San Rafael, Mendoza miércoles 27 de mayo de 2026

Mate Cosido se volvió leyenda – Por:. Beatriz Genchi

El famoso delincuente monterizo fue uno de los bandidos rurales más buscados en el norte argentino. Tenía una gran cicatriz en la cara que lo hacía acreedor al apodo.

Tal vez la última de sus andanzas: El 22 de diciembre de 1939, su banda secuestró a Jacinto Berzón, encargado de una estancia. Le pidieron a su familia 50.000 pesos de rescate con estas instrucciones: el 7 de enero de 1940, antes de que el tren llegase a Villa Berthet, a una señal debían tirar el paquete con la plata por una ventanilla.

El día fijado, Mate Cosido y “El Tata Miño”, un compinche, hicieron la señal con una linterna y el tren redujo la marcha. El grupo aguardaba en la penumbra a que lloviera, desde el vagón de un tren, el botín más grande que habrían conseguido hasta el momento por un secuestro.

Desde una ventanilla tiraron un paquete (tenía recortes de diarios) y los bandidos se acercaron confiados pues la oscuridad los protegía. De pronto, una bengala iluminó el lugar. Mate Cosido quedó inmóvil con la 45 en la mano.

Los gendarmes se incorporaron y tiraron con carabinas Mauser y pistolas Ballester Molina calibre 38 a todo lo que se movía. A la vez, descubrieron una ametralladora pesada Colt 7,65 que estaba tapada con una lona en un vagón bajo y sin techo.

Un balazo dio sobre algo contundente que llevaba el “Tata Miño” y se salvó, pero el jefe sintió que le quemaba la cadera. Le habían dado y quedó expuesto justo enfrente de la ametralladora. Se escuchó un chasquido, y otro más, y otro más. El gendarme artillero se puso pálido. Tenía a Mate Cosido a su merced, pero en el apuro se habían olvidado de quitarle el seguro a la ametralladora. Mate Cosido se alejó rengueando. Gritos y más tiros. El enemigo público número uno del Chaco había escapado.

Fueron decenas de balas disparadas por efectivos de una Gendarmería Nacional incipiente. Mate Cosido no sabía que lo habían traicionado y que la Gendarmería le había tendido una trampa.

Cierto es que, a 86 años de la última vez que se lo vio con vida, no hubo noticias oficiales del bandido, a quien la población rural de la región consideraba una especie de Robin Hood.

“Mate Cosido” nació el 3 de marzo de 1898 en Monteros. Tenía cinco hermanos y venía de una familia humilde. Al terminar la escuela primaria siguió el oficio de su padre trabajando en una imprenta. Desde temprana edad comenzó a tener problemas con la Policía. Narran los informes oficiales que la primera vez que lo detuvieron fue en octubre de 1918, a los 21 años, acusado de un robo. Lo sentenciaron a seis meses de prisión en suspenso por falta de pruebas; pero al tiempo le dieron una condena de nueve meses y medio por hurto. Desde allí mantuvo un tenso vínculo con la Policía.

Se dice que el conflicto con las autoridades se originó en un triángulo amoroso (¿¿parecido a lo de Vairoletto??). Al parecer, Peralta tuvo un romance con la pareja de un policía, y este, a modo de venganza, habría iniciado una persecución en su contra, llegando a inventarle la autoría de delitos.

Durante años Peralta vivió entre Tucumán, Santiago del Estero, Corrientes y Córdoba. En esa época no sólo agrandó su prontuario delictivo, sino que ganó numerosos amigos y simpatizantes, quienes, llegado el momento, lo ayudarían a mantenerse oculto. También se puso en pareja con la cordobesa Ramona Romano y tuvo a su único hijo, Ricardo Peralta.

La figura de “Mate Cosido” se enalteció entre las clases populares del norte argentino. En esa época, el país atravesaba un contexto en el cual los trabajadores rurales sufrían la explotación laboral de sus patrones o de empresas extranjeras que abusaban de los recursos naturales de las provincias.

Aaah si! ¡En esa época… (así dicen los historiadores)!

Peralta conocía del tema y fijó como blanco a los patrones y estancieros de las zonas por las que deambulaba. Era un caso único en el ambiente del delito debido a que solía escribir a una revista porteña. Ahora, para desmentir los partes de Gendarmería y contar su versión de los asaltos, crónicas periodísticas firmadas por el propio autor de los robos. Decía que los verdaderos ladrones eran sus víctimas, que explotaban el suelo argentino y a los campesinos.

Su fama e imagen generaron gran interés en los intelectuales, lo que derivó en ensayos y artículos analizando al personaje. El historiador pampeano Hugo Chumbita, en la edición de noviembre de 1991 de la revista “Todo es Historia”, citó a su colega inglés Eric J. Hobsbawm, y describió a Peralta como un “bandido social”. “El bandido social es aquel, que, a diferencia del bandido común, es solidario con su comunidad, se cree que roba a los ricos para ayudar a los pobres, por lo tanto, recibe la protección y es exaltado por su gente”, sostuvo.

En 1926, Peralta decidió abandonar Tucumán y mudarse a Chaco, que para ese entonces todavía no estaba conformado como una provincia, sino que se lo consideraba “territorio nacional”. En una de las múltiples cartas que le envió a “Ahora”, apuntó cómo los responsables de su partida de Tucumán a los policías que lo hostigaban constantemente y aseguró que se vengaría. “No estaba dispuesto a seguir soportando este estado de cosas. Rumiaba ya a mi partida un plan de desquite y en el viaje lo completé (sería asaltante). Ya que la policía no me dejaba otra alternativa, iba a vengar las lágrimas de mi madre con otras lágrimas”.

Una vez instalado en el monte chaqueño, cumplió su promesa. Formó una banda de aproximadamente 15 delincuentes y así lideró incontables asaltos a estancieros, directores de fábricas y patrones de estancias. Si bien su premisa era evitar la violencia a toda costa, algunos de los atracos no salieron como esperaba y en más de una ocasión hubo personas que fallecieron en los enfrentamientos.

Tal como mencionó Chumbita, durante la década del 30, “Mate Cosido” se convirtió en el enemigo número uno de Bunge & Born, Dreyfus, La Forestal y los grandes estancieros. “Sus aventuras conmovieron a todo el país. Los humildes del campo le brindaban ayuda, celebraban sus hazañas y lo convirtieron en mito”, afirmó el historiador.

Muy educado y hasta culto, acostumbraba a mezclar el coraje con la amabilidad, al punto de ser generoso en el pago de cualquier servicio o ayuda recibida. De modo que supo ganarse la estima popular.

El planeaba minuciosamente cada atraco. ¡Y siempre tratando de no usar la violencia, aunque…no siempre salía bien!  Su grito “de guerra” era: –¡La vida es de ustedes, el dinero no! –bramaba Peralta, a voz de cuello.

A mediados de 1940 se dijo que había muerto al infectarse la herida de la cadera; se dijo que se refugió en Córdoba; se dijo que la traición lo decidió a abandonar la delincuencia e irse a Paraguay, donde pasó el resto de su vida. Lo único cierto es que tenía 43 años y que nunca más se supo nada de él.

Gentileza

Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.
bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut.

 

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