Era Domingo 22 de mayo de 1960 cuando un terremoto sacudió a Chile y el movimiento llegó hasta la zona de Bariloche en nuestro país, generando un terrible lagomoto (fenómeno en el cual se produce un fuerte oleaje o marea violenta dentro de un lago) en el lago Nahuel Huapi. marcando un suceso tan espectacular como trágico, llevándose la vida de dos personas en Bariloche y miles en Chile.
Cerca de las 15hr de una tarde apacible y soleada en aquel Bariloche del 60, un temblor sacudió la ciudad y una enorme ola se formó en el lago Nahuel Huapi que tapó y arrasó el muelle del puerto San Carlos.
“Aquel majestuoso día de otoño, mientras las tropas del Ejército realizaban una exhibición los integrantes del Club Náutico Bariloche, que tenía su sede en un pañol del muelle, estaban realizando diversas maniobras para sacar del agua a tres veleros para hacerle mantenimiento. San Martín, Arrayán y Ñire eran los nombres de aquellas embarcaciones.
En esa tarea se encontraba trabajando Andrés Kempel, un joven de por entonces 33 años, gasista. Además, de un excelente remero; incluso, ocasionalmente participó en carreras internacionales. Ese día formaba parte de las maniobras del varado de los veleros, a bordo de un «chinchorro».
Mientras tanto, Julio Frattini (38) salía de su casa junto a su esposa y sus tres hijas. Era bombero por vocación y mecánico automotor. También, se destacaba por ser un gran esquiador. Era el encargado del mantenimiento mecánico de una embarcación de pasajeros que poseía dos nuevos motores. Ese domingo, de pasada por el muelle los revisaría antes ser estrenados. Por lo que suspendió por unos minutos el paseo familiar.
Repentinamente, el suelo barilochense comenzó a moverse, el muelle se sacudía con fuerza. Algunas embarcaciones fueron llevadas lago adentro, otras de hundieron o quedaron partidas en mil pedazos. Al primero de los trabajadores se lo encontró sin vida unos días después y al segundo luego de una búsqueda intensa apareció un mes después”. Extractado del portal web Bache3000 de la ciudad de Bariloche.
Aunque en San Carlos de Bariloche, en la provincia de Río Negro, el episodio es recordado por los memoriosos, en el resto del país pocos saben que el “lagomoto” ocurrió o incluso que este fenómeno sea posible.
“San Carlos de Bariloche se ubica sobre el faldeo oriental de la Cordillera de los Andes. Es una zona habitualmente tranquila, que se ha convertido en un verdadero paraíso para el turismo. Botes y catamaranes de paseo navegan todo el año en su lago. Pero, aun así, es necesario recordar que se trata de una zona de riesgo sísmico, si bien no tan extremo.
El terremoto de 1960 tuvo su epicentro en Valdivia, Chile, y alcanzó una magnitud de 9,5. Fue el más intenso de los registrados en la historia humana. En Bariloche se sintió con intensidad, aunque no produjo daños directos. Sin embargo, nadie pensó que, como episodio final del sismo, el Lago Nahuel Huapi se retiraría unos metros para luego volver con inusitada potencia, bajo la forma de un oleaje de cinco metros de altura”. explica Ricardo Rocca, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba.
“El puerto estaba construido en madera y fue destrozado por la fuerza del agua, que ingresó más de 100 metros dentro de la propia ciudad, provocó daños y pánico generalizado. Al retirarse, el agua se llevó con ella dos vidas. El manso lago de origen glaciario, ese aliado de siempre que baña la costa de la ciudad, se había convertido sorpresivamente en un enemigo temible.
De todos modos, lo que sucedió en Bariloche no fue realmente un tsunami, porque no hubo desplazamientos de placas en el fondo del lago, ni modificaciones en el mismo. Todo el lecho del lago se sacudió, provocando un oleaje semejante al que ocurre al agitar violentamente un fuentón lleno de líquido. Lo mismo ocurre en diferente escala en tanques y piletas de natación durante grandes terremotos: el agua se desborda.
Este episodio poco conocido recuerda el poder de las fuerzas de la naturaleza. Ante ellas, lo mejor es extremar las medidas de prevención. La primera y más eficaz, claro está, es conocer los riesgos”. Concluye el profesor.
“Por estos días, muchos memoriosos (ya cada vez menos) recuerdan haber vivido de una u otra forma aquel atípico día de otoño. Pero las letras buscan darles un sentido homenaje a aquellas dos víctimas del único, y hasta ahora último, «lagomoto» en la historia de Bariloche” Bache3000.
Gentileza;
Beatriz Genchi
Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.
Puerto Madryn – Chubut.
