San Rafael, Mendoza martes 30 de junio de 2026

Las dos velocidades de la economía argentina agrandan la brecha

Vista aérea de Buenos Aires, Argentina, en una imagen de archivo.Getty Images

Los sectores que muestran mayor dinamismo son también los que aportan buena parte de las divisas, pero tienen bajo impacto directo en la generación de empleo

En las últimas semanas el Gobierno de Javier Milei tuvo varias noticias para festejar. La más importante, sin duda, por su efecto de mediano plazo, es el desempeño extraordinario del sector exportador. En los primeros cinco meses del año, el superávit comercial acumulado, de casi 11.800 millones de dólares, ya supera al registrado durante todo el año pasado.

Además de una buena cosecha del campo, la principal novedad es la consolidación de Argentina, desde mediados de 2023, como exportador neto de energía. Esto, además, se vio potenciado por los elevados precios internacionales del petróleo como resultado del conflicto entre Estados Unidos e Irán.

Ese superávit comercial fue clave para mejorar la posición financiera de la economía. No solo contribuyó a mantener al dólar relativamente estable, sino que le permitió al Banco Central acumular reservas de manera sostenida desde principios de año. Eso, sumado al equilibrio fiscal que el Gobierno mantiene desde el inicio de la gestión, llevó en las últimas semanas a que dos de las tres principales calificadoras de riesgo, Fitch y S&P, mejoraran la nota argentina, con impacto directo en la baja del riesgo país.

Por último, otra buena noticia vino por el lado de la inflación, la principal preocupación del Gobierno: en mayo registró la segunda baja consecutiva desde el pico de marzo. De todos modos, todavía se ubica en niveles altos para cualquier comparación regional razonable: 2,1% mensual.

Ahora bien, a pesar de todo lo anterior, la actividad económica, el empleo y los ingresos no parecen haberse beneficiado de la misma manera. La dinámica del mercado laboral sintetiza esa tensión. Como se ve en el gráfico, en el último año se perdieron casi 100.000 puestos de trabajo en el sector privado formal y otros 18.000 en el sector público. Una parte importante fue reabsorbida por el monotributo, un régimen simplificado que suele funcionar como puerta de entrada para ocupaciones de baja facturación y con menos derechos laborales. Por ejemplo, buena parte del empleo de plataformas se registra bajo esa modalidad. Es decir, el deterioro del mercado laboral no se expresa tanto en un salto del desempleo como en un cambio de composición: se reemplazan puestos formales, habitualmente mejor remunerados y con mayor protección, por ocupaciones más precarias y de menores ingresos.

Variación del empleo registrado (mar-26 vs mar-25)
−50.00050.000

Al profundizar en los motivos de la caída de los puestos privados formales, lo que se advierte es que los tres sectores que más empleo generan —comercio (20%), industria (18%) y actividades inmobiliarias y empresariales (14%)— son los de peor desempeño, mientras que los sectores que crearon puestos de trabajo lo hicieron en cantidades insuficientes y, además, tienen un peso menor en el total.

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La fuerte caída en la industria y el comercio está asociada, por un lado, con un consumo que no termina de repuntar, en un contexto de salarios que desde hace varios meses pierden contra la inflación. Por otro lado, con un dólar en niveles históricamente bajos que, combinado con la reducción de aranceles y la apertura a las importaciones que impulsó el Gobierno, aumentó la presión competitiva sobre esos sectores.

No obstante, el Gobierno se defiende argumentando que la actividad económica viene mejorando de manera sostenida y que hoy se ubica en los niveles más elevados de los últimos años. La afirmación es cierta, pero incompleta: como muestra el gráfico, ese resultado se explica sobre todo por el muy buen desempeño de cuatro sectores —el agropecuario, la energía, la minería y los bancos—, que empujan el promedio hacia arriba. El resto, que abarca a la mayoría de los sectores, muestra hace más de un año un estancamiento en niveles bajos en comparación con los últimos años.

Esto nos lleva de nuevo al punto de partida y resume el dilema que presenta la economía argentina. Los sectores que muestran mayor dinamismo son también los que aportan buena parte de las divisas (agro, energía y, en menor medida, minería), pero tienen bajo impacto directo en la generación de empleo. En cambio, los sectores más relevantes para el mercado laboral, como la industria y el comercio, quedaron golpeados por la competencia externa y por un tipo de cambio bajo.

Así, lo que se observa es una economía muy sólida en términos de divisas, algo clave para sostener la estabilidad cambiaria y la desaceleración inflacionaria, pero incapaz, por ahora, de impulsar la demanda interna lo suficiente como para que los sectores orientados al mercado doméstico empiecen a recuperarse y vuelvan a traccionar empleo.

El Gobierno puede mostrar como logros el superávit fiscal, la acumulación de reservas, la estabilidad cambiaria y la reducción de la inflación. Pero esos factores todavía no alcanzan para hablar de una recuperación económica consolidada. Una economía no termina de recuperarse cuando mejora su balance comercial: se recupera cuando vuelve a crear empleo formal, mejoran los salarios y se reactivan los sectores que viven del mercado interno. Esa es la prueba que el programa económico aún no logró superar y que será, sin duda, uno de los principales desafíos de cara a 2027, cuando Milei buscará su reelección.

Fuente:https://elpais.com/argentina/2026-06-29/las-dos-velocidades-de-la-economia-argentina-agrandan-la-brecha.html

 

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