San Rafael, Mendoza viernes 09 de diciembre de 2022

El Jayú – Por:. Lic. Lucio Ravagnani Navarrete

1 Orígenes

 Al regresar de sus expediciones por Centroamérica, el antropólogo y arqueólogo Darío Amadeus Rito trajo consigo un cuaderno de viaje. Sus páginas narraban travesías por las selvas del Ecuador, buceo en los claros mares del Caribe y vertigionosos ascensos por las cadenas montañosas al Oeste del continente. La mayor parte de la información solo tenía importancia académica e incluso una gran parte de esta sería descartada y pasaría al olvido. Sin embargo, algunas hojas de aquel deteriorado diario fueron separadas y confiscadas por el departamento de Criptozoología de la Universidad de Miskatonic para su estudio y preservación. En favor de lograr esto último, gran parte del material fue digitalizado y guardado en servidores seguros. Lo que sigue son fragmentos que algunas personas han ido filtrando en foros, blogs y grupos privados de mensajería instantánea. Se recomienda discreción.

El Jayú -o Jah-ah’shu en idioma nativo- es una entidad intraplanaria que habita nuestro mundo desde tiempos inmmemoriables. El registro más antigüo que se tiene del Jayú es del siglo XII, recogido del diario de un fraile que acompañaba a una columna de caballeros cruzados en su camino a Tell es-Safi. Del documento, apenas legible, se transcribió el siguiente fragmento:

…a medio camino y con los pies descarnados de tanto andar, armamos el campamento en un pequeño oasis de este infinito desierto. Luego del tiempo de oración y de agradecer a Dios, nuestro Señor, los caballeros se repartieron sus labores y guardias. (…) la luna brillaba intensamente en el cielo, así tanto como si intentara imitar las diáfanas alas de San Miguel. En un desvelo (…) escuché que alguien intentaba calmar a los caballos. Algo los había perturbado. Gran parte de los caballeros se paseaban intranquilos, como si sus corazones se encontraran alejados de la gracias de Dios. (…) ver una especie de animal extraño sobre una de las dunas. Su figura envuelta en sombras dificultaba apreciar sus rasgos verdaderos, pero irradiaba una vileza tal como la de los enviados del mismísimo Príncipe de las Tinieblas. Tenía largas extremidades y se movía ora en cuatro patas ora en dos como un ser humano. Ninguna luz lo tocaba y nada habló con hombres o animales, pero aun así nos llegaba su mensaje pérfido. Las penas fueron demasiado grandes como para poder dormir esa noche.

 Investigaciones posteriores permitieron conocer más características de la criatura. El segundo registro de gran valor fue hayado en la bitácora de viaje de un soldado español durante la conquista de América. Aunque el material original fue confiscado y destinado a paradero desconocido, algunos apartados trascendieron la censura de la Santa Inquisición y los embates del tiempo. Con motivo de evitar una fuga del contenido de dicho material, se limitará a parafrasear y transcribir el contenido general del documento haciendo uso del castellano actual.

Hace ya tres semanas que Cortéz escapó hacia Veracruz desde la ciudad imperial de Tenochtitlán. Esa noche mi grupo se atiborró de oro y decidió enfrentar un destino diferente. Nos escabullimos hasta las ruinas de uno de los templos saqueados y, una vez allí, nos dirigimos hacia las cámaras inferiores. El pasaje había sido descubierto hacía poco por el vallestero más joven, pero decidimos no comunicarlo. Huímos hacia la profundidad de la selva. Cualquier cosa era mejor que aquella carrera de muerte en busca de volver a los barcos. De todos los que partimos, solamente quedamos cinco. La mayoría fueron alcanzados por los nativos y arrastrados hacia las pirámides de sacrificio. Otros tantos perecieron a causa de las alimañas salvajes que habitan estos infiernos verdes. (Fragmento perdido)

Esta noche se lo puede sentir más cerca. El aire está viciado y huele a podrido. Al principio creíamos que podía ser el hedor de la matanza de los días anteriores, pero eso es imposible. La lluvia ya ha arrastrado los cadáveres, las víceras y la sangre hacia el mar. El resto de los hombres están seguros de que se trata del Jayú.

Nadie duerme en el campamento. Quienes lo intentan solo obtienen cruentas pesadillas. Entonces se despiertan bañados en un sudor frío y jadeando como si los hubieran colgado del cuello. Ahí es cuando aquel olor a carne podrída, a muerte, se hace más fuerte.

Nos está cazando. Nadie duerme en el campamento.

 

Finalmente, el avistamiento más reciente de la entidad quedó registrado en el diario de Darío A. Rito. Su transcripción carece de importancia lingüística o filológica, por lo que se limitará a presentar solo los nuevos detalles. Su escritura habla de una sombra que aparece y deaparece detrás de los árboles y pastos altos. Por momentos parece ir a la par de la expedición, como si se tratase de un integrante más. En otras ocaciones el aire se carga de olor a podrido y el avance entre la naturaleza se hace cada vez más difícil. Al final del registro hay una breve descripción y un boceto que sigue siendo, en este preciso instante, analizado por el departamento de Paleografía y Heráldica. Según rito, se trata de un ser humanoide con extremidades alargadas. A veces se lo describe como una persona asexuada que camina encorbada a causa de su descomunal altura. Otras, como un esqueleto recubierto de una fina piel verdosa y con una sonrísa grabada a fuego en el rostro.

