidente de la Nación, Javier Milei Presidencia
Luego de Arturo Frondizi, Carlos Menem y en alguna medida Mauricio Macri, Javier Milei es el cuarto intento de la Argentina por desarmar el modelo corporativo de economía cerrada. Las chances de éxito aumentan gracias al equilibrio fiscal y las inversiones del RIGI que llegan para exportar.
La Argentina abandonó las ideas de la libertad con el golpe de 1930. Desde entonces se fue alejando del comercio exterior, para apostar un pleno a la economía cerrada y dirigida por el Estado. Apagó el motor de la inversión y las exportaciones, para ilusionarse con el placebo del gasto público alimentado con emisión monetaria.
Solo bajo las presidencias de Frondizi (1958-1962), Menem (1989-1999) y en alguna medida Macri (2015-2019), el país buscó desarmar el modelo estatista que solo generaba un notable derrotero económico.
Los tres presidentes iniciaron sus gestiones desarmando el control de precios, el control de importaciones, los controles cambiarios, sincerando tarifas, además de que buscaron equilibrar las cuentas públicas para frenar la emisión monetaria y contener la inflación.
Macri fue el que menos resultado tuvo. El gasto público que heredó fue el más alto de la historia argentina y su ajuste llegó tarde y quedó corto. La confianza nunca llegó y menos las inversiones.
Ahora bien, la economía cerrada genera un caldo de cultivo para el corporativismo, donde los pocos “ganadores a dedo” buscan frenar, impedir y limitar todo cambio de modelo económico. De hecho, luego de las tres presidencias, lejos de sostener el camino, el siguiente gobierno volvía con desesperación al modelo que se forjó en 1930/40. Un pozo gravitacional donde el corporativismo utiliza todas sus herramientas para que no se cambie ni una coma del modelo económico.
Milei, equilibrio fiscal y RIGI
Milei es el cuarto intento de la sociedad argentina de desarmar el modelo económico que ya cumple 90 años, sumó 16 ceros a la moneda y llevó a la mitad de la población a la pobreza.
Al igual que Frondizi, Menem o Macri, Milei también inició su gobierno eliminando el control de precios, los controles cambiarios, el control de importaciones, sincerando tarifas de servicios públicos y quitando los cupos a las exportaciones, entre otros aspectos para alcanzar un piso mínimo de economía libre, que tienda los puentes para reconectar el país con el comercio exterior.
Pero la gran diferencia es que Milei por primera vez en toda la historia logró que Argentina tenga equilibrio en las cuentas públicas, posibilitando al Banco Central a recuperar el control de los agregados monetarios y matar la inflación en forma estructural.
El equilibrio en las cuentas públicas le otorga a Javier Milei una carta que no se jugó en la historia. La inflación colapsa, la economía retoma el crecimiento y la vieja guardia de la economía cerrada no encuentra flanco por donde sabotear los resultados e impedir el cambio de modelo.
Pero hay otra gran diferencia. Las olas de inversión privada que llegaron en las presidencias de Frondizi y Menem no buscaban exportar, sino cubrir el mercado interno. El punto no es menor, la entrada de dólares por inversiones otorgó un impulso económico, pero cuando se cortó la inversión al cubrir el mercado interno, apareció la sequía de dólares que apagó el crecimiento.
En el caso de Javier Milei, las inversiones que están llegando de la mano del RIGI buscan más exportar que cubrir el mercado interno. Por los que los dólares que primero llegan por inversiones luego empalman con mayores exportaciones. Desaparece el fantasma de la sequía de dólares que afectaron a Frondizi y Menem.
En definitiva, con equilibrio fiscal Milei está matando la inflación en forma estructural, y con el RIGI la economía no tendrá sequía de dólares, dado que las inversiones empalman con un salto exportador.
Milei no gesta los errores que tuvieron Frondizi y Menem. Equilibrio fiscal y RIGI son pilares que aumentan las chances de éxito en abandonar el corporativismo estatista de economía cerrada. Soltar el placebo inflacionario del gasto público y retornar a un piso de economía libre que vuelva a prender los motores de la inversión y el comercio exterior.

