San Rafael, Mendoza martes 03 de febrero de 2026

La contaminación altera el olor de las hormigas, desatando ataques por parte de sus compañeras de colonia

Una hormiga obrera de la especie 'Messor barbarus' durante el experimento en el que se las expuso a ozonoUna hormiga obrera de la especie ‘Messor barbarus’ durante el experimento en el que se las expuso a ozonoMarkus Knaden/Max Planck

Un experimento del Instituto Max Planck realizado con seis especies de hormigas sugiere que la contaminación del aire puede causar inestabilidad en las colonias. El ozono destruye las señales de olor específicas de las hormigas del nido, provocando ataques hacia los insectos que se han visto expuestas a este gas

A la contaminación del aire se la denomina a menudo «la asesina silenciosa» porque causa o agrava enfermedades, provocando muertes prematuras sin que haya síntomas inmediatos o visibles. Sus efectos en la salud humana son cada vez más conocidos, pero además, diversos estudios están revelando el impacto que puede causar en ciertas especies animales.

Un experimento realizado por un equipo del Instituto Max Planck de Ecología Química revela que la contaminación del aire influye en el comportamiento de las hormigas. Según explican este lunes en un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), la exposición al gas ozono alteraba el olor de estos insectos, lo que provocaba que cuando volvían a tener contacto con sus compañeras de colonia, éstas se mostraban agresivas con esos ejemplares, a los que no reconocían como miembros de su nido. Un comportamiento que este equipo atribuye a que el ozono destruye las señales de olor específicas que tiene cada hormiguero, provocando ataques dentro del mismo.

El ozono se considera un gas contaminante secundario, muy reactivo y oxidante, que se forma a partir de reacciones fotoquímicas en las que participan los óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles en presencia de radiación solar. Por eso, los niveles de ozono en la ciudad se suelen incrementar durante el verano debido a la mayor insolación.

Aunque el declive que los insectos están experimentando a nivel mundial se asocia principalmente con el uso de pesticidas y la pérdida de su hábitat, este estudio analizó los contaminantes del aire como una posible causa.

El científico Markus Knaden lleva tiempo estudiando los efectos del ozono en la comunicación química de los insectos. Ya en 2023 mostró que el aumento de los niveles de ozono altera la señal de apareamiento en las moscas de la fruta, ya que ese gas rompe los dobles enlaces carbono-carbono de las feromonas sexuales de los insectos. Después de exponer a las moscas macho al ozono, estas ya no eran capaces de distinguir a las hembras de otros machos. El ozono también alteró las señales de apareamiento en diferentes especies de moscas en posteriores experimentos.

Ahora, ha llevado al laboratorio a seis especies distintas de hormigas, cinco de las cuales se vieron afectadas por la exposición a ozono.

Tal y como explican los autores del estudio, las hormigas suelen reconocer a sus compañeras de colonia gracias a las mezclas específicas de hidrocarburos que producen sus glándulas. Estas mezclas están compuestas principalmente por alcanos estables, pero también contienen unos compuestos con dobles enlaces carbono-carbono (alquenos) que pueden oxidarse y degradarse. Estos compuestos se encuentran en cantidades muy pequeñas, pero parece que son fundamentales para el olor característico del nido.

Inmediatamente después de nacer, las hormigas aprenden a identificar el olor de su colonia de modo que cuando entran en contacto con otras hormigas, comparan su olor con el de su propio grupo. Si lo reconocen, consideran a las otras hormigas compañeras de nido y las tratan de forma amistosa. De lo contrario, suelen mostrarse agresivas con las hormigas cuyo perfil olfativo no coincide con el de su propia colonia. «Queríamos saber si la exposición a niveles elevados de ozono alteraría la firma olfativa de las hormigas, provocando agresividad a su regreso a la colonia. La pregunta crucial para nosotros era si la contaminación atmosférica podría alterar la delicada estructura social de las colonias de hormigas», explica en un comunicado Nan-Ji Jiang, autor principal del estudio.

El experimento consistió en exponer a hormigas de seis especies diferentes a una concentración de ozono de 100 partes por mil millones, un nivel que suele medirse en zonas afectadas durante el verano o cuando hay episodios de intensa contaminación urbana. Tras 20 minutos de exposición al ozono, las hormigas fueron devueltas a su colonia. En cinco de las seis especies estudiadas se observaron comportamientos de amenaza y agresión hacia las hormigas expuestas al ozono, a pesar de que pertenecían a la misma colonia.

«Esperábamos que la exposición a ozono afectara el reconocimiento de los miembros de la colonia, ya que sabíamos que las hormigas llevan al menos pequeñas cantidades de estos compuestos fácilmente degradables en su cuerpo. Sin embargo, nos sorprendió el cambio drástico de comportamiento tras la exposición de las hormigas al ozono. Aparentemente, a pesar de su escasa cantidad, los alquenos son extremadamente importantes para la especificidad del olor de la colonia», afirma Markus Knaden en una nota de prensa.

Solo la hormiga invasora Ooceraea biroi no mostró agresividad hacia los miembros de su nido tras la exposición a este contaminante. La hipótesis de los autores es que esto podría deberse a la biología especial de esta especie, pues no existe una hormiga reina y el nivel de agresividad entre individuos de diferentes colonias es, por lo general, bajo.

Vistos estos resultados, los autores señalan que el aumento de los niveles de contaminantes podría afectar de manera similar a otros insectos sociales, como las abejas, de cuya polinización dependen la mayoría de nuestros cultivos.

Fuente:https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2026/02/02/69808c62e85ece3f7f8b4581.html

 

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