Empiezo con un fragmento (textual) del prólogo del libro “Memoria sobre la ortografía americana” de Domingo F. Sarmiento:
“Someto á la consideración de todos los Americanos, que saben leer, y necesitan escribir, las observaciones contenidas en la presente Memoria que leí á la Facultad de Filosofía y Humanidades de la República de Chile.
El conocimiento de la ortografía, ó la manera de escribir las palabras es una cosa que interesa á todos igualmente… Ahora, para no equivocarse en la elección de las letras diversas que representan un mismo sonido de nuestro idioma hablado en América, debe cada cual que quiera escribir con propiedad saber mui bien latín, ó de lo contrario, observar durante muchos años y retener en la memoria la manera como están escritas las palabras en los libros, esto es el uso común y constante.
Pero como hoy no hay uso común y constante, porque coexisten diversas maneras de escribir, y necesitamos adoptar una ortografía cualquiera, he creído que para librarnos de un golpe de los errores que á cada paso cometemos en la elección de las letras; realizando de una vez la acertada indicación de Nebrija (humanista español), “Que cada letra tenga su distinto sonido” “Que cada sonido tenga su distinta letra”.
Según su criterio, en este libro «Memoria sobre ortografía americana», cada letra debía representar solo un sonido y viceversa. En el caso de la «Y», solo se usaría en su posición de consonante y se reemplazaría por la «i» en el caso de la unión entre dos palabras.
Desde su labor docente, Sarmiento llevaba a cabo métodos novedosos de enseñanza. Particularmente, en lo referido a la lectura y a la escritura, ya que llamaba a las letras por su sonido y en lugar del método del deletreo implementaba el silabeo.
En el marco de su segunda estadía en Chile, hacia el año 1840, el Ministro de Instrucción Pública del gobierno de Manuel Bulnes (1799-1866), solicitó a Sarmiento un informe sobre los métodos utilizados y conocidos en Chile para la enseñanza de la lectura. El propulsor de la educación identificó la necesidad de una reforma ortográfica por dos motivos. En primer lugar, en Chile convivían diferentes formas de escritura. En segunda instancia, identificó la utilización de una ortografía que privilegiaba la etimología de las palabras según la Real Academia Española. Ambos factores, según Sarmiento, dificultaban el aprendizaje de la lectura y la escritura, en especial, de aquellos sectores sociales no pertenecientes a las elites.
Por eso, en 1843, Sarmiento presentó el mencionado libro ante la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile donde propuso basar la ortografía en la pronunciación americana de las palabras. Según este criterio, cada letra debía representar solo un sonido y viceversa.
Específicamente, la propuesta de Sarmiento consistió en lo siguiente: suprimir del alfabeto la letra «h» por muda; también la «v» y la «z» por no representar un sonido diferente al de la «b» y la «s»; y de la «x», pues su sonido podía representarse con la combinación «c» y «s» o «g» y s». Además, limitó el uso de la «c» unida a las vocales «a», «o» y «u», reemplazó la «g» por «j» en combinación con la «e» y la «i». Propuso, además, el uso de la «y» solo en su posición de consonante. Es decir, la «y» se usaría solo en aquellas palabras que la contengan, pero se reemplaza por la «i» en el caso de la unión entre dos palabras. Por ejemplo, «Civilización i barbarie».
Luego de la lectura de este documento, la comisión de la Facultad decidió debatir sobre esas ideas y ofrecieron publicarlo, pero el nacido en San juan lo hizo por su cuenta. Esa propuesta de reforma generó un gran debate en la prensa de la época. Si bien la universidad se posicionó a favor de la reforma propuesta por Sarmiento, finalmente consideró que, de hacerla, traería muchos problemas de comunicación porque el sistema ya estaba arraigado entre los hispanoparlantes.
Más allá de la practicidad de modificar ciertas formas de escritura, la reforma propuesta por Sarmiento también implicaba una posición política de independencia cultural respecto a España.
En otro fragmento de “Memoria…” justifica:
“Bajo los principios contradictorios las mas veces, y fuera del alcance, de la mayoria de los que han de usarlos casi siempre, se formó la ortografia del idioma; y hubiera permanecido invariable, bárbara y absurda como ha permanecido la del ingles y la del frances, si la mayor de las calamidades que puede recaer sobre una nacion no hubiese abierto las puertas á la reforma gradual de la escritura, á medida que se olvidaban los oríjenes, se rompia la unidad del uso por falta de escritores de nota, y prevalecia la pronunciación. Me esplicaré. Al mismo tiempo que el Dante elevaba el italiano al rango de idioma culto se operaba en Francia, Inglaterra y otros paises de Europa el mismo trabajo con las lenguas patrias. Pero en aquellos paises la elevacion del idioma nacional era el primer paso dado ácia la inmensa cultura que hoi las hace las naciones mas intelijentes y mas ricas del mundo.
En Inglaterra un Bacon, en Francia un Descartes, en Alemania un Leibinitz emanciparon el pensamiento de las trabas de la tradicion, cerrando el período de oscuridad intelectual, llamado edad media. A estos grandes luminares de sus naciones primero, y despues de la humanidad entera, se siguieron centenares de escritores eminentes, que legaron á sus paises respectivos una inmensa cantidad de libros, en que se contenian las ideas y los pensamientos que los educaban; y la manera reclamaba la variacion que iba experimentando el idioma hablado. Como estos libros estaban escritos se hacia una lei de ortografia invariable, porque las producciones de aquellos hombres andaban en mano de todos: y porque sucediéndose á aquellas, otras nuevas de los nuevos pensadores que continuaban la obra del desenvolvimiento de las ideas, no habia momento en que pudiesen sin inconveniente introducirse en la escritura ya adoptada, las reformas”. (sic)
Gentileza;
Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora cultural.
Puerto Madryn – Chubut.

