San Rafael, Mendoza jueves 16 de julio de 2026

«Prótesis molecular» para la retina dañada: crean fármacos activados por luz que restauran la visión en ratones ciegos

Uno de los investigadores del grupo de Nanosondas y nanoconmutadores del IBEC.

Un consorcio internacional liderado por el IBEC ha desarrollado unos compuestos inteligentes que imitan las células fotorreceptoras dañadas en algunas enfermedades degenerativas. El avance abre la puerta a futuros tratamientos no invasivos mediante colirios

La visión es probablemente nuestro sentido más apreciado, sin embargo, la degeneración de la retina causa la pérdida de la vista en distintas formas. Enfermedades degenerativas como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) -donde se pierde progresivamente el centro del campo de visión- y la retinitis pigmentaria (RP) -una patología hereditaria y minoritaria que destruye el campo de visión lateral- afectan ya a unos 200 millones de personas en todo el mundo. Más allá del devastador impacto personal en la autonomía de los pacientes, la pérdida de visión acarrea una carga económica global colosal: más de 400.000 millones de dólares anuales en costes sanitarios y pérdida de productividad.

Hasta ahora, la ciencia se enfrentaba a un muro. En estas enfermedades, las células fotorreceptoras -los detectores naturales de luz de nuestros ojos- mueren de forma irreversible. Aunque el resto del circuito neuronal de la retina permanece en gran medida intacto y funcional, ya no recibe las señales de luz necesarias para dirigir el procesamiento visual hacia el cerebro. Esta vía de investigación para restaurar la sensibilidad a la luz en el ojo lleva a estrategias que pasan por costosas y complejas terapias génicas, eficaces solo en mutaciones muy específicas, o prótesis electrónicas (chips intraoculares) que resultan altamente invasivas y requieren un largo entrenamiento.

Sin embargo, una investigación pionera que se publica este miércoles en la revista Journal of the American Chemical Society (JACS) abre un disruptivo y prometedor enfoque. Un consorcio liderado por el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) se basa en la fotofarmacología: fármacos activados por luz que actúan como «prótesis moleculares», señalan desde el IBEC, logrando devolver la percepción visual funcional a modelos animales ciegos sin tocar sus genes y sin implantar ningún dispositivo.

Para entender este enfoque hay que mirar al fondo del ojo. Cuando la luz entra a través de la pupila y el cristalino, se proyecta sobre la retina. Este tejido no es solo una pantalla, sino un intrincado circuito neuronal que funciona mediante una reacción en cadena. En una retina sana, las primeras células en reaccionar son los fotorreceptores. Estas células captan la luz y transmiten la información a las siguientes neuronas del circuito: las llamadas células bipolares ON. Para recibir esa información, las células bipolares ON utilizan una proteína situada en su superficie llamada mGlu6, que actúa como una puerta o cerradura molecular indispensable para transmitir la señal visual hacia el cerebro.

Una prótesis molecular

¿Qué ocurre en un paciente con ceguera por degeneración retiniana? Los fotorreceptores (los emisores de la señal) mueren y desaparecen. Sin embargo, el resto del circuito -incluyendo las células bipolares ON y su proteína mGlu6- sigue presente y biológicamente funcional. El problema es que esa puerta de entrada se queda esperando una señal que ya nunca llegará. Al no recibir estímulos, el sistema visual queda completamente en silencio.

Ahí es donde interviene la innovación del IBEC y sus colaboradores. El equipo ha diseñado una familia de pequeñas moléculas fotosensibles, llamadas prosthe6, que actúan como una prótesis molecular: son capaces de imitar las funciones de los fotorreceptores perdidos. El fármaco se administra en el ojo y se une directamente a la proteína mGlu6 de las células bipolares ON.

