Una de las células sintéticas creadas por el laboratorio de Kate Adamala, vista con microscopía.UMN
La creación del laboratorio de Adamala es un buen hallazgo, pero se ha exagerado hasta la hipérbole, advierten varios expertos
“El trabajo está muy bien, pero la narrativa que se ha creado en torno a él está completamente hiperinflada”, resume Víctor de Lorenzo, investigador del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC. “El trabajo es técnicamente muy sólido y un avance tecnológico importante. Precisamente por ello, no creo que necesite ser presentado como la ‘creación de vida en el laboratorio’, una interpretación que predomina en The New York Times, pero que resulta claramente exagerada. En ningún momento se crea vida de novo. Lo que se demuestra es la capacidad de ensamblar manualmente, utilizando componentes bioquímicos y partes celulares preexistentes, un sistema similar a una célula que reproduce algunas de sus funciones”, razona Lorenzo.
Los investigadores han creado réplicas de células reales en una versión muy simplificada. Se trata de estructuras esféricas microscópicas que contienen enzimas y 90.000 letras químicas de ADN como genoma. Todos los seres vivos de la Tierra tienen un genoma hecho de ADN que contiene las instrucciones esenciales para fabricar proteínas, las moléculas esenciales que les permiten vivir y reproducirse. El genoma de un humano tiene 3.000 millones de letras químicas de ADN, el del microbio Escherichia coli, unos 4,5 millones. La vida en la Tierra lleva completando el ciclo vital más de 3.000 millones de años, siempre mejorándose a sí misma a través de la evolución. Las nuevas células de Adamala imitan ese proceso copiando su genoma y dividiéndose para producir células hijas, pero solo si los científicos las empujan a hacerlo desde fuera. Pueden alimentarse, pero no sobrevivirían fuera del laboratorio. En unas pocas generaciones, su genoma estaría mermado y su capacidad de reproducción, inservible.
“Los propios autores son claros al afirmar que esto no constituye la síntesis de la vida”, explica De Lorenzo. “Tampoco creo que esto represente una ruptura radical como algunos titulares sugieren. Las propiedades que tiene —autoorganización, ejecución de determinadas funciones celulares y mantenimiento de un estado dinámico— ya se habían reproducido antes en sistemas sintéticos mucho más simples y capaces de recrear rasgos característicos de los sistemas vivos”, añade.
Hace un año, un equipo dirigido por el español Juan Pérez-Mercader, investigador de la Universidad de Harvard, ya demostró la creación de células sintéticas capaces de reproducirse, en este caso de una forma completamente abiótica, sin compuestos esenciales para la vida.
La forma en que se ha hecho el anuncio es polémica. El equipo lo envió a una prestigiosa revista científica revisada por expertos independientes, que lo rechazó. Entonces contactaron con algunos medios y les contaron los experimentos, descritos en un documento de 190 páginas que han colgado en su web. Ahora aseguran que volverán a enviarlo para su revisión y publicación. Este jueves, el equipo ha ofrecido una conferencia de prensa virtual organizada por una gran consultora de comunicación para explicar su hallazgo.
Ángel Raya, director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB), es tajante: “No voy a opinar sobre resultados que no han superado revisión por pares. Publicar en prensa antes que en revistas científicas es márketing, no ciencia”.
Adamala también ha cofundado una empresa junto a su colega Drew Endy, de la Universidad de Stanford y pope del campo, con la que pretende crear una infraestructura tecnológica para la ingeniería biológica y asegurarse de que esta se abre a científicos de todo el mundo. Los autores argumentan que su estudio abre por primera vez la posibilidad real de construir la vida desde cero y quieren que toda la comunidad pueda participar en ello.
“Es como el software de código abierto a nivel celular”, opina Marc Güell, experto en biología sintética de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. El investigador defiende en parte la forma en que se hizo el anuncio: “No me sorprende mucho porque esto es ciencia de frontera que se lo pone muy difícil a los revisores de las revistas científicas, sobre todo cuando hablamos de grandes hallazgos de laboratorios que no son muy famosos”.
Estas células sintéticas, ¿están vivas? Difícil decirlo, piensa Güell. “Es un poco filosófico, pero la definición de vida es muy difícil. Claramente engloba sistemas químicos que perpetúan la complejidad de manera excepcional, pero demostrar formalmente qué es la vida podría incluso ser imposible. Este sistema, dado que puede hacer este ciclo celular, parece que perpetúa esta complejidad. Es un hito importante. El siguiente, más crucial aún, será poder replicar no sólo su información, sino también su maquinaria”, razona.
Las células de Adamala tienen ribosomas, máquinas moleculares naturales que traducen la información del ADN en proteínas. Pero estas máquinas se degradan y dejan de funcionar después de unas pocas generaciones, es decir, estas células son incapaces de no extinguirse, ni siquiera con el alimento y los empujones físicos de los científicos. “No sé si es un avance histórico, pero sí es muy relevante desde el punto de vista científico”, opina Güell. “Me parece muy útil para aprender las bases de la biología celular y quizás en el futuro construir células especializadas para aplicaciones concretas”.
Jack Szostak, Nobel de Medicina en 2009 por descubrir las estructuras que protegen al ADN para que no se eche a perder, es también positivo. “No conozco ningún otro esfuerzo por crear una célula artificial a partir de componentes biológicos que haya avanzado tanto”, explica en un correo electrónico.
El equipo estadounidense ha intentado imitar la evolución. Introdujeron una mutación en sus células que les da una mayor capacidad de atrapar las pequeñas vesículas de grasa de las que se alimentan, con lo que crecen más rápido y se reproducen más. En unas pocas generaciones esa mutación es mayoritaria, pues confiere una ventaja. Parece evolución, pero no lo es, pues la mano de los científicos introduciendo el cambio y empujando la división es una intervención artificial que no existe en la naturaleza. “Una vez que este equipo perfeccione el mecanismo de replicación del ADN podrán tener algo mucho más parecido a la evolución darwiniana que vemos en la naturaleza”, añade Szostak.
Hasta ahora, los mayores hitos en este campo se habían conseguido con una aproximación opuesta: partir de un microbio real, vivo, y reduciendo su genoma hasta la mínima expresión. Este esfuerzo, liderado por el recientemente fallecido Craig Venter, consiguió crear vida más sencilla que la vida natural. La aproximación de Adamala es la contraria: empezar de cero e ir construyendo los componentes básicos de un sistema autorreplicante.
“Es un avance importante”, opina Luis Serrano, experto en biología sintética e investigador del Centro de Regulación Genómica, en Barcelona. “Pero primero usan componentes naturales incluyendo un cóctel de 35 enzimas y alimentan la célula fusionando con otros liposomas que llevan los ribosomas y los nutrientes”, añade. Esto implica que las células sintéticas pueden completar un ciclo celular gracias a moléculas naturales, no construidas de cero. “Realmente no es una célula diseñada o hecha de compuestos no encontrados en la naturaleza. Se parece más a una célula mínima, como la de Craig Venter, que a una célula diseñada, pero es un trabajo muy bueno”, añade.
Serrano también critica las formas. “Lo normal si tienes un hallazgo de este calado es publicarlo en una revista importante, previa revisión de otros expertos. Eso le daría mucha más credibilidad y validez. Esta forma de anunciar las cosas se salta las normas. Por eso aún está por ver si lo que dicen es como dicen”, advierte.

