Si alguna vez has asistido a una ceremonia militar importante, quizá no lo hayas visto, pero sin duda lo has oído: el estruendoso disparo de una salva militar. Las salvas con cañonazos han existido durante siglos y, a medida que han evolucionado, han compartido un propósito común con el saludo de mano.
Aunque sus orígenes no están del todo claros, se cree que ambos honores pretendían originalmente mostrar deferencia entre quien saludaba y quien era saludado. Los honores también demostraban que quien saludaba estaba, a todos los efectos, desarmado: una persona que usaba la mano derecha para saludar no podía blandir una espada con facilidad, y los cañones, una vez disparados, requerían tiempo para recargarse.

Images show a gun salute held at HM Naval Base in Gibraltar to mark the first anniversary of HRH King Charles assession to the throne.
Según el Comando de Historia y Patrimonio Naval,” los primeros guerreros demostraban sus intenciones pacíficas colocando sus armas en una posición que las hacía ineficaces”. Además, antiguamente era costumbre que un barco que entraba en un puerto amigo hacía sonar sus cañones. La tradición de descargar ceremonialmente las armas de un barco ha evolucionado más para mostrar honor que servilismo o un estado de preparación.
En la Armada Argentina este número de 21 cañonazos como saludo corresponde al presidente de la República, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, así como también al arribar y zarpar de puertos extranjeros reconocidos como «plaza de saludo», también al afirmarse el pabellón de un buque y cuando éste arriba por primera vez a puerto argentino.
Cabe aclarar que es nuestra norma efectuar este saludo sólo cuando se encuentra el Pabellón izado y que, mientras duran las salvas, el personal efectúa el saludo militar, y en navegación, de ser posible, se cubre el rol de honores. En nuestra Armada, ya en 1814 el Almirante Guillermo Brown saludaba al cañón cumpliendo con la costumbre internacional, la que establece que el número de salvas debe ser siempre impar, quizá por la vieja superstición de que los números impares traen suerte.
La salva de 13 cañonazos representaba a los recién formados Estados Unidos, y el saludo de respuesta era el saludo habitual que se le rinde a una república. Este se ha denominado el «primer saludo» a la bandera estadounidense. Desde entonces, las salvas de cañonazos se han utilizado en numerosos eventos. El saludo más famoso es, por supuesto, el de 21 cañonazos.
La primera instrucción escrita, sobre la salva de 21 cañonazos parece que proviene del Reglamento Naval de los Estados Unidos de 1818, que establecía: “Cuando el presidente visite un buque de la Armada de los Estados Unidos, deberá ser saludado con 21 cañonazos”. Cabe destacar que 21 era el número de estados de la Unión en aquel entonces. Durante un tiempo, se acostumbró ofrecer una salva de un cañonazo por cada estado de la Unión, aunque en la práctica existía una gran variación en el número de cañonazos utilizados.
Hoy en día, la salva nacional de 21 cañonazos se realiza en honor a una bandera nacional, al soberano o jefe de estado de una nación extranjera, a un miembro de una familia real reinante y al presidente, expresidente y presidente electo de los Estados Unidos. Se realiza al mediodía del cumpleaños de Washington, el Día de los presidentes y el 4 de julio. El día del funeral de un presidente, expresidente o presidente electo, y el Día de los Caídos, se dispara un saludo con cañonazos de 21 minutos al mediodía mientras la bandera ondea a media asta.
Aunque a veces se confunde con una salva de 21 cañonazos, las tres salvas que dispara un pelotón de fusilamiento en los funerales no constituyen una salva de 21 cañonazos. Se cree que la costumbre de disparar salvas en un funeral se originó en la antigüedad, con la práctica de hacer ruidos fuertes para ahuyentar a los malos espíritus.
La Mancomunidad Británica ofreció 96 cañonazos en honor a la Reina Isabel II tras su muerte en 2022, uno por cada año de su vida, en una ceremonia solemne desde la Torre de Londres y Hyde Park, marcando el inicio de los homenajes nacionales, junto con campanadas y otros tributos.
Gentileza;
Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora cultural.
Puerto Madryn – Chubut.

