San Rafael, Mendoza sábado 01 de octubre de 2022

Y casi nos extinguimos – Por:. Beatriz Genchi

Ocurrió hace 73.000 años. En un punto concreto al norte de la isla de Sumatra el suelo comenzó a calentarse y a temblar. Al instante se produjo el mayor estallido del que se tiene constancia en los últimos dos millones de años. Una erupción volcánica de fuerza 8 del tipo conocido geológicamente como “Mega Colosal”.

Las consecuencias para el planeta fueron devastadoras.

Cuentan que el volcán de Toba lanzó 2.800 kms cúbicos de ceniza y ácido sulfúrico hasta una altura de 40 kms. Esta ceniza permaneció esparcida por la atmósfera tapando al sol durante meses antes de posarse lo cual provocó un “invierno volcánico” de seis años y constantes lluvias ácidas por todos los continentes.

Prácticamente todos los seres vivos padecieron de algún modo las consecuencias de esta catástrofe. A Homo sapiens le sorprendió en plena excursión desde África. Para algunos autores, la erupción creó un “cuello de botella” con nuestra especie que casi nos lleva a la extinción. Argumentan que, según el reloj molecular, quedaron tan sólo entre 1.000 y 10.000 parejas de nuestra especie capaces de procrear.

Sin embargo, las evidencias arqueológicas nos hablan constantemente de pequeñas comunidades humanas que consiguieron sobrevivir al desastre ecológico y a la escasez generalizada de alimentos que ocasionó el volcán de Toba.

En 2009 se descubrieron herramientas líticas en un yacimiento del sur de la India sepultadas en estratos que coinciden con fechas inmediatamente posteriores a la erupción.

Recientemente un equipo de arqueólogos de la Universidad de Arizona ha encontrado en Pinnacle Ponit, una localidad sudafricana, restos de asentamientos humanos atravesados por una capa de ceniza cuya composición química coincide con la del volcán de Toba. Según afirman, la dinámica del asentamiento no se perturbó por la erupción, ya que aquellos grupos humanos se alimentaban básicamente de moluscos y mariscos. Según la hipótesis de Curtis Marean, el océano siguió abasteciendo de alimento a estas comunidades y por ello se vieron menos afectadas que quienes dependían exclusivamente de la flora y fauna terrestre para sobrevivir.

Sea como fuere, conseguimos salir adelante después de la mayor catástrofe climática de los últimos dos millones de años. Y aquí seguimos. Esto y así, nos lo cuenta la página de divulgación científica de “Arqueólogos educando”.

Sin duda un importante hallazgo que confirma lo ocurrido, la fuerza de sobrevivir es más fuerte que la tragedia. ¡Y aquí seguimos!

Esto creo que demuestra que la civilización depende pura y exclusivamente de la tierra, y no solo de los alimentos y recursos que nos brinda, sino también de su volatilidad de su fuego interno.

Ojalá dentro de 73.000 años alguien escriba parecido repitiendo:

Y aquí seguimos … o mejor no?

Gentileza:

Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora cultural.
bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut.

 

 

 

 

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