San Rafael, Mendoza miércoles 25 de marzo de 2026

Matrimonio lavanda – Por:. Beatriz Genchi

Hay un matrimonio que celebra un tipo de vínculo muy valiente o muy triste según como se lo mire. El matrimonio lavanda.
El color lavanda tiene historia desde la poeta lirica griega Safo de Lesbos que hablaba de sus amantes mujeres, como musas coronadas de lavanda.

Acerca de la vida personal de Safo tan solo hay conjeturas. La mayoría de ellas provienen de interpretaciones de su obra poética, de la cual se cree que nos ha llegado menos del diez por ciento. De Safo de Lesbos viene la palabra lesbiana.

Pero el lavanda a través de los siglos se resignifico mucho más allá de las mujeres.

Vamos a Hollywood, finales de los años 20. Con la llegada del cine sonoro comercial donde grandes estudios como Metro Goldwin Mayer o Warner Bros, entraban para dominar la industria del séptimo arte. Surgen, de este modo, estrellas de la gran pantalla del cine clásico. A pesar de gozar de fama y privilegios, hubo más de una que por su orientación sexual tuvo que llevar su vida sentimental bajo un “matrimonio lavanda”. Pero, ¿qué es exactamente? Es un tipo de unión matrimonial estratégica que consiste en un acuerdo entre un hombre y una mujer en el que al menos uno de ellos es homosexual y que se casan para preservar su reputación pública, evitar perjudicar sus carreras o generar problemas con sus familias, especialmente en ambientes más conservadores. Fueron típicos durante la primera mitad del siglo XX y en el caso de EE.UU., los estudios llegaban a poner sobre la mesa contratos con cláusulas de moralidad en las que se permitía despedir a un actor o actriz si su vida privada causaba escándalos. Con la prensa persiguiéndolos a todas horas, existió más de un periodista que a cambio de no desvelar su gran secreto utilizaba el chantaje para obtener beneficios y exclusivas dentro de la industria. Además, a principios de los cincuenta, se llegó a utilizar el término lavender scare para referirse a la caza de brujas contra empleados federales homosexuales.

Cuentan que algunos actores, como Rock Hudson por ejemplo se refugiaron en uno. El galán del cine de los años cincuenta se casó con su jefa de prensa, Phyllis Gates, para cumplir con la imagen que se debería dar en aquel tiempo. Otras como Greta Garbo, musa de la belleza para muchos, evitaron pasar por el altar para ocultarse, pero no pudieron hacerlo con las especulaciones en torno a su vida privada y sus posibles relaciones íntimas con mujeres. Ligado al color lavanda, que es la mezcla entre rosa y azul y asociado históricamente a la comunidad LGTBIQ+, el concepto parece volver a hacerse popular entre las nuevas generaciones.

“Hoy el contexto es distinto, es un fenómeno emergente en la generación Z. Muchas veces, las nuevas modalidades de los matrimonios lavanda son por razones económicas que funcionan como un contrato vital más que un ideal romántico”, explica Lara Ferreiro, psicóloga y autora de ¡Ni un capullo más!: el método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta. En ciertos aspectos pueden tener futuro. A nivel amor romántico, claramente no funcionan. Pero a nivel práctico de imagen pública, estabilidad social y protección, sí. De hecho, hay estudios que afirman que los matrimonios concertados funcionan mejor que los que son por amor. En cualquier caso, salen adelante cuando se ponen límites muy claros. Luego también existen los matrimonios lavanda LAT —living apart together— que viven separados. Funcionan como una empresa”, añade.

“En China, por ejemplo, se estima que el 80% de los hombres homosexuales o bisexuales se casan con mujeres debido a presiones sociales. Las relaciones externas fuera de los matrimonios lavanda pueden ir acompañadas de culpa, clandestinidad, sensación de estar divididos en dos… Incluso puede haber desigualdad de poder dentro del acuerdo”, explica Ferreiro.

Entre los jóvenes de ahora, aunque en su mayoría no se haga por algo relacionado con la orientación sexual, el nuevo concepto del matrimonio lavanda también se mueve por motivos de precariedad o de soledad. Hay incluso amigos que tienen la premisa de: «Si al llegar a los 40 no tenemos pareja, nos juntamos». Esto, al no implicar ningún vínculo romántico ni sexual, se basa solo en convivencia y estabilidad financiera.

“Al final estás aparentando algo que no eres y no creo que te vayas a ahorrar tanto dinero como para que te compense casarte con alguien con el que no te sientes atraído”, añade la escritora.

Una paradoja que plantea el matrimonio heterosexual como la única institución segura…

Y el color lavanda quedo atrapado como un matiz indefinible, suspendido entre dos mundos. Ni rojo, ni azul…morado llevado a un  claro que puede esconder historias muy tristes u oscuras.

Gentileza:

Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora cultural
bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut

 

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