San Rafael, Mendoza martes 14 de julio de 2026

Argentina, con reservas de gas para dos siglos, no puede evitar los cortes en invierno

Pese al abundante recurso, durante los picos de frío del invierno la falta de infraestructura para su distribución obliga a industrias a parar

Debajo del suelo argentino, en la honda tierra de la Patagonia, se encuentra una de las reservas de gas esquisto más grandes del mundo. Según un informe de la ONG Fundar, el yacimiento de Vaca Muerta posee recursos equivalentes a aproximadamente 200 años del consumo interno argentino y el país se encuentra en su máximo histórico de extracción, con 140 millones de metros cúbicos producidos a diario. Sin embargo, cada año durante los días más fríos del invierno ningún récord alcanza y la Argentina sufre cortes de gas. Dado que los hogares tienen prioridad en el abastecimiento, las principales afectadas son las industrias, que en muchos casos se ven obligadas a paralizar su producción.

En la última semana, en la que las temperaturas en el país descendieron abruptamente por una ola polar, más de 500 industrias del país se vieron afectadas por las interrupciones en el suministro de gas, de acuerdo con distintas cámaras sectoriales. Las perjudicadas son principalmente las plantas ubicadas en las provincias del norte del país, más lejanas del punto geográfico donde se extrae el gas. Es que el problema central, que explica los cortes, es la falta de infraestructura para la distribución del gas. La materia prima está, lo que no se logra es hacerla llegar eficientemente a todo el país, un territorio unas 5,5 veces mayor que el de España.

La clave es ampliar la red de gasoductos, algo en lo que el país viene trabajando aunque no sin demoras y conflictos. El primer tramo del gasoducto Nestor Kirchner —alrededor de 573 kilómetros que unen Vaca Muerta con la zona centro del país— se inauguró en 2023 y está pendiente un proceso de “potenciación” que permitiría aumentar su capacidad de transporte. “El Gobierno de Javier Milei demoró 16 meses en aprobarla. Podría haber estado para este invierno, pero estará para el próximo”, precisa Juan José Carbajales, quien fue subsecretario de Hidrocarburos durante parte del gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) y es director del Instituto de Gas y Petróleo de la Universidad de Buenos Aires.

Almacenar gas es un asunto complejo. Para reducir su volumen es necesario licuarlo (y luego regasificarlo al momento del uso), es decir, transformarlo en GNL. En la Argentina no existe ninguna planta de licuefacción, aunque está en marcha un proyecto liderado por la petrolera estatal YPF para desarrollar buques de licuefacción flotantes frente a la costa de Río Negro, en la Patagonia argentina, con el objetivo final de exportar gas licuado al mundo.

Argentina tampoco tiene tanques de almacenamiento subterráneo de gas, como tienen muchos países de Europa. Para Julián Rojo, economista especialista energía e investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP UBA-Conicet), esto tiene una explicación sencilla: la inversión que debe hacerse es demasiado grande y serviría para resolver un problema que existe solo unos pocos días al año, dado que la mayor parte del tiempo Argentina no tiene problemas con el suministro de gas. Incluso le sobra para abastecer su demanda interna y exporta el excedente a Chile, Uruguay y Brasil.

En Argentina la prioridad en el suministro es para los hogares y los pequeños comercios, para los que el gas es su fuente principal de calefacción. El 55% de los hogares argentinos tienen conexión a una red de gas y el resto utiliza garrafas, que en ambos casos cuentan con subsidios que reducen el precio durante el invierno, momento en el que se triplica la demanda residencial. En este escenario, las industrias firman “contratos interrumpibles” de suministro de gas, que ya tienen incorporado en su precio la posibilidad de que si es necesario, se corte el servicio.

“Este contexto en que los hogares tienen gas irrestricto y relativamente barato potencia el consumo en invierno; no se tiende a cuidarlo”, agrega Carbajales. De todos modos, las tarifas de los servicios públicos pesan cada vez más dentro de la canasta de las familias desde el inicio del Gobierno de Javier Milei, que ha pasado la motosierra por los subsidios e impulsa ahora un proyecto en el Congreso para reducir las “zonas frías” del país que tienen una mayor compensación en sus boletas por sus condiciones climáticas.

En los picos de demanda de invierno, que dibujan en la curva de consumo anual una campana muy marcada, Argentina importa gas que llega por gasoductos desde Bolivia y también barcos cargados de GNL, que se regasifica en un buque en la terminal del puerto de Escobar y desde allí se distribuyen. El Gobierno de Milei intentó este año modificar el sistema al quitar de en medio a las entidades estatales que se encargan de la compra y distribución interna, con la intención de que cada industria que necesitara gas lo pidiera y pagara de antemano vía licitaciones. Muchas empresas, sin embargo, decidieron no hacerlo porque el precio les resultó muy caro: más de 20 dólares por millón de BTU (la unidad de referencia con la que se comercializa el gas), cuando suelen pagarlo alrededor de tres dólares en el mercado interno.

“Las industrias que no compran en esas licitaciones y esperan tienen tres opciones: cerrar y no producir; producir pero con otro combustible que puede ser incluso más caro, como el gasoil, o mucho más contaminante, como el carbón, o comprarle a un revendedor”, apunta Carbajales, que además señala que el contexto dio lugar a que aparezcan nuevas distorsiones en el mercado. Por caso, la empresa multinacional Trafigura (que en Argentina opera la red de estaciones Puma Energy) compró gas por demás y lo revende ahora en sus propios términos, “conformando un monopolio de hecho”, según el especialista. El contexto de la guerra en Medio Oriente, que presiona sobre el precio de los combustibles, le agrega una complejidad extra a la previsión y la gestión de este insumo.

“Es una gran paradoja lo que está pasando. Estamos hablando de récord de producción de hidrocarburos en Argentina, de superávit energético después de muchos años y, en ese país de tantas buenas noticias en materia energética, tenemos más de 600 fábricas paradas desde Córdoba para arriba porque no hay capacidad de transporte”, cuestionó Julio Fazio, presidente de Cerámica Salteña y vicepresidente de la Unión Industrial de Salta (UIS) en diálogo con medios locales, y agregó: “Tenemos que pensar cómo hacer que esa energía sea un medio para que la industria nacional esté produciendo y sea competitiva con el mundo”.

La suba de los costos de la energía es un frente más con el que deben batallar los empresarios de la industria, uno de los sectores más afectados por el modelo económico que impulsa el gobierno libertario y que posiciona como gran ganador, justamente, al sector energético.

Fuente;https://elpais.com/argentina/2026-07-13/argentina-con-reservas-de-gas-para-dos-siglos-no-puede-evitar-los-cortes-en-invierno.html

 

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