San Rafael, Mendoza martes 09 de junio de 2026

El desguace de las becas universitarias en Argentina: “Antes podía comprar libros, ahora ni puedo pensarlo”

Marcha Federal Universitaria, en Buenos Aires (Argentina), el 12 de mayo.Juan Ignacio Roncoroni (EFE)

Desde que gobierna Milei, el presupuesto destinado a subsidios de ayuda económica para alumnos de bajos ingresos se redujo casi un 80% en términos reales

El ajuste del Estado ejecutado por la motosierra de Javier Milei tiene entre sus principales víctimas a las universidades públicas de Argentina. Y dentro del mundo académico, una de las áreas más perjudicadas es la de las becas para estudiantes. Si el presupuesto global de las sistema universitario ha sufrido una merma del 45% desde que Milei es presidente, los fondos destinados a brindar ayuda económica a los alumnos de bajos ingresos cayeron un 77,9%.

El monto que otorgan las becas está congelado desde 2024 y fue licuado por la inflación: son apenas 35.000 pesos mensuales (unos 25 dólares), una cifra exigua e insuficiente, aseguran los estudiantes. El recorte en la cantidad de alumnos becados también es drástico: se redujo casi a la mitad y hoy son pocos más de 186.000, sobre una matrícula que supera los 2,1 millones de estudiantes en las universidades públicas.

“La situación de las becas es paupérrima”, advierte Joaquín Carvalho, presidente de la FUA, la federación que representa a los centros de estudiantes universitarios de todo el país. “Hoy con 35.000 pesos no alcanza para cubrir ni siquiera el transporte mensual ida y vuelta hasta la universidad”, dice.

En Argentina, las becas de ayuda económica para estudiantes se organizan desde 2014 mediante el programa Progresar, dirigido a jóvenes cuyas familias perciben ingresos inferiores a tres salarios mínimos (hoy 1,08 millones de pesos, unos 777 dólares). El programa, que establece requisitos de rendimiento académico, tiene líneas de becas para educación escolar obligatoria, para educación universitaria y terciaria, y también para formación profesional.

Cuando asumió Milei, en diciembre de 2023, el presupuesto anual invertido en el Progresar sumaba 289.532 millones de pesos (unos 740 millones dólares al cambio oficial de entonces, unos 304 millones de dólares al cambio informal). Para este año, la inversión prevista es de 364.147 millones de pesos (unos 260 millones de dólares). Entre uno y otro valor medió, en pesos, una inflación acumulada del 303%. “La pérdida de la línea presupuestaria totaliza 77,9% real desde 2023”, señala el investigador Nicolás Lavagnino, del Centro iberoamericano de investigación en ciencia y tecnología.

El efecto de la motosierra se percibe en la cantidad de alumnos becados. Hace tres años, había un total de 1,8 millones de becarios en las diferentes líneas del programa. Mientras este año todavía está abierta la inscripción, en 2025 el universo de beneficiarios bajó a 971.280 estudiantes, según la información oficial. El número de becados cayó un 46%, pese a que el año pasado solicitaron la beca 1,7 millones de alumnos. Un registro similar se produjo en el caso específico de la línea de becas para alumnos universitarios: los datos informados por el Ejecutivo ante el Congreso indican que los estudiantes becados pasaron de ser 338.091 a comienzos de 2023 a ser 186.098 en 2025.

Hoy el principal reclamo de la comunidad académica respecto de las becas es la actualización del estipendio mensual que reciben los alumnos. A fines de 2023, la beca asignaba 20.000 pesos por mes. El Gobierno de Milei dispuso un solo aumento, en septiembre de 2024, y la llevó a 35.000 pesos. Desde entonces, permanece fija en ese valor. Es decir que, en un lapso donde la inflación acumulada excedió el 300%, la beca se incrementó solo un 75%.

“Al principio la beca era muy buena, pero ahora quedó muy desactualizada”, cuenta Sofía, 24 años, estudiante de comunicación en la Universidad de General Sarmiento, ubicada en Los Polvorines, en el extrarradio de Buenos Aires. Sofía se inscribió en el Progresar en 2021. “Cuando arranqué, la beca me alcanzaba para comprar fotocopias y apuntes de las materias, me alcanzaba para comer en la universidad y para cargar la Sube [la tarjeta de transporte]. Podía cubrir todos los gastos básicos de estudiar y, en los meses que no se cursaba, hasta podía pagarme otros gastos propios”. En los últimos tiempos, explica, la beca apenas le servía para comprar parte de los textos requeridos por una de las materias que cursaba. En abril consiguió una beca de su universidad y, como eran incompatibles, renunció al Progresar.

