Las proyecciones más recientes muestran un escenario en el que la minería dejaría de ser un actor secundario para convertirse en uno de los pilares de la economía.
Litio, cobre y oro son el tridente que impulsa una nueva ola de dólares para Argentina. Las exportaciones mineras podrían alcanzar los u$s30.000 millones anuales.
La Argentina podría tener una oportunidad histórica de expandir la economía impulsada por el desarrollo del sector minero, con un impacto directo en la generación de divisas y la atracción de capitales de largo plazo. Las proyecciones más recientes muestran un escenario en el que la minería dejaría de ser un actor secundario para convertirse en uno de los pilares de la economía.
En ese marco, un informe de la consultora Deloitte estima que el país podría captar inversiones acumuladas por u$s63.700 millones hacia 2035, al mismo tiempo que las exportaciones del sector crecerían desde niveles cercanos a u$s6.000 millones actuales hasta alcanzar los u$s30.000 millones anuales. Este salto no solo implica un aumento cuantitativo, sino una transformación estructural en la capacidad exportadora argentina.
«Los principales informes económicos coinciden en que, en los próximos años, la demanda internacional generará condiciones favorables para que la industria minera impulse un crecimiento sostenido. Para nuestro país, el desafío central es poder aprovechar esta coyuntura y consolidar una minería competitiva, sustentable y con visión de largo plazo», afirmó Roberto Cacciola, presidente Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), al ser consultado por Energy Report.
Quien además agregó: «Argentina cuenta con un potencial geológico excepcional para abastecer metales estratégicos cuya demanda se incrementará por el cambio de paradigma energético global. Por eso, promover inversiones productivas en este sector permitirá generar un impacto socioeconómico profundo, con efectos multiplicadores a nivel regional, provincial y nacional».
El nuevo ciclo de inversiones y el rol del RIGI
El cambio de escenario está fuertemente vinculado al nuevo marco de incentivos para grandes proyectos, que busca mejorar la previsibilidad y las condiciones de inversión en sectores estratégicos. En ese contexto, la minería aparece como uno de los principales beneficiarios.
Los proyectos presentados bajo este esquema ya concentran compromisos de inversión por aproximadamente u$s27.000 millones, entre iniciativas aprobadas y en evaluación . Se trata de desarrollos de gran escala, distribuidos principalmente en provincias cordilleranas, donde se localizan los principales recursos de litio, cobre y oro.
Este flujo de inversiones no solo implica la construcción de nuevas explotaciones, sino también el desarrollo de infraestructura, mejoras logísticas y la consolidación de cadenas de valor asociadas.
«Para que esto sea posible, es imprescindible avanzar en condiciones de seguridad jurídica. Un ejemplo concreto son las aclaraciones y definiciones necesarias en la Ley de Glaciares, con el objetivo de brindar certezas, acotar zonas grises y dar previsibilidad a las inversiones de largo plazo. Se trata de despejar interrogantes que históricamente frenaron proyectos estratégicos para el país», Cacciola.
Añadió: «A partir de allí, la agenda deberá continuar con otros temas, como infraestructura, formación de capital humano y el fortalecimiento del relacionamiento con las comunidades. Todos estos elementos son esenciales para acompañar un desarrollo minero sostenible».
Exportaciones: el eje central del crecimiento
El verdadero cambio estructural se observa en el frente externo. Si las inversiones proyectadas se concretan, las exportaciones mineras podrían crecer un 420% en el período 2025-2035, con una dinámica sostenida que transformaría el perfil exportador del país .
Actualmente, la minería explica una porción relativamente acotada de las ventas externas totales, con el oro como principal producto. Sin embargo, el desarrollo de nuevos proyectos y la incorporación de minerales estratégicos podrían modificar ese esquema y ampliar significativamente la base exportadora.
La magnitud del salto proyectado ubica al sector en un nivel comparable con el complejo agroexportador, lo que refleja el peso que podría adquirir en la generación de divisas.
Litio: expansión acelerada y demanda global
Dentro del esquema proyectado, el litio aparece como el principal motor en el corto plazo. La creciente demanda global asociada a la transición energética, especialmente en baterías para vehículos eléctricos, posiciona a Argentina en un lugar estratégico.
El país cuenta con un volumen significativo de proyectos en distintas etapas de desarrollo, lo que permitiría un aumento sostenido de la producción y las exportaciones. En este contexto, se proyecta que las ventas externas de litio podrían alcanzar los u$s7.000 millones anuales hacia 2035 .
Este crecimiento está vinculado tanto a la disponibilidad de recursos como a la posibilidad de atraer inversiones en un mercado global que muestra señales de déficit de oferta en los próximos años.
Cobre: el factor que puede redefinir el perfil exportador
El caso del cobre presenta una dinámica diferente, pero potencialmente más transformadora. Tras varios años sin producción relevante a gran escala, el país se encuentra ante la posibilidad de reinsertarse en el mercado internacional con proyectos de gran envergadura.
Las proyecciones indican que las exportaciones de cobre podrían escalar hasta los u$s13.500 millones hacia 2035 , impulsadas por el desarrollo de nuevos yacimientos y el contexto internacional de fuerte demanda.
Este mineral, clave para la electrificación y las energías renovables, enfrenta un escenario global de oferta limitada, lo que abre una ventana de oportunidad para países con recursos disponibles. En ese contexto, Argentina podría posicionarse como un proveedor relevante en el mediano plazo.
Oro: continuidad con menor dinamismo relativo
El oro continuará siendo un componente importante dentro de la matriz minera, aunque con un ritmo de crecimiento más moderado. La producción proyectada muestra una tendencia ascendente, alcanzando aproximadamente 54 toneladas hacia 2035 .
Parte de este crecimiento estará asociado a su extracción como subproducto en proyectos de cobre, lo que refuerza la integración entre distintos segmentos del sector.
Condiciones para que el potencial se materialice
A pesar de las proyecciones positivas, el desarrollo efectivo del sector dependerá de una serie de condiciones estructurales. La necesidad de mejorar la infraestructura logística aparece como uno de los principales desafíos, dado el impacto que tienen los costos de transporte en la competitividad exportadora.
Al mismo tiempo, la estabilidad macroeconómica se presenta como un factor clave para sostener inversiones de largo plazo, especialmente en una industria caracterizada por ciclos extensos de maduración. La coordinación entre niveles de gobierno y la capacidad de desarrollar proveedores locales también serán determinantes en la consolidación del sector.
Impacto económico: más allá de las exportaciones
El efecto del desarrollo minero no se limita al frente externo. Las proyecciones indican que el sector podría incrementar su participación en el producto hasta alcanzar el 2% del PBI y contribuir al crecimiento económico con un aporte adicional sostenido en el tiempo .
En paralelo, la generación de empleo, tanto directo como indirecto, podría escalar significativamente, consolidando a la minería como un sector con capacidad de dinamizar economías regionales y cadenas productivas asociadas.
En un contexto de estancamiento prolongado, la materialización de estas inversiones y exportaciones podría convertirse en uno de los principales vectores de crecimiento para la economía argentina durante la próxima década.
«La minería no es solo una oportunidad económica: es una herramienta concreta para reducir la pobreza mediante la creación de empleo genuino, la diversificación productiva y la generación de oportunidades en regiones que necesitan nuevas alternativas de desarrollo», opinó finalmente Cacciola.

