San Rafael, Mendoza 22 de junio de 2024

Fuego y agua, las tragedias de Chile y Brasil en el final del verano austral

Un voluntario ayuda en la extinción de los incendios en El Patagual, Chile.Un voluntario ayuda en la extinción de los incendios en El Patagual, Chile.GUILLERMO SALGADOAFP
Sólo en una semana han muerto casi un centenar de personas en ambos países por fenómenos extremos causados por el cambio climático

El verano se está cerrando en el Cono Sur en medio de tragedias climáticas en el Pacífico y en el Atlántico. Si en Chile es el fuego el elemento destructor, en Brasil es el agua, en ambos casos con virulencias e intensidades muy pocas veces vistas.

Una sola semana de febrero, la primera, bastó para que en Chile se quemara una cantidad de hectáreas equivalentes a las que se pierden en dos años de incendios. Y en Brasil, el litoral del Estado de Sao Paulo y parte del de Santa Catarina vio caer en un día más lluvia que nunca antes: 683 milímetros en 15 horas en municipios como Sao Sebastiao o Bertioga. Esas localidades, que normalmente son playas paradisíacas, están ubicadas a menos de 200 kilómetros de Sao Paulo, la mayor ciudad de Occidente. En Chile murieron 24 personas, en Brasil, 64 y hay 40 desaparecidos. Y las cifras podrían seguir creciendo.

La tragedia se concibió en el sur, con el avance de un frente frío de potencia inédita que llevó a Buenos Aires a vivir las temperaturas más altas del último medio siglo en febrero (38,1) y, apenas cinco días después, las más bajas en 62 años, con 6,9 grados. Febrero, en la mayor parte del territorio de países como Chile, Argentina o Brasil, equivale al agosto español: temperaturas por debajo de los diez grados en una ciudad como Buenos Aires son una anomalía profunda.

«Cuando este frente pasó por Argentina, se habló del frente frío más intenso de los últimos 54 años. No fue un frente frío cualquiera», dijo a BBC Brasil el meteorólogo Marcelo Seluchi, del Centro Nacional de Monitoramento y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden). «Esta baja presión también provocó un aumento del viento procedente del mar. Entonces, este evento arrastró humedad y elevó el nivel del mar. Al subir el nivel del mar, hubo mucha más dificultad para drenar el agua de lluvia».

Lo que describe Seluchi llevó a imágenes dantescas, con el agua arrasando poblaciones y el mar entrando en terrenos habitualmente vedados. La mayoría de los muertos afectaron a las capas sociales más bajas, y hay una explicación para ello: la feroz especulación inmobiliaria que arrasa con las codiciadas áreas de la costa.

LA ESPECULACIÓN INMOBILIARIA ACENTÚA EL DESASTRE

La Serra do Mar, una cadena montañosa que colapsó en algunos tramos, cuenta con laderas muy elevadas, con poca tierra sobre las rocas y funciona como un muro ante las nubes. La combinación de los tres factores lleva a lluvias frecuentes que generan inundaciones con cierta frecuencia.

Y hace ya casi medio siglo que en la zona costera se ocupan terrenos, se construyen casas y edificios para las clases medias, medias altas y altas que ansían vivir junto a la playa. Esas viviendas, en muchos casos, no cuentan con títulos de propiedad legales, pero la ocupación de hecho de los terrenos lleva a que las personas de menos recursos se desplacen a vivir en las laderas de los morros circundantes. Cuando el agua ataca, son ellos los más desprotegidos.

No hay tampoco un sistema de sirenas en el área para alertar del peligro, al estilo de lo que sucede en áreas de tsunamis. Tarcisio De Freitas, gobernador de Sao Paulo, prometió subsanar ese problema. «Tenemos que crear un sistema de alerta local y adiestrar a la población», añadió el ministro de Integración, Walder Góes.

En Chile, el presidente Gabriel Boric declaró el estado de emergencia en varias regiones del país. Carolina Tohá, la ministra del Interior, dio una idea de la magnitud de la tragedia: «En solo cinco días se ha quemado lo que se suele quemar en dos años».

«En los últimos años, nuestro país ha vivido los embates propios del cambio climático. Nos estamos volviendo uno de los territorios del mundo más vulnerables a incendios», advirtió Boric.

«El cambio climático ha avanzado más rápido de los esperado en esos años», señaló al sitio Mongabay, Alejandro Miranda, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2).

«Las plantaciones forestales extensivas generan paisajes homogéneos, con alta carga de combustible y con especies como el pino y el eucalipto que, en su desarrollo evolutivo, se han adaptado al fuego permitiéndoles incluso regenerarse rápidamente luego de un incendio. Por lo tanto, la continuidad de estos cultivos contribuye al desarrollo de incendios de gran magnitud ya que a su vez se encuentran mayormente en zonas expuestas a sequías y olas de calor», añadió.

España aportó su ayuda a Chile con el despliegue de la Unidad Militar de Emergencias (UME): esto incluye seis asesores de su cuartel general, 38 militares del Batallón De Intervención de Emergencias y seis pilotos de drones.

«Esto es una inyección de solidaridad que agradecemos mucho», dijo la ministra Tohá, que como ministra del Interior es, en los hechos, la número dos del gobierno de Chile, que no contempla el puesto de vicepresidente en su organigrama institucional. Chile está «lejos en kilómetros, pero cercano en el corazón» de España, destacó la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Fuente:https://www.elmundo.es/internacional/2023/02/28/63fcab52e4d4d887138b457b.html

 

 

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