San Rafael, Mendoza miércoles 15 de abril de 2026

Ben-Hur…sin IA – Por:. Beatriz Genchi

La película Ben-Hur es una de las obras más monumentales en la historia del cine. La vi cuando era muy chica y la repito esporádicamente porque sigo descubriendo cosas.

Estrenada en 1959 y dirigida por William Wyler, esta producción se convirtió en un referente absoluto del cine épico, tanto por su escala narrativa como por su ambición técnica. El director asumió el proyecto porque quería hacer una película al estilo de Cecil B. DeMille, responsable de Los 10 mandamientos, Sansón y Dalila, entre otras obras cinematográficas.

Protagonizada por Charlton Heston, la historia sigue la vida del príncipe Judah Ben-Hur que es condenado a la esclavitud en un barco cuando su amigo de la infancia Messala (quien usó plataformas en sus zapatos para que su altura fuera más parecida a la de Charlton Heston), regresa a Jerusalén como un arrogante comandante de las fuerzas romanas.

Tras ser acusado injustamente, Ben-Hur es condenado a la esclavitud en galeras, mientras su familia es encarcelada. A partir de ese momento, la trama se transforma en un poderoso relato de venganza, redención y fe.

Gracias a su ferocidad en batalla y la buena fortuna, el protagonista regresa a la actual capital de Israel para vengarse y rescatar a su madre y hermana.

Aunque la historia central gira en torno a Ben-Hur, la figura de Jesucristo aparece de manera simbólica y silenciosa, influyendo profundamente en el desarrollo espiritual del protagonista. Este elemento le da a la película una dimensión religiosa que la distingue de otros relatos históricos.

Uno de los aspectos más impactantes de la cinta es su espectacular producción. Fue filmada en enormes sets en Italia, con miles de extras y escenarios colosales que recreaban la antigua Roma. La famosa escena de la carrera de cuadrigas es considerada una de las secuencias más impresionantes jamás filmadas, destacando por su realismo, tensión y ejecución sin el uso de efectos digitales.

Hollywood, cuna de la industria del cine, ha sido testigo de las mejores producciones que se han creado en torno a los relatos bíblicos y religiosos, que en la actualidad forman parte de las películas de culto de Semana Santa, pelis que tienen una gran popularidad en el mundo y pese a que se han hecho remakes, no han logrado superar a las originales. Entre ellas se encuentra Ben Hur.

La película se basó en la novela del escritor estadounidense Lewis Wallace, publicada por primera vez el 12 de noviembre de 1880. Este voluminoso libro nos relata la historia de un príncipe judío en un mundo en el que se despertada una nueva fe con la presencia terrenal de Jesús, el hijo de Dios. Su versión para la pantalla grande tiene una duración de 211 minutos, 3 horas y media, aunque se redujo para adaptaciones a la televisión. Y que figura en la lista de películas aprobadas por el Vaticano en la categoría de religión.

Judah Ben-Hur no es un personaje bíblico; es el protagonista ficticio de la novela. La Biblia menciona a un tal «Ben-Hur» en 1 Reyes 4:8, quien era un alto funcionario de Salomón encargado de suministrar alimentos, pero no tiene relación alguna con la historia de la novela. El nombre es de origen hebreo que significa «hijo de Hur» donde ben es «hijo» y Hur es un nombre propio asociado a menudo con «lino blanco», «noble» o «esplendor».

La monumental y oscarizada película nunca muestra el rostro de Jesús al espectador. A lo largo de la obra, la trayectoria de los protagonistas está estrechamente ligada a la de Cristo, hasta el punto de que el largometraje comienza con su nacimiento y termina justo después de su crucifixión.

Sin embargo, la representación de Jesús en Ben-Hur se diferencia radicalmente de las que estamos acostumbrados a ver en la pantalla, debido a una especificidad bastante llamativa de la puesta en escena: nunca durante la película vemos el rostro ni oímos la voz de Cristo.

Esta particularidad, que sin embargo ofreció al largometraje una de sus escenas más bellas, nació de una ley británica de la época, que simplemente prohibía la representación física o vocal de Jesús en el cine, a menos que fuera el personaje principal de la película. El actor estadounidense Claude Heater, que lo interpretó de espaldas, ni siquiera apareció en los créditos.

Sin embargo, aunque esta normativa pudo haber obstaculizado seriamente su puesta en escena, el director William Wyler supo convertirlo en una fortaleza: a lo largo del largometraje, la representación de Cristo pasará únicamente por la imaginación del espectador, y sobre todo por la interpretación magistral del resto de actores.

Una buena prueba de ello, es la secuencia en la que Ben-Hur cruza el desierto, encadenado con los demás galeotes, y se desploma en el suelo, exhausto y totalmente sediento. En este momento, sólo vemos la mano de Cristo dando de beber a Judá, y su silueta interponiéndose entre este último y un oficial romano. La fuerza de la escena proviene exclusivamente de la expresión fascinada de Charlton Heston y del rostro atónito del actor que presta sus rasgos al centurión. Suficiente para dejar un recuerdo imborrable en los espectadores de la película y ofrecer a Ben-Hur uno de sus momentos más destacables.

En términos de reconocimiento, Ben-Hur logró un hito histórico en los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas al ganar 11 premios Oscar, incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor. Este récord se mantuvo durante décadas, consolidando su lugar como una de las producciones más exitosas y premiadas del cine.

Este épico peplum bíblico marcó una época y a varias generaciones, mientras que varias de sus secuencias, como la carrera de carros, forman parte de forma inequívoca de la historia del cine.

Más allá de su grandeza visual, la película transmite un mensaje profundo sobre el perdón y la transformación interior. El viaje de Ben-Hur, desde el odio hacia la compasión, refleja una evolución humana universal que sigue conmoviendo a las audiencias hasta hoy.

Gentileza:

Beatriz Genchi
Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut.

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