San Rafael, Mendoza domingo 27 de noviembre de 2022

Los “castrati” – Por:.Beatriz Genchi

Eran cantantes a los que se castraba de niños para que conservaran su voz blanca fueron tremendamente populares en el siglo XVIII, especialmente en Italia.

Una cosa más de la que la Humanidad debe avergonzarse, está la existencia de los ‘castrati’, cantantes a los que se mutilaba (destrucción o ablación del tejido testicular) antes de la pubertad para evitar el cambio de la voz y que proliferaron, especialmente, durante el siglo XVIII, aunque ya aparecían durante el XVII y su presencia, cada vez más infrecuente, llegó hasta finales del XIX. Una absurda prohibición eclesiástica impedía a las mujeres cantar en las iglesias y dio lugar a tan bárbara práctica, aunque, en realidad, el veto a las voces femeninas en los templos tan sólo se observó rigurosamente en Roma.

Se decía que estos jóvenes, tenían una gran potencia vocal, un registro muy amplio, que comprendía desde la tesitura de contralto hasta la de soprano, pasando por la de ‘mezzo’, y una capacidad extraordinaria para acometer los más difíciles pasajes ‘de bravura’, llenos de trinos y ‘coloraturas’.

La unificación italiana en 1861, trajo poco después la prohibición de la castración con fines musicales. El Papa León XIII lo determinó en 1878; sin embargo, permitió que en algunos lugares, entre ellos la Capilla Sixtina, permanecieran los ya existentes. El 22 de noviembre de 1903, el Papa Pío X selló el fin de los “castrati”, que ya solo permanecían en coros eclesiales.

En 1898, en el coro de la Capilla Sixtina quedaban seis cantantes de esta naturaleza. Uno de ellos era Alessandro Moreschi, primer soprano y conocido como el último “castrati”, y el único que ha dejado testimonio sonoro. Alessandro Moreschi nació en Monte Compatri en la provincia de Roma, entonces perteneciente a los Estados Pontificios, el 11 de noviembre de 1858. Pertenecía a una familia pobre, y él era el último de seis hermanos. Hay varias teorías de por qué se produjo su castración. Una de ellas dice que Moreschi nació con una hernia inguinal que, según las creencias de la época, se remediaba con la castración.

Otra de las teorías, probablemente más creíble, es que la operación se produjera en 1865, en la época en que Moreschi era solista en el Santuario de Madonna del Castagno, en Monte Comprati; no eran pocas las familias que accedían a esta práctica para sus hijos, pensando en su porvenir.

Poco después, esa localidad se libraba de una epidemia de cólera que padeció Italia; sus vecinos lo achacaron a la voz milagrosa del niño Alessandro. Tras este suceso, y al parecer descubierto por Nazareno Rosati, excantante del Coro de la Capilla Sistina, Moreschi fue enviado a estudiar canto a Roma con Gaetano Capocci, que lo propuso para formar parte de esta célebre agrupación. Allí entró en 1873; como ya se había prohibido la castración infantil con fines musicales, el joven alegó que la suya se había producido antes de esa fecha.

Pronto se convirtió en primer soprano del Coro Sixtina. Su director de entonces Doménico Mustafá, se percató de la tesitura del joven, el único en el conjunto capaz de alcanzar las notas más altas del Miserere de Allegri, una de las piezas emblemáticas del repertorio de Semana Santa.

En el Coro de la Capilla Sistina desempeñó varias funciones, además de sus tareas de cantante, e incluso lo dirigió antes de retirarse, en 1913, con cincuenta y cinco años. Era una estrella, y según algunos testimonios era caprichoso y presumido. L. Devoti contaba en su biografía que le gustaba salir de los conciertos, envuelto en una larga bufanda blanca para recibir las felicitaciones del público.

De su fama da fe el hecho de que el 9 de agosto de 1900, a petición expresa de la Familia Real italiana , cantara en el funeral del asesinado Rey Umberto I ; un hecho más insólito aún si se tiene en cuenta que el Vaticano no tenía todavía contacto formal con el Estado italiano.

Tras su retiro, Alessandro Moreschi murió en soledad, a consecuencia de una neumonía, el 21 de abril de 1922; cuando tenía 63 años. Su voz es la única de “castrato” de la que ha quedado testimonio. En 1902 y 1904, en el Vaticano, hizo sus grabaciones, acompañado por varios de los miembros del Coro Sixtino. Dejó, en total, diecisiete pistas, que pueden escucharse hoy en día ya que han sido llevadas al CD.

Según algunos expertos, no reflejan la calidad que debió tener como cantante, si, deben verse como un documento excepcional dado su condición.

Gentileza:

Beatriz Genchi

Museóloga – Gestora cultural.

bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut.

 

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