San Rafael, Mendoza jueves 18 de julio de 2024

Humillaciones de la Sra. Frida – Por:. Beatriz Genchi

No es de extrañar que la boda de un elefante y una paloma (así los apodaban) tuviese lugar en México a principios del siglo XX, un país y un tiempo prodigiosos donde todo parecía posible.

Ocurrió cuando los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo se casaron el 21 de agosto de 1929. La suya fue una historia en la que se conjugaron el arte, la política, la enfermedad y el dolor, y que solo ahora estamos empezando a recomponer del todo.

Ella era una mujer menudita, tenía apenas veintidós años de edad cuando unió su vida a él. Diego un hombre enorme y gordo de cuarenta y tres años, divorciado y controvertido.

Previo a su boda, Diego fue a pedir la mano de Frida, a lo que el padre de Frida le dijo: “No olvide que mi hija es una persona enferma y lo será toda su vida; es inteligente, pero no bonita. Piénselo… y si a pesar de todo desea casarse con ella, le doy mi consentimiento”.

La fiesta se llevó a cabo en una casa en Coyoacán propiedad de una amiga de los novios: Tina Modotti ex amante de Diego. Frida iba vestida muy sencilla con un juego de falda, blusa y chal que le prestó una sirvienta. Para sorpresa de todos el platillo fuerte del banquete: mole negro de Oaxaca fue preparado por Lupe Marín quien era la ex esposa de Diego.

Además del mole hubo una serie de platillos mexicanos para deleite del paladar de los invitados: pozole, arroz, capirotada y pastel de bodas, para beber: el pulque y tequila corrieron con tanta abundancia como las tortillas.

La mamá de la novia estaba desconsolada, había hecho todo lo posible para evitar esa boda, ella que se había esmerado tanto en la educación de su hija, ella que era tan católica y el novio que era tan ateo y tan comunista ¡Dios bendito! ¡El demonio había entrado a su casa! El papá de la novia consolaba a su esposa haciéndole ver que no era tan malo. Juntos se retiraron temprano de la fiesta.

Entrada la noche, Lupe Marín quien estaba molesta porque Diego no le pagaba la manutención de sus hijas, se desquitó con su nueva esposa y acercándosele a la novia, le levantó la falda y señaló sus piernas mientras gritaba llamando la atención de los invitados:

¡Miren! ¿Ven estos popotes? ¡Esto es lo que tiene Diego ahora en lugar de mis piernas! La pobre novia se soltó como pudo y corrió a esconderse de las risitas burlonas y las exclamaciones incómodas de los invitados que habían visto su pierna derecha adelgazada por la poliomielitis y por el reciente accidente que había sufrido.

De allí en más esta mujer con la anuencia de Frida mete la cuchara en todo. Tanta era su implicancia que fue un hermano médico de Lupe el que trató un aborto que sufrió Frida al poco de casarse. Esto podría verse como una extraña armonía alejada de toda moral burguesa, una “entente cordiale” entre personas que están por encima de lo establecido, o como una situación que provoca la personalidad de un hombre incapaz de soltar del todo los lazos, a quién le gusta mantener un harén a su alrededor formado por una esposa, una amante oficial, multitud de amantes (cabe señalar a Cristina, la hermana de Frida) y también… la ex esposa. Una situación que en realidad no satisfacía a las implicadas, no era algo elegido por ellas, sino a lo que se plegaban porque no había otra.

Frida empezó a vestirse con trajes típicos e incluso se pone huraches (sandalias de cuero) a instancia de Diego, causando gran conmoción en las calles de San Francisco. La gente se paraba para mirarla. Y cuando paseaba por las calles de Nueva York, los niños se le acercaban para preguntarle ¿dónde está el circo? Y a Diego parecía divertirlo.

Para terminar con el episodio de la boda, Diego se puso tan borracho finalizando esta, que lanzó  unos balazos al aire. Frida trató de tranquilizar a su nuevo esposo, quien molesto la alejó de él con un empujón tan brusco que la llevó al suelo. Esta nueva humillación terminó por arruinar un momento que en teoría, tendría que haber sido de ensueño.

Frida se instaló en la Casa Azul hasta que varios días después Diego fue a buscarla y consiguió que se mude con él en su primer hogar en común, en el número 104 del paseo de la Reforma. Y es donde yo creo, que empezó su gran padecimiento lleno de humillaciones.

A algunas personas les gusta decir que Frida decidió crear su imagen como si de una obra se tratara, y quisieron enfocarla a la lucha hacia la igualdad. Masculinizando su aspecto, permitiendo y aceptando el vello facial, olvidándose de los estereotipos de género, que eran tan marcados en la época. Tomando a Frida como símbolo del feminismo por algo más que por sus cuadros. De lo que particularmente no estoy tan segura de romantizarlo.

Una de sus últimas frases respecto de Rivera; «Me enamoro con cada palabra, me destrozo con cada acción».

Gentileza:

Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora cultural
bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut.

 

 

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