Además de una industria y una forma de arte, el cine es, ante todo, un gran medio de creación de ilusiones. A pesar del gran desarrollo de técnicas de efectos especiales, el cine se sigue sirviendo de técnicas manuales para conseguir resultados impresionantes, como sacados de una realidad paralela. Este es el caso del maquillaje de caracterización y efectos especiales, también llamado maquillaje de FX o prostético.
Pero no solo el cine se sirve del talento de los profesionales de la caracterización con prótesis y maquillaje: el teatro también suele recurrir a artistas del maquillaje de FX, así como la televisión, la publicidad, parques de atracciones y eventos comerciales que necesiten una caracterización especial y causar un gran impacto entre el público.
La historia del maquillaje de caracterización y efectos especiales se remonta a los orígenes mismos del cine: en Viaje a la Luna (1902), de George Meliès, se hizo uso del maquillaje de efectos especiales para caracterizar al icónico personaje antropomórfico de la Luna en una de las primeras películas de la historia, considerada también la primera película de ciencia ficción.
Algunos artistas de maquillaje de efectos especiales célebres son Jack Pierce (Frankenstein), Greg Nicotero (The Walking Dead), Michèle Burke (Drácula, de Bram Stoker) y Dick Smith (El Exorcista, El Padrino). A estos se les exige una formación previa en artes plásticas (pintura, escultura, dibujo) es una buena forma de ir adquiriendo las habilidades manuales y el sentido de la estética necesarios para llevar a cabo una profesión como esta.
Las dos disciplinas (artistas del maquillaje y cine) lograron una alianza perfecta que a lo largo de los años se ha convertido en imprescindible para dotar de calidad a las producciones. Pero no se puede dejar de lado el producto a utilizar.
El maquillaje no forma parte de las siete bellas artes, pero, sin duda, hay creaciones estilísticas que bien podrían adquirir tal distinción. Uno de los últimos grandes trabajos de este campo, por su acabado, sus referencias y el impacto que tuvo, fue la propuesta que hizo Pat McGrath para Maison Margiela en la Semana de la Moda de la Alta Costura de enero de 2024.
Unas pieles hiperjugosas y delicadas, que reflejaban la luz como un cristal o la porcelana, fueron las protagonistas de unos rostros con una estética muy marcada que recordaban a referencias de belleza del siglo XIX. Las modelos parecían recién salidas de una obra de Toulouse-Lautrec.
Por supuesto, a lo largo del tiempo, no ha sido la primera vez que esta disciplina y el campo artístico como tal han entrelazado sus caminos. De hecho, resulta muy curioso desvelar cómo comenzaron su andadura juntos delante de las cámaras, en los rodajes de cine, porque, ¿cómo se maquillaba a los actores y actrices en las películas en blanco y negro?
Hay que empezar distinguiendo que había dos tipos de imágenes: ortocromática o pancromática, que influían en la cuestión: qué tipo de grabación y que emulsión fotográfica se estuviera utilizando de acuerdo al tema del color.
La diferencia fundamental entre ambas estriba en su sensibilidad al espectro de luz visible. En el primer caso, responden mejor a la azul y, en menor medida, a la verde. Sin embargo, no lo son a la roja ni naranja. ¿Qué significa esto en pantalla? Pues es sinónimo de que estos últimos tonos aparecen como negro o muy oscuros. En el segundo caso, la sensibilidad se amplía y la reproducción de los diferentes grises en una imagen en blanco y negro logra que los colores se vean de forma más realista. Por lo tanto, ¿cómo se conseguía representar de la manera más fidedigna posible el maquillaje delante de las cámaras?
En las películas ortocromáticas el rojo en los labios se plasmaba como negro, por lo que para diferenciarlos mejor y otorgarles más profundidad se optó por utilizar el verde. En la mirada, la apuesta era por tonos violetas y azules. Esta última gama se usaba también como colorear mejillas y para definir las facciones. Las cejas y los delineados iban en marrón.
Con la llegada de las piezas pancromáticas se produjo un gran cambio. Desde ese punto, los labiales rojizos y rosados entraron en escena por las razones antes mencionadas.
Es entonces cuando Max Factor hace acto de presencia en el séptimo arte, un movimiento que supuso una revolución con dos hitos fundamentales: En 1914 el fundador de la firma de belleza vio por primera vez una película y pensó que el maquillaje parecía demasiado pesado. «Aterrador», de hecho, cita en la web de la firma. Por supuesto, no se quedó de brazos cruzados, sino que apostó por crear la primera base para el cine, con características como la flexibilidad, con la intención en mente de que la apariencia de los intérpretes fuera más “humana”. Las claves importantes del producto: no se cuarteaba y no se apreciaban diferentes tonos en la aplicación, por lo que era perfecta para adaptarla a cada rostro y grado de iluminación.
Igualmente, en 1930, creó el lip gloss para que los labios destacasen más en la grabación. El cosmético, que se bautizó en sus inicios como pomada labial, aportaba un acabado brillante. De este modo, llegó una gran revolución en el mundo beauty, pero también en el séptimo arte, que vivió un salto de calidad a nivel de imagen, lo que supuso un antes y un después en las producciones.
Gentileza:
Beatriz Genchi
Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.
bgenchi50@gmail.com
Puerto Madryn-Chubut.