Cuando la luz ordinaria incide en el ojo, la molécula prosthe6 cambia de forma instantáneamente, activando la proteína mGlu6. «Nuestro objetivo era restaurar la visión mediante un mecanismo molecular lo más parecido posible al funcionamiento de una retina sana», afirma Rosalba Sortino, coprimera autora del estudio. «En lugar de sortear el procesamiento visual de la retina, queríamos reactivarlo justo en el mismo punto del circuito retinal donde normalmente actúan los fotorreceptores perdidos». Al dirigirse a estas células específicas, las señales se propagan correctamente por todo el circuito y se envían al cerebro, respetando el flujo natural y fisiológico de la visión.

Los resultados preclínicos del consorcio son extraordinariamente prometedores en dos modelos animales diferentes. En larvas ciegas de pez cebra, los científicos lograron restaurar los movimientos oculares sacádicos (el reflejo optocinético, es decir, de seguir movimientos con la mirada). Los peces recuperaron la capacidad de detectar patrones de franjas y movimientos y seguirlas, lo que «corresponde a un nivel de elaboración visual más elevado», según Sortino, exdoctoranda de la Universidad de Barcelona y actualmente investigadora posdoctoral en el grupo de Pau Gorostiza en el IBEC (la investigación forma parte de su tesis doctoral).

Pero, además, los compuestos demostraron su eficacia en modelos murinos (ratones) que padecían degeneración macular y retinitis pigmentaria. Los ratones sanos evitan la luz intensa y buscan siempre refugio en zonas oscuras. Al perder la vista, se mueven indistintamente por cualquier espacio al no percibir luminosidad. Tras aplicarles el tratamiento con prosthe6, los ratones ciegos recuperaron de forma espontánea y sin ningún entrenamiento previo su preferencia por las áreas oscuras porque volvían a percibir la luz.

Un aspecto importante es que los compuestos están diseñados para funcionar en condiciones normales de iluminación, no requieren dispositivos externos para amplificar la luz como en otras tecnologías en fase de ensayo como la optogenética. Son moléculas pequeñas y solubles en agua que responden a la luz visible o blanca ordinaria (como la iluminación interior o la luz diurna). Dos compuestos, prosthe6-12 y la prosthe6-15, mostraron resultados especialmente prometedores. Los comportamientos restaurados se observaron no solo tras la inyección intraocular, sino también tras la administración tópica en forma de colirios.

No curan la ceguera

Pau Gorostiza, profesor de investigación ICREA en el IBEC, líder del grupo de Nanosondas y Nanoconmutadores, miembro del CIBER-BBN (Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina) y colíder del estudio, subraya que estas moléculas «no curan la ceguera, ya que no abordan la causa de la degeneración de los fotorreceptores. Sin embargo, son sorprendentemente eficaces a la hora de restaurar la visión, y lo hacen mediante un enfoque muy sencillo y potencialmente fácil de usar para los pacientes».

La tecnología ya está protegida por una patente y el equipo se encuentra evaluando la seguridad y formulación para lograr que el efecto de rehabilitación visual sea lo más prolongado posible. Aunque la investigación se sitúa aún en fase preclínica (no se ha estudiado en humanos), el horizonte es brillante. De tener éxito en personas, esta alternativa se convertirá en un tratamiento universal, asequible y accesible, independiente de la mutación genética específica que haya causado la ceguera del paciente. «Convertir esto en una terapia es un proceso largo y complejo», concluye Gorostiza, «pero los resultados muestran que existe una posibilidad realista de restaurar una visión de alta calidad mediante fármacos, de forma no invasiva, reversible y con un mecanismo independiente de la enfermedad retinal».

Este hito internacional ha sido posible gracias a una estrecha colaboración de más de una década coordinada por el IBEC, en la que participan el equipo de Pedro de la Villa en la Universidad de Alcalá (UAH), el Institut de Química Avanzada de Catalunya (IQAC-CSIC), la Universidad de Barcelona (UB), el Instituto Ramón y Cajal de Investigación en Salud (IRYCIS), la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y la Fundación Eduard Soler.

Fuente:https://www.elmundo.es/salud/2026/07/15/6a573843e4d4d8f66f8b4591.html

 

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