San Rafael, Mendoza 15 de marzo de 2026

Elvira Sastre: “Este libro es una resistencia a las ausencias de la gente que quiero y que se va muriendo”

Elvira Sastre y una reflexiónElvira Sastre y una reflexión sobre la memoria.

La autora española, una de las voces más influyentes de la literatura contemporánea en su idioma, publicó “En defensa de la memoria”, construido con textos y fotos

A Elvira Sastre no le gustan las etiquetas ni los hermetismos porque ella escribe justo para lo contrario: para ofrecer una apertura. Escoge las palabras como quien elige un gesto de abrigo, algo íntimo y cercano, un lugar donde resguardarse cuando afuera nos envuelve el ruido. En su literatura no hay voluntad de encajar en un molde, sino de mirar el mundo con cuidado, atención y delicadeza. Sus textos, más que para leerlos, son para habitarlos.

Su último libro nace, precisamente, desde la premisa del cuidado. Un cuaderno de bitácora que responde a la urgencia de retener en la retina aquello que ha sido importante para ella: personas, escenas, cuerpos, momentos. En ese gesto de preservación confluyen dos de sus grandes pasiones, la escritura y la fotografía analógica, que aquí dialogan como si siempre hubieran estado destinadas a encontrarse. Podemos hablar, en este sentido, de un cuidado visual, un lugar para guarecer la memoria sin imponer ni mancillar lo vivido.

Cuando Elvira llega al lugar en el que hemos quedado, yo ya la espero con un café caliente entre las manos. Ella no puede recordarme, es comprensible. Aun así, tiro de carrete memorístico y le cuento que nos conocimos varios años atrás, en la presentación de uno de sus poemarios, en un momento bisagra de mi vida: estaba a punto de mudarme a Colombia. Recuerdo que en aquella dedicatoria me deseó un feliz viaje. Un gesto sencillo que, sin embargo, para mí se convirtió en algo más. Me subí al avión con aquel garabato bajo el brazo y acunarme en ese deseo fue, de algún modo, sentir el hogar a diez mil metros por encima de mi casa.

Las fotos tomadas por ElviraLas fotos tomadas por Elvira Sastre se complementan con su trabajo literario

La narrativa de Sastre es así: parece pequeña, pero acompaña durante mucho tiempo. Quizá por eso sus textos llegan al corazón de tantas personas. Más allá del impulso que puedan darle las redes sociales o del fenómeno que a veces se proyecta sobre su figura, en su escritura hay algo profundamente honesto, una ternura sin artificio. Siempre he pensado que su poesía huele a pan recién horneado o al aroma que desprende el cuerpo caliente de quien amamos. Hay calor en sus palabras, y también verdad.

Esa es su magia: la capacidad constante de humanizar lo inenarrable, de poner nombre a aquello que parecía quedarse fuera del lenguaje. En En defensa de la memoria hay fragilidad, sí, pero también la fuerza arrolladora de una tormenta en una noche de estío. Es una flor silvestre: encapsula la belleza de lo efímero y, al mismo tiempo, demuestra la tenacidad de quien es capaz de brotar en medio de la roca. Desde ahí, desde ese territorio íntimo y resistente, comienza esta conversación.

-Este libro es como el álbum fotográfico que nos encontraríamos en el salón de la casa de la abuela. La intimidad compartida de Elvira Sastre. Leyéndolo, a mí me aparece una palabra una y otra vez: todavía. Todavía seguimos palpando, todavía seguimos haciendo fotos, todavía seguimos cultivando recuerdos. Si hoy tuvieras que elegir una palabra que designara este momento creativo y vital, ¿cuál sería?

-Elegir me cuesta muchísimo, pero yo te diría que resistencia, creo que es la palabra que me ha acompañado y que me acompaña cuando hago fotografía analógica. Que me acompaña también cuando me siento a escribir. Este libro es una resistencia al olvido y al paso del tiempo, a las ausencias de la gente que quiero y que se va muriendo. Es como decir: bueno, sé que la vida funciona así, pero yo voy a resistir fabricando este artefacto que defiende la memoria, porque considero que eso es lo importante.

-De hecho, justo la siguiente pregunta que te iba a hacer está relacionada con eso… ¿Qué te ayuda más en esa resistencia al olvido: la escritura o la fotografía?

