San Rafael, Mendoza lunes 06 de abril de 2026

Siempre hay familiares olvidados – Por:. Beatriz Genchi

Leyendo la historia argentina pareciera que Manuelita hubiese sido la única hija de Don Juan Manuel, olvidando a su primogénito Juan Bautista.

Juan Manuel de Rosas se casó en 1813 con Encarnación Ezcurra. El casamiento estuvo precedido por un pequeño pero ruidoso escándalo que tuvo como protagonista a la madre de Rosas, Agustina López Osornio, la única persona en el mundo a la que Juan Manuel respetó y temió en su vida.

Del matrimonio con doña Encarnación nacieron tres hijos: Juan Bautista en 1814, María en 1815, que falleció enseguida y Manuelita en 1817. Doña Encarnación murió en 1838 y el lugar simbólico y todopoderoso del poder rosista lo ocupó Manuelita.

Y a decir la verdad…mientras tanto que hacia Juan Bautista? Nada. O casi nada. Marginado del poder, humillado y postergado por el padre, se dedicó a los caballos, a las mujeres y a lucirse en las fiestas. Podemos imaginarlo como una víctima del padre, alguien anulado por esa personalidad avasallante e impiadosa de su progenitor, un lugar común, dicen los entendidos, entre los hijos varones de los hombres poderosos. De su presencia en el mundo sólo ha quedo una foto, donde se distingue con dificultad a un ser de edad mediana, con patillas y bigote y un lejano parecido al padre.

Juan Bautista se casó en septiembre de 1835 con Dolores Eustaquia Fuentes Arguibel; pariente de él, más o menos de su misma edad y que habrá de fallecer en Buenos Aires en 1907. De ese matrimonio nació en 1839 Juan Manuel León Ortiz de Rosas, el mismo que en 1913 será también gobernador de la provincia de Buenos Aires.

El perfil del hijo varón de Juan Manuel más que bajo era invisible.

A la hora de indagar en la intimidad familiar de Rosas, importa tener presente que a partir de 1840, ya viudo y habiendo realizado el luto por la muerte de su esposa, este caballero de cuarenta y siete años empezó a convivir con Eugenia Castro, entonces una adolescente de catorce años, a quien su padre, militar y amigo del Restaurador le había encomendado su cuidado, con quien tuvo seis hijos, a saber : Ángela, Emilio, Joaquín, Nicanora, Justina, y Adrián, afirmando algunos historiadores que al momento del exilio Eugenia se encontraba embarazada. Ninguno reconocido legalmente y de los cuales lo poco que se sabe de ellos es que vivieron en el anonimato, algunos analfabetos, otros ganándose la vida como peones y sirvientes, los varones muy en particular, Joaquín y Adrián, eran muy parecidos a su padre.

Cabe señalar que después de Caseros Rosas le habría propuesto a María Eugenia llevarse al exilio sólo a dos de sus hijos en común, lo que ella no aceptó.

Para completar la información familiar, corresponde decir que había otro hijo en la familia: Pedro Pablo Rosas Belgrano. Pedro Pablo en realidad no era hijo de Juan Manuel y Encarnación, sino de su hermana, María Josefa y su amante Manuel Belgrano. Pedro Pablo nació posiblemente en Santa Fe en 1813 ó 1814 y fue adoptado por Juan Manuel y Encarnación. A cierta edad, le dijeron al muchacho quién era su verdadero padre, motivo por el cual éste incorporó el nombre de Belgrano a su apellido original. Pedro Pablo Rosas y Belgrano murió en septiembre de 1863.

Después de Caseros, sabemos que Rosas y su hija Manuelita se exiliaron en Inglaterra. Menos conocido es el dato que también se exilió Juan Bautista, su mujer y su hijo. Sin embargo, diez años después todos ellos volverán a Buenos Aires, algo que Manuelita jamás hará. Como se sabe, la hija del Restaurador, desobedecerá las órdenes de su padre y se casará con Máximo Terrero, con quien tendrá dos hijos: Manuel Máximo y Rodrigo Tomás. Manuelita y Terrero morirán en Londres: ella en 1898 y él en 1904.

A partir de 1862 el nieto de Juan Manuel inició una carrera política intensa. En 1870 falleció su padre, seguramente orgulloso de un hijo que se ha destacado por su heroísmo en las campañas militares en el Paraguay. Es que para desconsuelo de los futuros historiadores revisionistas, el nieto de Rosas fue un soldado que peleó bajo las órdenes de los ejércitos dirigidos por Bartolomé Mitre. Seguramente, con ese acto el nieto no era leal al revisionismo histórico, pero sí a los ideales de la ambiciosa y pujante clase dirigente de aquellos años.

A partir de 1870, Don Juan Manuel Ortiz de Rosas inició una prolija carrera política. Leal a Adolfo Alsina, se desempeñó como diputado, senador provincial y ministro. En 1891 será convencional constituyente en su provincia y en algún momento fue presidente del poderoso Banco de la Provincia de Buenos Aires. En 1898 será diputado constituyente en la asamblea convocada ese año para reformar la Constitución Nacional, y en 1903 será ministro del gobierno conservador de Marcelino Ugarte.

O sea que estamos ante un político conservador que rindió prolijamente todas las asignaturas exigidas para un dirigente político de aquellos años. En ese contexto, a nadie le debería llamar la atención que para 1913 fuese electo gobernador en un proceso azaroso donde todas las casualidades parecieron encadenarse con el objetivo de hacer gobernador de la provincia de Buenos Aires, con la primera elección bajo la Ley Saenz Peña del voto secreto y obligatorio, al nieto del ilustre Restaurador de las Leyes, con el triple de extensión territorial y mil por ciento más de población a la que gobernó su abuelo.

En la obra “Una sombra en el jardín de Rosas” se rastrea paso a paso la vida de Juan Bautista y de manera paralela a su devenir, reconstruye las sucesivas etapas de la Argentina de la época.

Gentileza;

Beatriz Genchi

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

 bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut

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