En la misma universidad, David estudia el profesorado de lengua y literatura. “A principios de 2023, a los 21 años, me anoté en el Progresar y me salió la beca. Todo este tiempo fue mi único ingreso, hasta este año que empecé a trabajar”, cuenta. Vive con sus padres, ambos jubilados, y su hermana. “La beca era una manera de aliviarle los gastos a mi familia”, dice. “Antes podía aprovechar también para comprarme libros. Ahora ni puedo pensar en eso”. Actualmente, con la beca llega a “comprar algunas fotocopias, nada más”, añade. “En mi carrera nos dan un montón para leer. Lo ideal es tener los textos y poder subrayar… Pero el año pasado prácticamente no imprimí nada. Estudio leyendo en la pantalla. Es una dificultad extra hacerlo todo virtualmente”, dice.

El caso de Jagger, 21 años, estudiante de la Universidad de Buenos Aires (UBA), es algo diferente. Obtuvo la beca cuando comenzó la carrera de actuario, en 2024. Para entonces, el subsidio ya estaba en declive. “Sufrimos bastante los aumentos del transporte, por la distancia desde mi casa hasta la facultad”, dice. Vive en La Matanza, en las afueras de la capital argentina, con su madre y su hermano, ambos trabajadores informales. Jagger no tiene un empleo estable, pero hace “changas”, ayuda en talleres o a los albañiles de la zona. Los gastos asociados a estudiar son muchos, lamenta. “Se me complica bastante, pero lo estoy bancando”, asegura. “Si yo me llego a graduar”, dice, “sería el primer y único universitario de mi familia”.

Ante las protestas por el recorte de las becas, el Gobierno de Milei ha planteado que, bajo la anterior Administración, el programa presentaba numerosas irregularidades y se “adjudicaban beneficios sin trazabilidad ni verificación efectiva”. Según indicó el jefe de Gabinete de ministros, Manuel Adorni, en su último informe ante la Cámara de Diputados, la actual gestión transformó el Progresar “en un verdadero sistema de becas orientado a acompañar la terminalidad educativa, aplicando de manera estricta los requisitos socioeconómicos y académicos establecidos”.

Las autoridades universitarias discrepan con el Ejecutivo nacional. “En las últimas décadas, a través de distintos gobiernos, Argentina había sostenido una política de Estado para otorgar becas de estímulo económico y seguimiento académico a los estudiantes de bajos recursos. Lamentablemente, hoy eso se ha deteriorado mucho”, señala Pablo Domenichini, rector de la Universidad de Guillermo Brown y encargado del área de extensión y bienestar del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN). El deterioro, detalla, no se limita a la falta de recursos y la disminución de los becarios: también incluye la ausencia de gestión estatal tanto para la difusión del programa como para el acompañamiento y la atención de los alumnos.

Hasta el momento no hay estudios sobre el impacto que el desfinanciamiento de las becas ha tenido en la matrícula y en el rendimiento estudiantil. La percepción de las autoridades académicas es que se está poniendo en riesgo el acceso a la universidad de un creciente sector de la sociedad con bajos ingresos y empleos informales. “Hoy el valor de la beca Progresar debería ser de 108.000 pesos para mantener el poder adquisitivo real que tenía hace tres años”, afirma Gonzalo Amador, coordinador de asuntos estudiantiles en la Universidad de Quilmes y en el CIN. El monto asignado por el Gobierno es menos de la tercera parte. “Cada universidad está supliendo como puede lo que ya no hace el Estado nacional”, dice, “con un gran esfuerzo, para no dejar a nadie afuera y sostener la calidad académica. Pero no sabemos cuánto más vamos a poder seguir así”.

La ley de financiamiento universitario aprobada por el Congreso el año pasado prevé un incremento, ajustado por inflación, de las becas estudiantiles y los salarios docentes. Pero Milei se niega a aplicarla la ley: la disputa está judicializada y, tras dos fallos favorables para las universidades y una nueva apelación del Ejecutivo, se espera una definición de la Corte Suprema.

Fuente:https://elpais.com/argentina/2026-06-08/el-desguace-de-las-becas-universitarias-en-argentina-antes-podia-comprar-libros-ahora-ni-puedo-pensarlo.html

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