-No te sabría decir pero, por la experiencia que he tenido este año, que ha sido complicado y he tenido que atravesar muchas capas de mí para poder llegar a escribir lo que estaba sintiendo, la fotografía me ha liberado. Tengo la necesidad de expresarme siempre, pero las palabras me han provocado este año un esfuerzo demasiado grande; la fotografía, en cambio, me ha permitido soltarme. Al final, cuando estoy escribiendo, todo parte de dentro y va hacia afuera; con la fotografía es al revés, va desde fuera y llega hacia adentro. Son distintas formas artísticas de hacer lo mismo. Por eso este libro se ha construido con fotografías. Es el texto el que las acompaña, y no al revés.

La poética de Elvira SastreLa poética de Elvira Sastre se despliega en fotos y textos

-¿Siempre habías hecho fotografía? ¿De dónde te nace esa pulsión?

-Siempre me gustó. No de un modo profesional ni muchísimo menos, pero de pequeña me gustaba mucho. Recuerdo unas navidades que mi hermana me regaló una réflex digital. Fue la primera y, además, la compró con su primer sueldo. Me encantaba llevarla de viaje. Tuve una época que me dio mucho por la fotografía digital. Cuando después descubrí la analógica, sentí que era ir a contracorriente de todo lo que se estaba haciendo (de todo lo que se está haciendo también ahora). La cámara analógica te exige pausa, concentración, solo tienes una oportunidad de hacer un disparo. También practica mucho la paciencia, porque luego hay que esperar a que te llegue el revelado. Es otra forma de resistencia.

-Algo que creo que hemos perdido con las redes sociales y la fotografía digital es la intimidad. Porque cuando tú tienes un móvil y sacas una foto, generalmente es porque tienes intención de mandarla por WhatsApp o subirla a una red social. En cambio, con la analógica hay muchas fotografías que se quedan ahí para siempre, guardadas en un cajón, donde puede que nadie más las vea nunca. Quería preguntarte cómo ha sido, en este caso, la selección, porque al final en este libro tenemos acceso a una pequeña parte de tu intimidad. ¿Qué archivos has decidido quedarte solo para ti?

-Hace tiempo estuve en París en una exposición de fotografía analógica. No recuerdo el nombre del autor, pero vi una imagen que él había hecho del mar. En la parte de arriba, lo acompañaba un pequeño texto. Ahora que lo pienso, creo que ese fue, en realidad, el germen de este libro. Explicaba que ese día su hermana había dado a luz y que había hecho esa foto porque él estaba lejos y quería enseñarle a su sobrino cómo estaba el mar el día en el que había nacido. Me pareció precioso. Fue entonces cuando dije: venga, voy a hacer esto yo también con mi sobrino cuando nazca. Le hice un álbum donde le explicaba cómo estaba el campo el día que nació, las flores, los perros, el hospital, su número de habitación. Tengo muchísimas fotos, pero las personales las he decidido guardar solo para mí.

Elvira Sastre en un finoElvira Sastre en un fino trabajo sobre la memoria. (Cortesía Grupo Planeta)

-Como tú dices, esa exposición fue, claramente, el germen de este libro, pero ¿en qué otras cosas te inspiras para escribir o fotografiar?

-Me inspira mucho el cine. Estoy pensando en una película japonesa, Perfect days, en la que el protagonista es un hombre que se dedica a limpiar retretes en Tokio. Tiene también una cámara de fotos, es la manera en la que él transita la belleza. Ese tipo de cosas son las que me inspiran, me obsesionan, me quedo como colgada mucho tiempo ahí… Todo lo que me emociona, y no sé muy bien por qué lo hace, intento descifrarlo. Muchas veces la fotografía me resuelve eso, me permite capturar la belleza de las cosas que no sé si nadie más está mirando.

-¿Te digo cuál es mi foto favorita? La del señor mayor que está caminando, saliendo lentamente del pueblo. Te imagino ahí esperando dentro del coche a que cruce, en esa bella pausa creativa.

-Ese verano hice muchísimas fotografías. Me quedaba dentro del coche, esperando. Pensaba: madre mía, cualquiera que me vea aquí… Me da mucho pudor fotografiar a gente que no me está viendo, por eso hay muchas personas de espaldas. Cuando vi a ese señor, vi claramente una historia, el mundo de ese hombre, en ese pueblo vacío, un día de julio, atravesando esa puerta. Pensar ahora en ese momento está siendo muy importante para mí.

*Este es un fragmento de la entrevista publicada por la revista Lengua.

Fuente:https://www.infobae.com/cultura/2026/03/15/elvira-sastre-este-libro-es-una-resistencia-a-las-ausencias-de-la-gente-que-quiero-y-que-se-va-muriendo/

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