Pablo Lázaro, Gran Maestro de la Gran Logia Argentina, llegará este viernes a Mendoza para participar de la Semana Sanmartiniana. Hablará sobre “Masonería y los valores Sanmartinianos” y luego descubrirá una placa en el Cerro de la Gloria. La actividad vuelve a poner en escena el vínculo entre la masonería, José de San Martín y la organización de la campaña libertadora que tuvo a Cuyo como escenario decisivo.
La llegada a Mendoza de Pablo Lázaro, Gran Maestro de la Gran Logia Argentina, no será solamente una actividad protocolar dentro de la Semana Sanmartiniana. Su presencia pondrá en el centro de la escena uno de los capítulos menos conocidos —y también más discutidos— de la historia de la Independencia: el papel que tuvieron las sociedades secretas y, particularmente, la Logia Lautaro, en la construcción política y militar del proyecto emancipador encabezado por José de San Martín.
Lázaro brindará este viernes 14 de agosto, a las 10, la conferencia “Masonería y los valores Sanmartinianos”, en el Salón de los Pasos Perdidos de la Legislatura de Mendoza. La actividad será abierta al público y estará organizada por la Cámara de Diputados de la provincia.
Dos horas más tarde, a las 12, el dirigente masónico participará del descubrimiento de una placa en el Cerro de la Gloria, uno de los lugares que mejor sintetizan la dimensión cuyana de la gesta sanmartiniana.
Y es justamente allí donde la historia adquiere una dimensión especial: sin Mendoza y sin Cuyo, el proyecto continental de San Martín difícilmente habría podido transformarse en realidad.
La masonería y el nacimiento de la Patria
Durante décadas, el papel de la masonería en los procesos independentistas latinoamericanos permaneció rodeado de misterio, interpretaciones enfrentadas y versiones contrapuestas. Sin embargo, existe coincidencia en que las sociedades secretas y las redes políticas de la época constituyeron herramientas relevantes para quienes buscaban romper el vínculo colonial.
En el caso de San Martín, la propia Gran Logia de la Argentina sostiene que el Libertador fue iniciado en Cádiz, que posteriormente integró los llamados Caballeros Racionales y que, tras su llegada al Río de la Plata, participó de la creación de la Logia Lautaro, organización que tuvo como objetivo central impulsar la independencia americana.
La importancia de estas organizaciones no radicaba solamente en sus rituales o en su carácter reservado. En el turbulento escenario político de comienzos del siglo XIX, la posibilidad de establecer redes de confianza, disciplina, compromiso y coordinación política resultaba decisiva.
La historiografía tradicional, representada entre otros por Bartolomé Mitre, describió a la Logia Lautaro como una organización destinada a trabajar “con sistema y plan” por la independencia de América. El Instituto Nacional Sanmartiniano reproduce ese análisis y señala que la organización creada en Buenos Aires en 1812 tuvo una influencia significativa tanto en la política revolucionaria como en la conducción de la guerra.
No obstante, existe un debate historiográfico acerca de si la Lautaro debe ser considerada estrictamente una logia masónica o, más precisamente, una sociedad política revolucionaria que utilizó estructuras, grados y mecanismos propios de la tradición masónica. Esa discusión no modifica un dato central: San Martín y otros dirigentes independentistas utilizaron redes reservadas de organización política para impulsar el proyecto emancipador.
San Martín y la Logia Lautaro: independencia antes que intereses personales
La figura de San Martín aparece íntimamente ligada a esa trama.
La Logia Lautaro fue creada en Buenos Aires en 1812 y tuvo entre sus principales protagonistas a San Martín, Carlos María de Alvear y José Matías Zapiola. Su objetivo político estaba vinculado con la independencia de los territorios americanos y con la necesidad de darle un rumbo organizado a la revolución.
El análisis histórico de Mitre destaca que la organización funcionó como un mecanismo de coordinación política y revolucionaria en un momento en que la causa independentista todavía estaba lejos de ser una decisión definitiva de las autoridades rioplatenses.
Ese dato resulta fundamental para comprender la trayectoria posterior del Libertador. San Martín no llegó a Mendoza simplemente para organizar un ejército: llegó con un proyecto político y militar de alcance continental.
Y Cuyo fue el territorio elegido para convertir ese proyecto en una fuerza concreta.
