Hay músicas que se escuchan y otras que te toman de la mano y te arrastran suavemente a otra época cuando suenan los primeros compases tal este vals. La historia del Danubio Azul.
No oímos solo un vals oímos un suspiro de Viena un eco de salones iluminados por candelabros, el murmullo de un rio que no corre, danza. Pero esta obra inmortal no nació entre aplausos y gloria. Nació en un momento de duda, de derrota y de profundo dolor.
En 1866 Austria acababa de sufrir una dolorosa derrota militar frente a Prusia. El ánimo del Imperio estaba herido y Viena Capital del arte y la música necesitaba consuelo. Era y es, universalmente reconocida como la «Capital Mundial de la Música», con una herencia inigualable de compositores clásicos como Mozart, Beethoven, Haydn y Strauss que vivieron y trabajaron allí. La ciudad destaca por su Ópera Estatal, el vals, la Filarmónica de Viena, el Musikverein y una vibrante cultura de cafés con música en vivo.
Entonces Strauss ya famoso como el rey del vals recibió un encargo peculiar. Componer una obra para el coro masculino. Nada grandioso, nada eterno, solo una pieza que levantara el espíritu. Strauss acepto pero lo hizo sin saber que estaba a punto de escribir la melodía más reconocida del planeta.
La primera versión del Danubio Azul no era instrumental tenia letra escrita por Joseph Weyl, poeta de la Asociación Coral (luego tubo otras) y era irónica casi burlona hablaba de la situación política de la derrota de lo absurdo de la realidad. El estreno el 13 de febrero de 1867. No hubo ovaciones, no hubo lágrimas de emoción. Solo aplausos educados y un compositor fue se fue a casa con más dudas que certezas.
Pero entonces ocurrió algo decisivo. Strauss quito las palabras dejando solo la música. Meses después en la exposición Universal de Paris Strauss presento la versión orquestal y allí ante un público internacional el vals exploto como una revelación. No importaba el idioma no importaba el país todos entendían lo mismo. Nostalgia, elegancia, esperanza, belleza. El Danubio Azul se convirtió en el sonido de Europa soñando consigo misma. Curiosamente el Danubio no es azul.
Strauss tampoco estaba describiendo un color, estaba pintando una emoción más que un vals un símbolo eterno.
Desde entonces esta obra a acompañado a la humanidad en momentos clave ya que se convirtió en el himno no oficial de Austria y allí se cierra cada año el concierto de año nuevo con el Vals.
Sonó en el espacio en 2001 en la “Odisea del espacio asociando el vals con el infinito. Ha sido interpretado miles de veces y nunca igual porque el Danubio Azul no se toca, se respira.
Strauss nunca imagino que esta obra eclipsaría a todo lo demás que escribió. Compuso más de 500 piezas pero esta fue la que lo sobrevivió. Cuentan que ya mayor, cuando alguien le recordó el vals respondió con humildad: Lamentablemente no lo escribió yo, lo escribió el Danubio.
El río Danubio es llamado «azul» principalmente por el famoso vals (An der schönen blauen Donau). Aunque sus aguas no suelen ser azules (sino café o verde, dependiendo de la zona), la obra popularizó esta imagen poética que se convirtió en un símbolo de la identidad austriaca y el romanticismo europeo. Si bien hay otras versiones esta sería la más directa y reconocida. Y si nos fijamos en Danubio nos remontaremos a Grecia donde Danubio es uno de los 25 hijos de Tetis y de Océano (que dieron a luz los ríos), citados por Hesíodo, donde relata la creación del mundo:
Quizá por eso la obra sigue viva, porque no pertenece a un hombre pertenece al tiempo. Hoy más de 150 a años después el Danubio… sigue sonando igual de fresco, igual de conmovedor. No importa si lo escuchas en un teatro, en una película o con auriculares a la noche. Siempre ocurre lo mismo. El mundo se mueve un poco más lento, el corazón late con más calma y por unos minutos todo parece estar en armonía Ese es el poder de este vals, no te obliga a bailar. Recordar que incluso en medio del caos la belleza aun sabe fluir.
Gentileza:
Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora Cultural.
Puerto Madryn – Chubut