  1. Características

El Jayú es un ser interplanario que viaja por las diferentes dimensiones con el solo propósito de alimentarse. Su apariencia física resulta particularmente aterradora, pudiendo llevar a quien lo ve detenidamente hacia la más irreversible locura. Aunque anteriormente se creía que solamente recorría las zonas boscosas o desérticas de los continentes de Europa y Asia de nuestra Tierra, hoy se sabe que es posible encontrar al Jayú en cualquier rincón de este mundo (así como de otros).

Antes de poder verlo, es posible reconocer su presencia gracias al olor pestilente que emana. Su llegada tiene como carta de presentación un fuerte tufo a carne podrida, agua estancada o huevos echados a perder. Si alguno de estos olores nos llega de repente, es posible que haya un Jayú cerca o que alguno haya cruzado a nuestro plano pocos días atrás. En cuanto a su apariencia física, los últimos registros aseguran de que se trata de una criatura con rasgos humanos, aunque deformados. Posee cuatro extremidades, equivalentes a dos piernas y dos brazos, estos últimos generalmente arrastrados ya que miden casi tanto como la criatura en sí. Su rostro permanece casi en su totalidad sumido en una sombra fuera de esta realidad, a excepción de su contorno y su mandíbula repleta de afilados dientes. Otros datos sobre sus características físicas han sido difíciles de recolectar gracias al irreversible efecto que el Jayú tiene sobre quienes lo observan por un tiempo prolongado.

Su dieta es de lo más curioso. Se cree firmemente que el Jayú se alimenta de los sentimientos de angustia, dolor, pena y del vacío y depresión que sienten los seres humanos. Esto explicaría la canalización de su olor tan nauseabundo cuando deambula por nuestro plano. Aunque prefiere acechar y acorralar a sus presas cuando estas están solas, no es poco común que el Jayú persiga pequeños grupos para alimentarse de la desesperación compartida y enardecida por la desconfianza generada entre sus integrantes. Cuando la criatura ha terminado de saborear lo más oscuro del espíritu, este se arroja con ferocidad sobre su víctima y termina por saciarse con su carne.

  1. Rituales

 

Quienes se vean avizorados por un Jayú deben recurrir a las siguientes prácticas. Es imperioso que se suprima cualquier sentimiento de culpa, soledad, malestar espiritual o pena del alma. Para esto se debe canalizar toda la energía en una meditación profunda que nos comunique con lo que los expertos llaman nuestro “sitio seguro”. Puede ser una playa en verano, el calor del hogar o la compañía de amigos o familia. Cualquiera de estos escenarios servirá para intentar que el Jayú pierda nuestro rastro.

Si la bestia ha captado nuestro rastro y resulta imposible librarse de ella, se deberá contar con dos piedras fundamentales para el ejercicio ritualístico: una amatista y una obsidiana. Teniendo las piedras en nuestras manos, se debe llevar a cabo la siguiente fórmula:

  1. Con una piedra en cada mano, trazar grandes círculos en el aire frente a nosotros con los brazos completamente extendidos.
  2. Una vez hecho esto cinco veces, se debe murmurar el siguiente mantra: Agh’ra karak uhr zu-la mai mara zurú zará kurapacac. Para que el ritual funcione, es de suma importancia que las palabras se digan a la perfección y en un tono que apenas alcance un susurro.
  • Cumplidos los pasos anteriores, se debe depositar la obsidiana en la tierra y trazar un círculo alrededor nuestro con la amatista. El aro servirá de cúpula de protección, mientras que la obsidiana repelerá cualquier intento de atravesar nuestro espacio con energía extraplanetaria.

Si los pasos anteriores son realizados con éxito, el Jayú se verá forzado a escapar de nuestro plano o emprenderá la huida en busca de otra fuente de alimento. No obstante, si alguno de los pasos anteriores falla o no se lleva a cabo debidamente, es una certeza que la persona terminará siendo devorada o despojada completamente de su cordura para toda la eternidad. Se recomienda, a su vez, evitar los grandes grupos de personas que constantemente promulguen críticas, difamaciones, malintenciones y demás bajezas. Este tipo de actividad funciona como un faro para el Jayú y lo más probable es que dicho grupo se convierta en su coto de caza.

La Universidad de Miskatonic junto con ARCA y demás instituciones académicas a nivel mundial están continuamente trabajando para dilucidar cada vez más los misterios de nuestro universo. En caso de contacto con esta u otro tipo de entidad, no dude en comunicarlo.

In tenebris mendacium sapientia.

Gentileza: 

AUTOR: Lic. Lucio Ravagnani Navarrete

EMAIL: ravagnani.lucio@gmail.com

INSTA: /tabacoytinta

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