Cuyo, la gran plataforma de la emancipación
Cuando San Martín asumió como gobernador intendente de Cuyo en 1814, Mendoza, San Juan y San Luis pasaron a ocupar un lugar estratégico en el proyecto continental.
Aquí comenzó una de las mayores operaciones políticas, económicas, sociales y militares de la historia argentina: transformar una región de frontera en la base de operaciones del Ejército de los Andes.
La tradición masónica argentina sostiene que, poco después de asumir como gobernador intendente de Cuyo, San Martín impulsó la creación de la Logia Lautaro de Mendoza, siguiendo la estructura que ya había utilizado en otros puntos del territorio.
La importancia de esta circunstancia excede largamente a la masonería.
La red de vínculos políticos permitió acompañar el proyecto sanmartiniano mientras en Mendoza se organizaban recursos, hombres, armas, animales, alimentos, vestimenta y todo aquello que resultaría imprescindible para atravesar la Cordillera de los Andes.
Cuyo se convirtió así en el gran taller de la Independencia.
Desde Mendoza se diseñó y ejecutó una empresa que parecía imposible: formar un ejército capaz de cruzar una de las cadenas montañosas más difíciles del mundo, liberar Chile y abrir posteriormente el camino hacia el Perú.
Una red que acompañó al Ejército de los Andes
La dimensión política de la Logia Lautaro permite comprender que la campaña sanmartiniana no fue solamente una operación militar.
Detrás de los soldados que cruzaron la cordillera existió una extensa red de dirigentes, funcionarios, comerciantes, militares y civiles comprometidos con la causa emancipadora.
La propia Gran Logia Argentina sostiene que las logias lautarinas proporcionaron a San Martín apoyo político y logístico para desarrollar su plan libertador.
Ese entramado fue especialmente importante en Cuyo, donde la movilización de la sociedad permitió sostener una empresa que demandó enormes sacrificios.
Por eso, cuando se habla del Ejército de los Andes, Mendoza no puede aparecer solamente como el punto geográfico desde el cual partió la expedición. Fue mucho más: fue su centro político, económico, social y estratégico.
Del sueño de la independencia al cruce de los Andes
El proceso desembocó en la organización del Ejército de los Andes y en el cruce de la cordillera en 1817.
La victoria de Chacabuco abrió el camino para la independencia de Chile y permitió que el proyecto sanmartiniano avanzara hacia su objetivo mayor: llegar al Perú y terminar con el poder español en Sudamérica.
En ese proceso, las redes políticas construidas previamente fueron una herramienta decisiva.
La masonería, en esta perspectiva histórica, no aparece como un elemento aislado ni como una explicación única de la Independencia. Fue parte de una trama política e intelectual más amplia que atravesó a buena parte de los movimientos emancipadores de comienzos del siglo XIX.
Una visita que recupera una parte de la historia
La conferencia de Pablo Lázaro en la Legislatura mendocina adquiere así un significado particular.
Hablar de “Masonería y valores Sanmartinianos” en Mendoza implica hacerlo en el mismo territorio donde San Martín convirtió una idea revolucionaria en una formidable maquinaria política y militar.
Y el posterior descubrimiento de una placa en el Cerro de la Gloria reforzará simbólicamente esa conexión.
En vísperas de un nuevo aniversario del fallecimiento del Libertador, la visita del Gran Maestro de la masonería argentina vuelve a poner sobre la mesa una pregunta histórica que todavía genera debate: ¿cuánto de la organización, disciplina y estrategia que permitió la emancipación americana estuvo relacionado con las redes masónicas y las sociedades secretas de aquel tiempo?
Más allá de las discusiones académicas sobre la naturaleza exacta de la Logia Lautaro, hay una certeza que resulta especialmente significativa para Mendoza: la independencia no fue solamente declarada en un papel; fue preparada, organizada y peleada desde Cuyo.
Y en ese proceso, José de San Martín encontró en Mendoza el escenario donde su proyecto continental dejó de ser una idea para convertirse en una realidad.
Este viernes, en la Legislatura y luego frente al monumento que recuerda al Ejército de los Andes, la masonería argentina volverá a reivindicar ese capítulo de la historia nacional: el de una organización reservada, una generación de patriotas y un Libertador que hicieron de la independencia americana un proyecto concreto y continental.

